LUIS SOCORRO
Bajo ningún supuesto hubiese tomado la medida de sacar a los profesionales de la PN y GC a las calles de Barcelona. Ni era necesario ni mucho menos inteligente. El referéndum es ilegal y en consecuencia carece de validez alguna.
Los que tenían que haber trabajado el 1-O eran los espías del CNI y el Gobierno dar una conferencia de prensa el 2-O para detallar todas las trampas de la votación, las irregularidades de los que presumen de democracia: los que han votado media docena de veces, las urnas que llegaban llenas de papeletas a los colegios electorales antes de que abrieran sus puertas, la ausencia de interventores neutrales, los pueblos en los que se contabilizaron el cuádruple de votos que el censo….
En fin, una serie de disparates como los que han propiciado que estemos ante un inquietante escenario político y social. Disparates promovidos desde Madrid y Barcelona. Y no podemos olvidar que la mecha se encendió 2010, cuando el TC desestimó una decena de artículos del Estatut.
Pero la policía salió a la calle el domingo. Cerrar colegios electorales y llevarse las urnas a porrazos estaba claro que propiciarían imágenes que han dado argumentos a los separatistas y han embadurnado de tinta roja la imagen del Gobierno de Rajoy. Pero que haya sido, desde mi óptica, un error político sacar a la poli del barco de Piolín no quiere decir que haya sido ilegal. Todo lo contrario: ha sido absolutamente legal la actuación de la policía. El Gobierno de Cataluña ha dado un golpe de Estado a la Constitución y el Gobierno optó por hacer cumplir la ley con medios policiales.
Es cierto que más un poli se pasó de frenada, pero las actuaciones policiales, legítimas, estuvieron precedidas de avisos verbales. Tampoco estoy de acuerdo con el Gobierno en calificar de “proporcionado” el trabajo de maderos y picoletos. Pero en sentido contrario, la magnitud del desafío de la Generalitat es del tal calibre que la actuación policial fue nimia; y la prueba es la tranquilidad que reinó en el 90% de los colegios, tanto que más de uno votaba en un sitio y después se largaba a votar en otro. Y si no en la calle como hemos visto. Desproporcionada si la fue la fuerza de los Mossos para desalojar a los indignados del 11-M de la Plaza Cataluña.
Más grave, infinitamente más grave que la actuación policial, son las maniobras cercanas al fascismo de algunos independentistas. Me refiero a la manipulación de los niños en los colegios, niños de ocho años que han llegado a sus casas diciendo: “Mamá, soy independentista”. El sectarismo que destilan los tres partidos del bloque soberanista jamás lo vi durante los cinco años que viví en Cataluña.
Somos demócratas, pues a respetar las leyes de nuestro sistema democrático. Son los independentistas los que no han respetado las reglas del juego democrático. Nos pueden gustar más o menos las leyes, podemos cambiarlas incluso, pero lo que no se puede es ignorarlas.
Luis Socorro es periodista y ciudadano de Telde.


























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