GREGORIO VIERA
Hace unos días, tuve la oportunidad de escuchar a la ex vicepresidenta del gobierno de España y actualmente, presidenta de la Fundación Mujeres por África María Teresa Fernández de la Vega, que participó en la tercera reunión de trabajo del Parlamento de Canarias para la localización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en esta ocasión centrada en la igualdad de género.
La reunión, que se celebró en el Museo Castillo de Mata de Las Palmas de Gran Canaria, está enmarcada en el proyecto de la cámara autonómica para elaborar una Estrategia canaria de desarrollo sostenible, puesto en marcha por el Parlamento de Canarias desde la Conferencia de Asambleas Legislativas Regionales de Europa.
Pero no quería detenerme en este encuentro, por otro lado, de vital importancia para la perspectiva de género, por el marco en el cual se produce. Las palabras de Fernández de la Vega, que se definió como “una militante activa de la igualdad”, recordó que la igualdad “no solo es algo concreto que nos afecta en el día a día, sino que constituye un pilar fundamental del sistema democrático”. “Sin igualdad de género no hay democracia”, y se adentró, en el tipo de educación y valores que inculcamos a niños y niñas.
Obviamos que la pobreza, la exclusión, el trabajo precario, la brecha salarial, los cuidados, etc., tienen rostro de mujer y que si no somos capaces de avanzar en la igualdad y destruir los estereotipos fracasaremos como sociedad. Avanzar significa desarrollo y este no se puede producir si no es sostenible y que sus beneficios, favorezcan de manera igualitaria a mujeres y hombres, porque estamos convencidas de que los derechos de las mujeres, para ser efectivos, tienen que formar parte del conjunto de compromisos para proteger el planeta y a quienes vivimos en él y de eso saben mucho las mujeres.
Los valores que fueron traspasándose de generación en generación y que se impusieron en el siglo pasado, donde la mujer se convirtió para su familia, sobre todo para sus hijos e hijas en una heroína, ha dado paso, a que nuestras jóvenes griten por todos sus poros, que no llevan una heroína dentro, que no pueden ser utilizadas como moneda de cambio en las relaciones, las afectividades, el cuidado, en el desarrollo laboral, personal, que forman parte de la transformación social, que no pueden ser cuestionadas continuamente, cuando son las víctimas de un sistema patriarcal y machista que las condena, en vez de ampararlas. El caso de la sentencia a La Manada es uno de los ejemplos más claros de desprotección a la víctima, criminalizándola en el hecho en sí y en su relato.
Nuestras jóvenes se niegan a ser sumisas, a ser marginadas en un sistema que prima ser hombre, que a pesar de todas las instancias nacionales y supranacionales, que en sus enunciados declaran que la igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino que es la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Si se facilita la igualdad a las mujeres y niñas en el acceso a la educación, a la atención médica, a un trabajo decente, y una representación en los procesos de adopción de decisiones políticas y económicas, se estarán impulsando las economías sostenibles y las sociedades y la humanidad en su conjunto se beneficiarán al mismo tiempo.
La desigualdad entre los géneros persiste en todo el mundo, privando a mujeres y niñas de derechos y oportunidades fundamentales. No se trata de ser madres, hijas, hermanas, esposas, cuidadoras, educadoras, todo eso a la vez y que asumimos, como heroínas en lo cotidiano, pero que ahora, no quieren ser heroínas, quieren ser iguales y ese empoderamiento de las mujeres y niñas requiere esfuerzos más enérgicos, incluso en los marcos jurídicos, para combatir la discriminación profundamente enraizada, que a menudo es consecuencia de actitudes patriarcales y de las normas sociales que estas conllevan, donde la brecha de género, ha dinamitado el crecimiento igualitario, la lucha contra la exclusión y el empobrecimiento, nuestras jóvenes no llevan una heroína dentro, llevan el peso de la desigualdad e intolerancia…
Con la pluma del Faycán.
Gregorio Viera Vega es concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.




























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