GREGORIO VIERA
Este dicho denota la lentitud con la que la burocracia procesa sus tareas. Se usa frecuentemente en sentido figurado para justificar el retraso de algo. Hace unos días, escuchaba una tertulia radiofónica en el ámbito local, donde se cuestionaba los procedimientos de contratación pública y, se acusaba al gobierno de turno por la lentitud en la adjudicación y firma del contrato correspondiente, criminalizando al órgano de contratación, por la lentitud para poner el marcha las obras que allí se cuestionaban.
No se trata de hacer una defensa de ninguna administración en el ejercicio de su competencia y obligación por cierto, pero lo que no es de recibo, que algunos o algunas que se explayan en la defensa del interés general, aprovechen un medio para crear incertidumbre, desconfianza, porque con sus aseveraciones, demuestran que desconocen los plazos que la Ley de Contratos del Sector Público determinan para cada procedimiento de contratación. En esa tertulia donde quien abundaba eran personas que en estos momentos están en la oposición y alguno pretendiente a entrar en el salón de plenos, se columpiaban entre la necesidad, la licitación, la adjudicación, la contratación y la entrega del bien, la obra o el servicio adjudicado.
Creo, que flaco favor le hacemos a la ciudadanía cuando le confundimos, con los procedimientos y máxime cuando algunos de los contratos les afecta directamente. En los debates, he participado en muchos de ellos, solemos estirar el argumentario para situarnos a favor o en contra en función del papel que en ese momento tenemos, gobierno u oposición. No me gusta jugar con las medias verdades porque no dejan de ser mentiras. Y deberíamos explicar mejor que ocurre, pues tratamos a la población como si fuese infantil, como si no entendiese lo que sucede, probablemente una explicación simple aclara muchos de los contratos que día a día se firman en cualquier administración pública.
Tal fácil como explicarles que tipos de procesos hay y los plazos que la ley determina, por ejemplo en un procedimiento abierto normal, se puede tardar aproximadamente unos 8 meses desde que se presenta la necesidad, se adjudica y firma del contrato. Quienes nos dedicamos a lo publico y que en el ámbito de nuestra responsabilidades está la contratación, nos deja con muy mal sabor de boca, pues se cuestiona algunas acciones que mas tienen que ver con ponerse medallas que con el desarrollo contractual. Ciertamente se puede cuestionar la necesidad, la oportunidad, el proceso que se pretende llevar a cabo, pero cuando tenemos plataformas de contratación pública, donde la transparencia es condición indispensable según la normativa y en aplicación de las directivas europeas me parece de poca altura cuestionar lo reglado y no las formas o el fondo.
Criticar por criticar solo pone al descubierto las inseguridades de quien critica, porque en ocasiones comprobamos que al criticar o juzgar a los demás, sólo estamos reflejando nuestros propios defectos, no digo que siempre sea así, pero en un país que tenemos como deporte base, la crítica y no precisamente constructiva, nos exponemos a equivocarnos con las consecuencias que eso puede significar para nuestra propia definición como personas. No me sirve que en aras de la libre expresión se fomente la crítica sin razón, la crítica negativa de lo que nos rodea y en política somos algo dado a eso.
En teoría, desde los tiempos del pensador británico Locke, la crítica ha ocupado un lugar central para el desarrollo de las democracias. Los cambios y transformaciones que han cedido su lugar al debate parlamentario, han debido recorrer un largo camino histórico, como nos los recuerda el genio de Tocqueville, o los manuscritos de Marx. Antes que la imposición de la fuerza violenta, lograr una mayor fuerza de los argumentos ha sido una de las conquistas de la vida republicana. Sea en Inglaterra o Francia, ayer, o Colombia, hoy, los debates librados institucionalmente siempre han dado una mayor garantía para la libertad y la vida de los ciudadanos, pero esos debates no hay que confundirlos con la espesa crítica que se hace cuando no nos acompañan los argumentos.
Puede ser que las cosas de palacio vayan despacio, pero no es argumento por si solo, para criticar.
Con la pluma del Faycán.
Gregorio Viera Vega, activista social, exconcejal del Ayuntamiento de Telde y miembro de la ejecutiva regional del PSOE.


























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.206