TELDEACTUALIDAD
Telde.- TELDEACTUALIDAD ofrece una nueva entrega del comentario Con la Pluma del Faycán del edil socialista Gregorio Viera. En esta ocasión, titulado Cuando terminas siendo el reflejo de tu sombra.
En su reflexión, Viera se muestra my beligerante con la actitud de aquellas personas (políticos, tertulianos, cargos orgánicos de partidos, etcétera) que no respetan la línea editorial de los medios de comunicación.
Con la Pluma del Faycán
Cuando terminas siendo el reflejo de tu sombra
Gregorio Viera
Hace unos días asistí a una conferencia en el aula de piedra de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria donde el ponente nos manifestaba que hay mucha gente que se dicen de izquierdas y no saben que realmente son de derechas.
Sus acciones les delatan, dicen una cosa y actúan de manera contraria a esos pensamientos. Esta afirmación tan categórica enseguida encontró cobijo en mi cabeza trasladándome a nuestra ciudad, donde descubrimos las verdaderas acciones de personajes que se dicen progresistas y de izquierda pero que sin embargo sus acciones son de derechas. No es que considere que ser de derechas sea malo -ni mucho menos-, cada cual que aguante sus convicciones, sus posicionamientos, razonamientos, filias y fobias, pero estos sujetos suelen ser los que desde su intolerancia pretenden darnos clases de moralidad.
Entran en conflicto cuando lo que se pretende es guiar y adoctrinar desde un posicionamiento meramente ideológico y comprueban que sus actitudes y aptitudes son contradictorias y reprobadas por la mayoría de la ciudadanía, pues lo que intentan de entrada es matar al mensajero y por si esto fuera poco, se atreven a cuestionar cuál debe o debiera ser la línea editorial. Creemos que los medios tienen ideología, y no es así, aunque su objetivo sea el de informar desde una óptica aséptica e independiente, y pese a que intuyamos además que viran hacia una ideología u otra, lo cierto es que aplicamos aquello que ya decía Don Francisco de Quevedo, “poderoso caballero don dinero”. Los medios no dejan de ser una empresa mercantil y su propuesta social va acompañada de unos objetivos económicos.
Pero en este juego democrático, donde los medios juegan un papel esencial, nos encontramos a quienes quieren encorsetar la información. No hablo de pseudo medios de comunicación de tinte amarillista, que haberlos, haylos, sino de los mensajeros enviados para cuestionar la información, cómo se da y quién la da. Estos defensores a priori de la libertad de expresión, son en muchos casos los que cuestionan esa libertad, son los que se dicen progresistas y luego actúan como la derecha. En muchos casos ni ellos mismos saben que son de derechas y eso sí es un problema, porque empiezan libertarios, pragmáticos, suficientes y socialmente influyentes – eso al menos creen- y terminan siendo el reflejo de su sombra.
Cuando eres un personaje público, puedes estar sometido a vaivenes informativos que en ocasiones intoxican la vida privada. Soy de la convicción que toda persona es pública, pero no todo lo personal es público, aunque muchas veces no se sepa separar una cosa de la otra, sobre todo, esos medios que ayudados por quienes son una sombra de lo que fueron pretenden llevar a lo público lo que pertenece al ámbito estrictamente privado. En estos meses en los cuales he estado más expuesto a lo público de lo habitual, me he acostumbrado a elegir lo que veo, lo que escucho y lo que leo. No todo vale, y lo que me es tóxico por supuesto que lo alejo de mí, pero sobre todo de la familia.
Quienes matan al mensajero están creídos, se pasean con ese aire de superioridad que dicen que los años, su preparación, su arrogancia, su cualificación si la tuvieran, les da marchamo de auténticos defensores de lo público, de nuestra ciudad, se pavonean por nuestras calles por su compromiso social dicen, pero realmente actúan como caudillos que a golpe de poder o billetera quieren crear un clima propicio al proyecto que se dice progresista pero que actúan como si fueran de derechas convirtiéndose en la sombra de lo que fueron...
Con la pluma del Faycán.


























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