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Gregorio Viera (Foto TA) Gregorio Viera (Foto TA)

La ira

TA ofrece otra reflexión del concejal socialista Gregorio Viera sobre uno de los pecados, la ira

Dojeda Lunes, 23 de Mayo de 2016 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD
Telde.- Si antes fue la envidia, ahora le ha tocado a la ira. En torno a este pecado ha vertebrado el concejal socialista Gregorio Viera su último comentario semanal en la columna de opinión La Pluma del Faycán, que es posible escuchar en el programa radiofónico El mostrador, con Ezequiel López al frente.
 


La Pluma del Faycán
La ira


Buenas tardes a todas y todos. Gracias por compartir una tarde más un comentario con otra visión, otros ojos, otra pluma. Hoy,  “Los siete pecados políticos  - La Ira” 


Estado emocional que varía en función de los cambios fisiológicos y biológicos, produciendo una sobre actuación  en nuestro comportamiento, que va desde la furia a la rabia intensa. La ira como preámbulo de un populismo que aprovecha la desigualdad y la frustración creando una ola de enfado de los votantes de consecuencias imprevisibles.

 

Lejos de paliar, al menos, las reacciones violentas ante situaciones de cabreo, se da alas a la acción radical de exclusión que provoca la ira, fomentando así el enfado de unos sectores sociales contra otros, con un total desprecio a los derechos individuales. La ira provoca un caos democrático de incalculables consecuencias, cuando son mediatizadas por populistas incendiarios que no miden los excesos en su verborrea, mírese EEUU y las soflamas racistas de Donald Trump contra el pueblo mexicano.

 

Políticamente la ira busca su afianzamiento en la exclusión, en la desigualdad, en la inseguridad, en el rencor, en la frustración personal, dejando bien claro quien o quienes son los otros, hacia quienes va dirigida la ira y por supuesto porque esos otros son los culpables de mi enfurecimiento y no mi inacción e impotencia. Se polarizan los sentimientos, se nos usa para crear divisiones en nuestro propio entorno y cómo no, se aprovechan de cualquier resquicio personal para poner en solfa nuestras acciones.

 

Ante la ira hay que usar resistencia, ante la furia, sosiego, ante el acoso, inmutabilidad, pero sobre todo denuncia. Ante la gestualidad que produce la ira que parte de una noción primitiva, hay que construir una sociedad que evite la rabia que producen los discursos discriminatorios, evitar el miedo y la ira como estrategia política, sobre todo porque ambos conceptos consiguen una perturbación angustiosa del ánimo y fácilmente conducible a los fines que la dirigencia política y sus voceros se propone. Pero no solo estos, pues la ira la utilizan muchos comunicadores incapaces de convencer. Se centran en el miedo, la mentira y la difamación porque aunque sea mentira creen que algo siempre queda y lo único que queda, aparte de su ira, es su indignidad.

 

Con la pluma del faycán…

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