GREGORIO VIERA
Dícese de la conclusión como “la última parte de un argumento, un estudio o una disertación. En ella, se espera que las premisas y el desarrollo del pensamiento conduzcan a establecer algo como cierto, como válido o como posible, siempre en conformidad con lo explorado y establecido previamente”.
Analizando los últimos acontecimientos en Cataluña, las manifestaciones por distintas ciudades españolas sobre la sentencia del procés, las manifestaciones de los pensionistas para exigir que se blinden las pensiones en la Constitución y su revalorización conforme al IPC. El drama de la pobreza y que en Canarias, según los últimos informes, pasaron hambre mas de 100.000 personas, como afecta la exclusión social al 29% de la población de nuestra tierra y sin embargo, nos fijamos en la última parte, en el titular, en la conclusión, ya no importa el argumento, el inicio se pierde, no exploramos.
Todos los días recibimos conclusiones, de actos de los cuales apenas conocemos, de situaciones que se nos plantean sin conocer todos los entresijos de la misma, de problemas que afectan a terceros, pero que siendo iguales a los nuestros, no se miden igual porque los nuestros, aún no se han aireado, en política pasa algo similar, no íbamos a ser distintos o distintas al común de los mortales, esos y esas que nos votan para que les representemos y que luego, olvidamos hasta las siguientes elecciones.
Hay personajes públicos camaleónicos, que han estado toda su vida viviendo del erario público, sin saber hacer otra cosa, que han fracasado una y otra vez, pero que a la sombra y un puñado de votos, se han perpetuado como imprescindibles en cualquier fregado, sobre todo si ese fregado, le aporta un puesto bien remunerado. Uno de estos sujetos, amparado en altas instancias gubernativas ha esbozado una conclusión sobre un acontecimiento, del cual no debiera conocer a priori, y mas pronto que tarde saldrá a la luz pública y que pondrá sobre la mesa, una forma de proceder que habría que erradicar de la política.
Superado ciertos estigmas sociales, donde colectivos de diversa índole hemos armado argumentarios partidarios, contextualizado sus programas electorales, hemos dado la cara por un proyecto político en el cual creemos, que hemos sido honestos, si honestos, tanto en su forma como en su fondo, no permitiendo la segregación, la desigualdad, la arrogancia, la prepotencia y menos aún la soberbia que revuela constantemente en muchos personajillos públicos, que van a la conclusión, a su interesada conclusión sin un análisis de los hechos, sin un atisbo de empatía, sin un mínimo conocimiento de lo sucedido. Herramos en muchas ocasiones por no disponer de los todos los elementos necesarios para hacer nuestra propia conclusión, pero no es el caso, están a su disposición, lo sabe y aún así, se atreve a exponer una grave conclusión.
Estas reflexiones no están pensadas para exponer situaciones personales, sino situaciones que en general nos afecta al común de los mortales, pero no puedo obviar que muchas de ellas nos afectan a todas y a todos, porque en definitiva los programas que consumimos diariamente, nos lleva a conclusiones, porque se presupone que han analizado los argumentos, los hechos, etc., pero que luego comprobamos que no son programas de investigación, que nos dejamos llevar por lo que piensan, lo que dicen que dijeron, lo que creyeron que vieron y al final la conclusión viciada y por tanto, no se ajustan a la realidad.
Las conclusiones nos gusta porque nos salva del relato, del que sea, porque nos dice cual es el resultado final de los hechos. Eso podemos verlo en las sentencias, donde el relato, las acciones, las reacciones, la descripción temporalizada de los acontecimientos, la denuncia y sobre todo la exposición oral de los hechos llegan a punto donde queda visto para sentencia, la conclusión al juicio es la probatoria de los hechos que se denuncian o bien la inadmisión de los mismos, por tanto la conclusión varia y la sentencia también. Creo que nos estamos acostumbrando a lo más cómodo, conocer la conclusión sin conocer el relato, eso habría que cambiarlo, hacerlo implica independencia, capacidad de juicio y sobre todo honestidad, las conclusiones pueden ser certeras, asumibles, cuando el relato se ajusta a los hechos, si no fuese así, sería una indignidad.
Con la pluma del Faycán.
Gregorio Viera Vega, activista social, exconcejal del Ayuntamiento de Telde y miembro de la ejecutiva regional del PSOE.

























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