TELDEACTUALIDAD
Telde.- Primero se declaró amiga del circo y ahora le ha tocado el turno a las cabras. El pleno acaba de aprobar, son sin un debate kafkiano, una moción en la que Telde se declara ciudad amiga de las cabras. La iniciativa provenía de Unidos Por Gran Canaria, dispuesto a censurar con acritud la intervención llevada a cabo por el Cabildo en varios espacios naturales de la Isla, pero las aportaciones de otros grupos han ido metamorfoseando el ocumento. Al final, se les echa una mano por encima a los animales, pero a petición de Nueva Canarias no se reprueba, en sentido estricto, la política de abatidas de la corporación insular.
Fueron Más Por Telde y uno de los ediles vinculados a Podemos, Guillermo Eugenio, los que paulatinamente fueron desmontando las tesis de Unidos y de su portavoz, el periodista Juan Antonio Peña. Eugenio la tachó de imprecisa porque en el escrito no se aportaban argumentos científicos que avalasen la postura del partido que lidera Guillermo Reyes. “Es un síntoma evidente de la ignorancia política que se tiene ante la protección del Medio Ambiente que desarrolla el Cabildo”, vino a advertir el joven munícipe. Añadió que la idea le parecía demagógica y advirtió de que las abatidas que ahora se rechazan fueron iniciadas cuando el 'jefe' de Peña, José Miguel Bravo de Laguna, estaba al frente de la institución insular. Igualmente, sostuvo que la expresión cabras libres es un tanto delicada, pues liberar animales es un delito medioambiental. “En Telde no hay cabras que pululen libremente y no tiene sentido que la ciudad se declararse como tal”.
Junto a todo ello, Eugenio reseñó que gracias al proyecto Life -fondos europeos destinados a políticas medioambientales- se está logrando salvar buena parte del ecosistema canario, por lo que no se veía con buenos ojos su reprobación, gesto que se podía deducir del contenido de la moción. Puso como ejemplo más inmediato el trabajo desarrollado en el barranco de San Roque e inmediaciones ante la proliferación de culebras de California.
Sonsoles Martín, por parte del PP, destacó su agradecimiento al padre Báez, presente entre el público, y calificó de dantesco el espectáculo protagonizado con el abatimiento de animales en Inagua y otros espacios. “Los radicales de izquierdas son radicales hasta para matar a las cabras”, dijo en la sala.
Monzón hizo la luz
Fue Álvaro Monzón, de Más Por Telde, quien más riqueza aportó al debate. El también ecologista lamentó que el Cabildo no escuchase a la población ni atendiese a su sensibilidad. Señaló que en la isla hay como 115.000 cabras censadas y se preguntó si la moción de Unidos pretendía que todas ellas se diesen un garbeo por Telde. Además, recalcó que la industria caprina deja en todo el archipiélago unos beneficios de 66 millones de euros y aplaudió la funcionalidad de los proyectos Life, por lo que vino a sugerir la creación de un texto alternativo.
Así, propuso eliminar cinco puntos de la moción para solicitar al Cabildo que tenga consideración con las distintas sensibilidades de la población y que actúe de manera ética, impulsando otras fórmulas para reducir el número de cabras y manteniendo a la población plenamente informada.
Juan Antonio Peña respondió a las acusaciones del actual consejero insular de Medio Ambiente, José Manuel Brito, y destacó que ya con Bravo de Laguna se habían intentado tomar medidas. Aceptó retirar el término de libres en el contenido de la moción, pero sin ocultar el malestar de Telde por la actuación del Cabildo, trasladando además el acuerdo que hoy se alcanzase a la Unión Europea.
Martel, desde las siglas del Centro Canario Democrático, adelantó su deseo de aprobar la esencia de la moción tras hablar con pastores (sic) y Eugenio aseguró que desde el Cabildo ya se estaba rectificando en este asunto.
Por todo ello, la moción salió adelante por unanimidad, pero transformada con los siguientes requisitos: suprimir el término de reprobación hacia el Cabildo y la expresión cabras libres para dejarlo en cabras.
Igualmente, se acordó pedir al gobierno de la isla que escuche más a la población y que busque fórmulas menos duras para reducir la población de ejemplares que, según los estudios, están suponiendo una amenaza para la flora protegida de determinados parajes.































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