GLORIA CABRERA
Después de la tempestad viene la calma y es, precisamente, entonces, desde el sosiego, cuando se deben responder a los acontecimientos, en este caso de la esfera política. La dimisión de José Manuel Soria tras su polémica aparición en los conocidos como “papeles de Panamá” no debe ser tomada como la única respuesta a una situación que requiere más explicaciones y que deberá dirimirse en la esfera judicial. No es cuestión de las administraciones, ni de las formaciones políticas poner la soga al cuello de quien mintiendo lo ha hecho a sí mismo.
No obstante, no hay ninguna otra organización política como Coalición Canaria que haya puesto más en tela de juicio la gestión del ex ministro teldense, hasta el punto de romper las relaciones de Canarias con el Estado por su continuo maltrato a esta tierra, que tuvo su punto álgido en la concesión de unos permisos a una petrolera para llevar a cabo prospecciones frente a las costas canarias mientras los negaba, alegando las consecuencias y el impacto en el sector turístico en otros puntos de Levante y en las Islas Baleares.
Cuestión de colores políticos y, como decía, de castigo a Canarias. Este hecho objetivo, palpable y demostrable, es, precisamente el que nos llevó a la confrontación en el espacio político, en el marco de las instituciones, el que nos llevó a no agachar la cabeza por decisiones institucionales lideradas por José Manuel Soria que creíamos y creemos, eran lesivas para nuestra tierra, esa de la que debió olvidarse el ex ministro nada más pisar Madrid.
Esta es la fórmula que nos brindan las instituciones y de la que podemos y debemos hacer uso los representantes públicos y, en todo caso, las formaciones políticas en defensa de los intereses de nuestra tierra y de los ciudadanos y ciudadanas que aquí viven. La polémica en torno a la relación del ex ministro de Industria con los “papeles de Panamá” merece un trato distinto.
Es y debe ser la Justicia la que debe perseguir y condenar, en el caso que así lo dirima, los comportamientos que queremos desterrar de la vida política. No es cuestión de defender a nadie ni de posicionarnos o no a favor de nadie. Es cuestión de no repetir errores propios de épocas pasadas que tanto hemos criticado y condenado. Es cuestión de buscar, entre todos, el camino que nos conduzca a una nueva forma de hacer política en la que no se persiga a nada y a nadie, eso sí, se pidan y exijan responsabilidades que destierren de la vida pública a quienes tienen comportamientos punibles y se dé debida cuenta a la ciudadanía y a la Justicia.
Podríamos subirnos al carro, hacer leña del árbol caído, proponer a José Manuel Soria ‘persona non grata’, algo que no va más allá del impacto mediático de una declaración pero que no implica nada, más que un titular de prensa, e incluso podríamos dejar de gestionar para los ciudadanos y recordar día sí y día también los “demonios” del sr. Soria, tal y como hacen los partidos emergentes, pero prefiero, preferimos entender la política de otra forma, preferimos dejar en manos de la Justicia lo que es judiciable.
Una vez apartado de la vida pública, ya será esta la que se encargue de condenar y castigar, si así lo determina. Por lo pronto, lo que si está claro es que el ya ex ministro y ex líder del PP canario no puede actuar ni tomar decisiones en contra de esta tierra, como hiciera en el pasado, y eso, a los representantes públicos, es lo único que ahora mismo nos debería importar, además, de que se aclare su implicación en empresas que operaban en paraísos fiscales.
Gloria Cabrera es portavoz de Coalición Canaria en el Ayuntamiento de Telde.

























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