GREGORIO VIERA
En estos días he podido escuchar a mucha gente decir, el hartazgo que les produce volver a la las urnas, más por la falta de acuerdo de quienes elegimos para representarnos que, por votar en si mismo. Votar es, aparte de un ejercicio del derecho político y constitucional para elegir a los cargos públicos, como una responsabilidad individual que no podemos obviar a pesar del enfado, del cansancio, que nos produce la falta de empatía para conformar una amplia mayoría que de estabilidad a un gobierno de progreso, tal y como fue el significado mayoritario de las urnas.
En todas las mesas de debate, avezados tertulianos ponen blanco sobre negro, todos los entresijos de las negociaciones o la falta de ella, que han imposibilitado la conformación de un gobierno después de cinco meses, con un acuerdo de mínimos que impidiese volver a votar. Particularmente estoy de acuerdo en participar en todas aquellas consultas que nos permita ser protagonistas de nuestra propia realidad, como hacen otros países de nuestro entorno que para cuestiones de importancia manifiesta para la ciudadanía hacen consulta a su población. La consulta popular es un mecanismo de participación ciudadana que sirve para ejercer el derecho constitucional para votar en torno a temas de trascendencia nacional de manera que su voluntad, vinculante conforme dicte la ley, pueda incidir en el debate y las decisiones que adoptan los órganos representativos del Estado.
Pero no nos ponemos de acuerdo, por un lado; en votar y por el otro la participación ciudadana, por un lado pareciera que está reñida la una con la otra, pues mientras nos enfadamos por volver a las urnas en un corto periodo de tiempo, por otro nos quejamos de la escasa participación ciudadana que la dirigencia política permite a sus ciudadanas y ciudadanos, ironía se diría, pero ambas son el reflejo del yoísmo al que ha llegado la política, incapaces para pactar, pero sin embargo sometiendo a la ciudadanía, a otra votación para que dirima entre los hiperliderazgos.
No es fácil entender esta situación, por ello el enfado, nadie quería que llegáramos a esta parálisis, pero nos han abocado a ella, a este juego que dice más de sus egos, que de sus acciones en beneficio ciudadano. A pesar de mi enfado, de mi frustración, de mi escasa capacidad para convencer a quienes deberían hacer posible que mi vida, nuestra vida fuera más fácil, de analizar la situación, los pro y los contras, voy a ir a votar, y lo hago con el convencimiento como demócrata, que es otra oportunidad de participar, de creer que con un voto, mas otro voto y así hasta donde queramos, logremos alcanzar una convivencia mejor, acallar aquellas voces que siempre se aprovechan de estos momentos para enturbiar la democracia, sobre todo para convencernos de no ir, porque dejando de ir a votar les facilitamos la tarea.
Todavía queda un mes para vernos nuevamente en las urnas, hagamos una fiesta de ello, vayamos a votar, con enfado, con rabia, con desilusión, pero ese hartazgo hay que traducirlo en participación, no permitamos que otros lo hagan por nosotros, porque al dejar de votar ponemos en sus manos, nuestras vidas, nuestros derechos, porque al dejar de hacerlo otros deciden que gobiernos tendremos, porque en función de ellos estarán nuestros derechos, porque sus ideales, sus filias y sus fobias se traducen en leyes, porque sus soflamas, sus conspiraciones y sus alegatos incendian nuestras vidas, porque sus imposiciones hacen posible las desigualdades, los desequilibrios.
El hartazgo se tiene que traducir en convicción, en templanza, en mesura, en equilibrio y desterrar para mucho tiempo, a quienes crispan a sabiendas que cuanto mayor es la barbaridad que pronuncian, mas eco tienen en los medios, porque se alimentan de la buena fe de la gente, porque saben que insuflando odio se moviliza a las vísceras y que tu voto, su voto alimenta la sinrazón, esa que hace que te enfrentes a los tuyos, a tu gente, a quienes como tu han luchado para sobrevivir, envenenando la razón. Ese hartazgo, ese enfado, esa frustración, debe servirnos para hacernos más fuerte y no permitir que nadie, nadie en tu nombre y tu voto, segregue más, nos divida más, nos enfrente más.
Con la pluma del Faycán.
Gregorio Viera Vega, activista social, exconcejal del Ayuntamiento de Telde y miembro de la Ejecutiva regional del PSOE.



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.148