PABLO RODRÍGUEZ
Si grande es el dolor por el desastre medioambiental que ha sufrido la cumbre de Gran Canaria estos días tras el voraz incendio, más doloroso es aún que se haya cobrado una víctima a su paso. El viernes conocíamos este hecho, un duro golpe que nos ha dejado desolados.
Muchas de las imágenes de los últimos días quedarán grabadas para siempre en mi retina y no me cabe duda de que en la del resto de grancanarios también; sigo teniendo el alma encogida ante esta tragedia, el devastador retrato del monte, la pérdida ingente de masa forestal, la magnitud del siniestro con un balance de más de 27.000 hectáreas de matorral y pinar calcinadas. El dolor de los vecinos que fueron desalojados de sus casas, muchos de ellos personas de avanzada edad que tuvieron que abandonar sus hogares sumidas en la impotencia, el miedo y el desasosiego de lo que pudiese ocurrir.
Han sido horas muy duras y muy largas para todos desde que el pasado miércoles nos sorprendiera el fuego con la rapidez inesperada de su avance atravesando las medianías de la Isla. A las pocas horas el Gobierno de Canarias, a petición del Cabildo de Gran Canaria, asumía la dirección del incendió tras ser declarada la situación de emergencia en nivel de gravedad 2.
Poco después de declararse el incendió me desplacé hasta el puesto de mando de control que se instaló en San Mateo, donde pude comprobar la encomiable labor que estaban desempeñando desde los primeros momentos los cuerpos de emergencia y seguridad.
Como ya hemos alabado desde las diferentes instituciones implicadas, existió una excelente coordinación entre las cuatro administraciones: la Delegación del Gobierno, el Gobierno de Canarias, el Cabildo Insular y los ayuntamientos afectados. Ejemplo de esa coordinación fue el despliegue de medios aéreos y terrestres en la zona. A todos ellos, con muchos de los cuales he pasado interminables horas los últimos días, mi más sincero reconocimiento por su trabajo incansable en la lucha contra el fuego, porque no existía cansancio, ni sueño, solo estaba presente el deseo imparable de frenar las llamar que corrían por nuestra cumbre.
Debo reconocer que las primeras horas fueron especialmente complicadas: por un lado, la dura batalla contra las llamas, y, al mismo tiempo, lo más importante, la labor de poner a salvo las vidas de las personas, más de 800 vecinos tuvieron que ser desalojados de sus casas de manera preventiva. Quiero agradecer la colaboración de todos ellos y de los cientos de voluntarios que a lo largo de los cuatro municipios salieron a la calle para ponerse a disposición de las autoridades y colaborar en las tareas que fuesen necesarias, mostrando lo único bonito de estas situaciones: una infinita solidaridad.
Los incendios dejan una huella que tarda tiempo en borrarse. Los daños medioambientales que ha provocado este incendio son de relevantes dimensiones; debemos ser conscientes de que nos enfrentamos a un proceso de regeneración que llevará su tiempo.
El Gobierno de Canarias está y estará del lado de los municipios afectados: Tejeda, San Mateo, Santa Lucía, San Bartolomé y Telde, y de sus vecinos. El presidente del Ejecutivo regional, Fernando Clavijo, ya ha anunciado que aprobará ayudas para los afectados. Han sido, están siendo y seguirán siendo momentos duros, pero los grancanarios nos caracterizamos por ser gente que mira con optimismo al futuro, que cae y sabe levantarse y sobreponerse, y lo haremos una vez más, lo haremos juntos.
Pablo Rodríguez es vicepresidente del Gobierno de Canarias y consejero de Obras Públicas y Transportes.



























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