TELDEACTUALIDAD
Telde.- Si antes fue la soberbia, ahora le ha tocado a la envidia. En torno a este pecado ha vertebrado el concejal socialista Gregorio Viera su último comentario semanal en la columna de opinión La Pluma del Faycán, que es posible escuchar en el programa radiofónico El mostrador, con Ezequiel López al frente. TA reproduce, en los dos formatos, la opinión del edil del PSOE.
La Pluma del Faycán
La envidia
Buenas tardes a todas y todos. Gracias por compartir una tarde más un comentario con otra visión, otros ojos, otra pluma. Hoy, “Los siete pecados políticos - La envidia”
La envidia no deja de ser un doloroso sentimiento de frustración, probablemente por alguna carencia personal que nos hace desear lo que otros u otras tienen. En política, la envidia se transforma además, por el uso irracional de la misma, en miedo, infundiendo a tu entorno con tus propios temores, en la errónea percepción de que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore.
Nuestro temor a ser reconocidos como envidiosos nos lleva a la expresión generalizada de ‘envidia sana’. No hay envidia sana, según relatan especialista del ramo. Hay limitaciones personales difíciles de reconocer puesto que con ello reconocemos las cualidades del otro o de la otra. El carácter enfermizo de la envidia nos aparta de la realidad social y nos condena a vivir de forma desordenada. Manifestamos nuestras contradicciones cuando anhelamos aquello que por incapacidad no deberíamos tener. Es más, el desconocimiento de los propios límites y cualidades favorecen el temor a no estar a la altura de nuestras propias capacidades.
Se fomenta la envidia a nivel político, la competitividad y la rivalidad continua y constante sin importar los efectos que producen en la sociedad, donde se muestra al adversario como una persona despiadada, difícil y frustrante. Asistimos a un rosario de improperios como resultado de un estudiado plan de descalificación gratuita para minar las capacidades de unos y esconder las miserias de otros, su envidia. Todas y todos hacemos política, utilizamos la política, nos aprovechamos de ella para ocultar la baja autoestima. No deja de ser una emoción destructiva, que tan solo sirve para frustrarnos y sentirnos mal.
La envidia no deja de ser un síntoma de la falta de valoración de nuestra dignidad y jugamos a tener un alter ego para ser causa y parte. Esto último se da con demasiada frecuencia en algunos personajes que utilizan los medios de comunicación para ser juez y parte, sobre todo porque la envidia les puede. Un autor desconocido dijo: “La gente sin valor nunca aprende a ser indiferente; prefiere envidiar o lastimar”.
Con la pluma del Faycán...




























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