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Gregorio Viera (Foto TA) Gregorio Viera (Foto TA)

Pobre

TA ofrece una nueva reflexión del activista social y exconcejal socialista Gregorio Viera

direojed Sábado, 02 de Noviembre de 2019 Tiempo de lectura:

GREGORIO VIERA

El primer punto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de los 17 que ha implementado la ONU, es la Pobreza y forman parte del plan maestro para conseguir un futuro sostenible para todos.

 

Se interrelacionan entre sí e incorporan los desafíos globales a los que nos enfrentamos día a día, como la pobreza, la desigualdad, el clima, la degradación ambiental, la prosperidad, a paz y la justicia. Para no dejar a nadie atrás, es importante que logremos cumplir cada uno de estos objetivos al 2030. Se define la pobreza como “la situación o condición socioeconómica de la población que no puede acceder o carece de los recursos para satisfacer las necesidades físicas y psicológicas básicas que permiten un adecuado nivel y calidad de vida tales como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria, el agua potable o la electricidad”.

 

Hoy día hablamos de la pobreza energética, la pobreza alimentaria, la pobreza habitacional, la pobreza social, educativa, asistencial y dejamos a un lado al individuo, a la persona, pobre. La Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales considera urgente la aprobación de una Ley Estatal de garantía de rentas mínimos ante las desigualdades existentes entre comunidades autónomas. La Asociación nos ha recordado que al menos el 8% de la población bajo el umbral de la pobreza en España se beneficia de las Rentas mínimas de inserción (RMI), que ofrecen las comunidades autónomas, consideran necesario superar las extremas diferencias que existen en cobertura y cuantía en los diferentes territorios.

 

En esta pobreza generalizada, obviamos en muchos casos la miseria, la indigencia, las personas excluidas, por si mismas o por el propio sistema, las personas no adaptadas decimos, las invisibles, las que nos molestan cuando vamos por calle y se nos acercan para pedirnos algo, no les escuchamos, nuestros propios prejuicios y como no los juicios de valor, nos impiden ser más empatados para entender su situación. Creamos clases de pobres.

 

No hace mucho éramos en su mayoría pobres, hasta que la clase media empezó a construirse con una mejor vida y acceso a servicios, nos subimos al carro de mejores trabajos, mayores cualificaciones y por consiguiente aumento del poder adquisitivo, mejores vidas para nuestros hijos e hijas. Ahí empezamos a distinguirnos, ya no éramos tan pobres, cambiamos el chip y nos convertimos de la noche a la mañana en seres que veíamos la pobreza fuera y no dentro; aprendimos muy rápido a verla a nuestro alrededor sin que eso nos quitara el sueño.

 

Asumimos los estereotipos de pobreza que nos vendía. Repartimos carnet de pobreza y hablamos de ella cuando en realidad no nos paramos a reflexionar que la pobreza, aunque se diga que es relativa por las desigualdades, deberíamos analizarla como pobreza absoluta al no cubrirse socialmente las necesidades básicas del individuo. Rehuimos de quienes sin tener nada, absolutamente nada, solo su dignidad, se nos acerca para pedirnos algo porque consideramos que su situación es de miseria y no de pobreza, este doble lenguaje, esta doble visión social de un hecho contrastable y medible pone en evidencia la hipocresía de los seres humanos.

 

En muchos debates en los cuales la pobreza se convierte en el tema estrella, bien por los informes técnicos que especialistas en la material denuncian o bien por trabajos periodísticos que sacan a relucir la pobreza, por ejemplo recientemente en Canarias, donde un 36% de la población está en riesgo de pobreza y exclusión social, seguimos alimentando las distintas aristas que tiene la pobreza, para medirla de forma distinta, con unas nos comprometemos y con otras, por miedo, desinformación o falta de valor para afrontarla la rechazamos.

 

Cuando decimos que las administraciones públicas están para velar por la estabilidad social, económica y de bienestar social, nos referimos para todas las personas y aquí, los pobres, no tenemos rango o medida. Socialmente se ha ido cambiando para ser políticamente correctos, pero ya no hablamos de pobres, los de solemnidad, los que no tienen nada, ni nadie que les brinde un poco de luz en sus vida, de sus derechos como cualquier otra persona, porque ya no es pobreza, es miseria.

 

Con pluma del Faycán.

 

Gregorio Viera Vega es activista social, miembro de la Ejecutiva regional del PSC y exconcejal de Telde.

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