JOSÉ CARLOS MARTÍN
Me sorprende la proliferación de ángeles de la guarda que le han salido a la personalidad non grata de Soria. Sabía que, como virrey con mando en plaza, se había sabido "granjear" toda una cohorte de aduladores y abducidos varios, pretorianos fieles y barbies silenciosas, pero que, después de caído, le hayan salido perdonavidas me alucina.
Los leo y oigo por doquier estos días "sermoneando" contra la iniciativa de Podemos de repudiar sus muchas tropelías pasadas y "mentirijillas" recientes y, en el mismo pack, todas las "cabras" tiradas al monte de piedad gritando a favor de perdonar al Barrabàs y crucificar a los "creyentes" podemitas.
Soria es pasado dicen, árbol caído pregonan, ejemplar renuncia certifican...y tres piedras y un millo para quienes desmemoriados ahora olvidan tantas y tantas tropelías y cadáveres caídos a su sombra.
Qué cosas, que perdonavidas que somos, que indolencia inoculada por siglos de caciquismo.
Muerto el perro, no se acaba la rabia, porque no es verdad que las dentelladas vayan a desaparecer en forma de un estilo y formas de hacer que a la vista de las ovaciones amenaza con reproducirse con distinto collar.
Reprobar a Soria es dignificar la otra política, una que es nueva pero también otra que debe significarse más si quiere sobrevivir. Soria es non grata política.
El silencio no vale y la adulación es patética. No es grato callar por miedo, eso es de eunucos. Non grato es olvidar. Mejor indignados, que indignos.
José Carlos Martín Puig es sociólogo.


























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