LUIS SOCORRO
Despejado el horizonte del PSOE canario con la elección de Ángel Víctor Torres, pertrechado por una ejecutiva que aporta equilibrio a los poderes insulares de nuestro asirocado archipiélago, ahora toca el turno de definir el escenario en Gran Canaria.
Dos candidatos, dos buenos candidatos, optan por el liderazgo isleño. Uno, Chano Franquis, es la veteranía. Otro, Alejandro Ramos, es la juventud serena.
Fanquis conoce los vericuetos del partidos. Tiene el temple de la experiencia, la capacidad de cocinar a fuego lento cualquier atisbo de crisis, el olfato para adivinar problemas antes de que surjan y la sabiduría para encarar procesos electorales.
Ramos, en cambio, es una incógnita. No sabemos cómo conciliará las diversas sensibilidades del partido, ni tampoco que talante destilará cuando deba encarar los problemas que, más temprano que tarde, aparecerán en la convulsa singladura del Partido Socialista.
Pero esos interrogantes juegan a favor de Ramos, el hombre que logró doblar los votos de su partido en las últimas elecciones al ayuntamiento de Telde; el hombre que renunció a la primera tenencia de alcaldía y se fue al frío de la oposición porque era incompatible con el libro de estilo de la alcaldesa de Nueva Canarias. Y dimitió pesar de las presiones de los barones de su partido, inmersos en la luna de miel entre PSOE y NC. Ahí Ramos demostró personalidad y coherencia. Y aquellos interrogantes, como digo, juegan a su favor porque Chano, para lo bueno y para lo malo, es de sobra conocido en el partido.
Ambos candidatos tienen 35 años. Ramos de edad; y Franquis de profesional de la política. Uno, sólo sabe vivir de la política. El otro dejó su trabajo de abogado para intentar cambiar la vida de sus conciudadanos con la política. Uno es Telde, de la periferia, el otro de Las Palmas, de la capital. Uno, traicionó a Sánchez en la búsqueda de avales en el duelo con Susana; el otro no está contaminado.
Ambos son buenos candidatos, útiles para su partido honestamente lo creo. Pero Franquis es el pasado y Ramos, el futuro. Ahora, son los militantes los que tienen que elegir: el voto conservador de lo conocido o la valentía de apostar por la ilusión de cambio del desconocido hijo de un panadero.
Luis Socorro es periodista y ciudadano de Telde.

























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