GREGORIO VIERA
En este caso no voy a referirme a la persona que tiene una tendencia patológica o enfermiza a provocar incendios. Me refiero a los otros incendios que la vida cotidiana nos pone en el camino, a esos que hace que nuestras oscuras pasiones, afloren convirtiéndonos en seres ofuscados, da la impresión, a veces, de que una buena parte de la vida política está en manos de incapaces, de visionarios, de oportunistas o de seres obcecados cuya conexión con la realidad es nula. Los acontecimientos en Cataluña demuestra que esa incapacidad manifiesta de los políticos, les ha conducido a un callejón sin salida, a una cosa y su contraría, al palo y la zanahoria.
Por un lado se arenga a las masas, por el otro, se les conmina a asaltar las calles sin violencia. Algunos políticos para esconder su incapacidad se escuda en su pueblo, no solo en Cataluña, hay mucho pirómano suelto, de sus bravuconadas y su fanfarronería, esta la historia llena. Asumo de entrada que los pueblos tienen que ser libres y soberanos para determinar su futuro, en una decisión donde se respete la libertad de todos los hombres y mujeres que componen su territorio, respetando las reglas del juego que nos hemos dado, sin imposiciones, sin permitir que los pirómanos que enaltecen la violencia sigan acampando a sus anchas. Esta situación política, que se ha transformado en un estallido social, dice mucho de quienes han estado escondidos hasta que se dinamitaron los puentes y que ahora, vienen a salvarnos, pretendiendo aplicar los supuestos extremos.
Son los mismos síntomas en las distintas situaciones humanas, llevamos un pirómano dentro que a la menor oportunidad, encendemos nuestros instintos, para enaltecer aquello en lo que creemos, da igual si tenemos razón o no, nuestra ofuscación, nuestro enojo o conmoción por situaciones a veces ciertas y en otras inciertas nos lleva a enfrentarnos a problemas externos cuando aún no hemos resuelto los internos. Hay situaciones que se crean ex profeso para hacernos mirar para otro lado, utilizan nuestro hartazgo, nuestra rabia, nuestro enfado para hacernos olvidar lo incapaces que son como dirigentes. Nos utilizan para acallar nuestras voces ante los verdaderos problemas de la ciudadanía, la mala gestión en dependencia, la sanidad, la educación, la seguridad, etc. Hay situaciones que me recuerdan a cuando ante problemas sonoros nos ponían toros y futbol, ahora se ha cambiado por la manipulación de nuestros sentimientos para esconder lo que no queremos que veamos.
El pirómano que llevamos dentro, aguarda agazapado, escondido en un mar de ideales, de situaciones inconexas a priori, que luego con el pretexto de protegernos de cualquier amenaza, sea cierta o no, utiliza su poder para someternos a sus intereses. Tienen una conducta irresponsable e incendiaria de las pasiones humanas, utilizando el odio y el engaño, como combustible. Se aprovechan desde su atalaya mediática para lanzar andanadas, fogonazos verbales que enervan nuestros ánimos, nuestras pasiones, sin importarles el grado de rabia o de contestación popular que salga de sus intervenciones. Esta gente oportunista, sedientos de protagonismo, sin ética ni principios malean a sus seguidores polarizando y encendiendo los ánimos.
Hay que buscar una solución política a lo que está ocurriendo, arrinconar a los pirómanos que de noche piden asaltar la calle y de día se suben a un escaño. Aquellos y aquellas que arengan a las masas sin inmutarse desde su pedestal, dejando solo a su pueblo, a su gente, a su ciudad, esperando que todo se consuma y pueda luego él, resurgir de sus propias cenizas. Las grandes mentiras contadas desde un lado y otro, han sido munición suficiente para se construya un relato creíble, mientras una parte de nuestro territorio arde, la otra parte es jaleada para que la intervengan, mientras una parte de nuestro territorio es enaltecida, la otra parte sufre, se desangra.
Encerremos en lo mas hondo de nuestro ser el pirómano que llevamos dentro y, dejemos que la luz, la sensatez, la coherencia, la concordia, la responsabilidad y sobre todo la lealtad entre territorios asomen en estos momentos de incertidumbre y zozobra.
Con la pluma del Faycán.
Gregorio Viera Vega es activista social, exconcejal en el Ayuntamiento de Telde y miembro de la ejecutiva regional del PSOE.


























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