En no pocas ocasiones, los casos de corrupción en Canarias vienen envueltos en tramas familiares, clanes o linajes que se perpetúan en el poder como consecuencia de una sociedad primitiva que pasó rápidamente y, hasta la fecha, a ser un reino de taifas donde el poder quedaba reducido a un grupo de familia honorables, nombres compuestos y con mayúsculas de ciudadanos respetables.
Sucede en cada una de las islas y nadie cuestiona estos lazos políticos y familiares hasta que, un día un funcionario honrado denuncia y es expedientado, o una jueza honorable acusa, o un empresario engañado delata y, de pronto, se descubre en los medios un secreto muy bien guardado y, todo estalla.
El caso Mediador es un buen ejemplo de ello, el hecho de que, en las más altas instancias de la política insular, en la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca se produzcan tratos de favor, se archiven expedientes, o se eliminen sanciones a ganaderos a cambios de sobornos y se lleven a cabo contratos millonarios a empresarios a cambio de comisiones es un caso tan grave como desgraciadamente común en estas islas.
Pero que altas autoridades políticas estén en la cabeza de este engranaje: generales del ejército, jefe de Seprona, diputados, senadores y empresarios; que haya detenciones, que se juzgue por el blanqueo de capitales o pertenencia a organización criminal, es un hecho tan deleznable que sacude a toda una sociedad canaria, empobrecida y maltratada.
Que el mismo presidente del Gobierno indique que no sabía nada, aunque fue él mismo quien le retiró la confianza al sobrino Taishet Fuentes, y luego lo haya propuesto para la alcaldía de la Antigua, no son más que demostraciones de que aquí, hagas lo que hagas, no dimite nadie. Todos los puestos políticos son intercambiables y todo queda en familia. O quizás, podemos llegar a pensar que, una vez instalados en el sistema se dejaron conquistar por los cantos de sirena del poder y su misma posición los llevó a creerse inmunes a la justicia, arrebatados de poder y gloria, acumulando miles de euros en cajas de zapatos, engañando a empresarios embobados, llevándoselos de comilonas y viagras para acabar en una casa de alterne con drogas y putas como si todo esto no nos remitiese a otros casos conocidos, como si este país no hubiese cambiado, como si esta caspa, este hedor a podrido siguiera con nosotros, escondido, bajo la alfombra del engranaje mismo del estado.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.




























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