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Gregorio Viera (Foto TA) Gregorio Viera (Foto TA)

La lujuria

El edil socialista Gregorio Viera ofrece una nueva entrega de su serie de comentarios sobre 'Los siete pecados políticos'

Dojeda Sábado, 04 de Junio de 2016 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD
Telde.- Nueva entrega del comentario que el edil socialista Gregorio Viera protagoniza de manera semanal en el programa radiofónico El mostrador de Ezequiel López. Y en esta ocasión, siguiendo la serie de reflexiones que viene ofreciendo sobre los siste pecados capitales de la política, Viera dedica su espacio de opinión a la lujuria.
Con la Pluma del Faycán
(jueves 2 de mayo de 2016)
por Gregorio Viera
Buenas tardes a todas y todos. Gracias por compartir una tarde más un comentario con otra visión, otros ojos, otra pluma. Hoy, Los siete pecados políticos: La lujuria.
 
Es difícil comprender el placer de la política y sin embargo es fácil ceder ante la lujuria de la función -la visión más funcional y completa del sistema político- a un deseo apasionado de la política, a ese excesivo apetito por el poder. Las conductas lujuriosas a nivel sexual y que en la política han dado demasiados titulares, juegan al desorden y a anteponer los deseos individuales a los del grupo, experimentando un goce que dependiendo del grado de egoísmo del político se convierte en patología al querer experimentar un goce prolongado en el tiempo mediante la repetición, constante o no, de dicho estímulo.
 
Muchas veces se interpreta la lujuria política como detonador, tensor o catalizador de las situaciones que expresamente creamos para gozar de las mismas y someter a quienes contradigan nuestros desvaríos. Sin embargo, el exceso de control, el desmedido impulso a la manipulación, la creación de situaciones superfluas en contraposición con los valores sociales que debemos defender, son un claro ejemplo del deterioro en las relaciones con nuestros iguales. La lujuria es consecuencia de otros pecados políticos que se presentan como la soberbia a la que suele ir íntimamente ligada. A veces esa lujuria se produce por una pérdida de perspectiva de la realidad o por sobrestimar las propias capacidades.
 
La verdadera cara de la lujuria política es que, como todo comportamiento que emana del exceso en la política, crea hábitos, crea cultura y sin darnos cuenta, se pueden ir produciendo en todo el tejido social que la rodea pequeños comportamientos lujuriosos que pueden socavar el necesario control en las actuaciones públicas, además del sentido de la justicia social. El apego al poder y a quienes lo ostentan caracteriza mucho de los pasajes del devenir humano por la política, se aprovechan de ella, viven de ella, transgreden con ella.
 
En definitiva, el poder se transforma en lujuria. Asistimos a la creación de caudillos a través de procesos electorales, predicadores del poder, arribistas engreídos, populistas que al amparo de un desánimo colectivo inoculan en nuestros oídos cantos de sirena, cuando en realidad lo que quieren es avasallar y concentrar todo el poder, arengando a las masas contra todo lo establecido, además de establecer un corte social entre quienes están conmigo o contra mí, creando un abismo entre ideas que en el fondo solo quiere poder, la lujuria del poder.
 
Con la Pluma del Faycán.
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