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El Tajogaite 2.000 años después del Vesubio

direojed Domingo, 05 de Febrero de 2023 Tiempo de lectura:

Después de una sesión del curso de escritura impartido en la Casa-Museo de León y Castillo, en la ciudad de Telde, me dispongo a abandonar el recinto, charlando animadamente con un compañero, acerca de los interesantes escritos leídos en la sesión.

 

Distraídamente llegamos a la salida, y, al cruzar la puerta me llevé una gran sorpresa, pues, inexplicablemente, estaba saliendo de un vetusto barco de madera, que se encontraba atracado en un muelle.

 

Repentinamente me sentí como si estuviera en un sueño, o drogado, o como si no fuera yo mismo, experimentaba sensaciones físicas, emociones y pensamientos que me llevaban a sentir desvinculado del entorno, desconectado de mi cuerpo y de todo lo que me rodeaba.

 

Una vez repuesto del shock, aunque sin salir de mi asombro, observé que todos los barcos que estaban atracados eran barcos de madera, de vela, con uno o dos palos.

 

Los edificios del muelle no dejaban de ser viejas chozas de madera y todo me parecía antiguo.

 

Aunque eran aproximadamente las tres de la tarde, no me explicaba como en lontananza podía observarse, que, por encima de la cordillera subía un resplandor, una sonrosada luz, de lo que parecía ser la aurora.

 

Muchas personas que venían del interior, vestidas con túnicas y sábanas enrolladas al cuerpo, corrían despavoridas hacia los barcos atracados. Por un momento pensé que estaban rodando una película en un puerto de la Roma Imperial, pero, si era así, las cámaras no estaban a la vista.

 

De las montañas a la costa, se observaba una amplia nube de humo.

 

Bajé la inclinada y peligrosa escalera del barco, hasta posar mis pies sobre el muelle.

 

La atmósfera del lugar estaba enrarecida, y se percibía un fuerte olor a azufre.

 

Mi curiosidad por saber por qué corría la gente hacia los barcos y dónde nos encontrábamos, pues no conocía ni el muelle, ni el paisaje que se extendía a mi alrededor, me animó a preguntarle a un señor mayor, de corta melena y grande y blanca barba, que se encontraba estudiando unos mapas, que desenrollaba con gran soltura, sobre una montaña de redes. ¿Por qué corre la gente y por qué existe un fuerte olor a azufre?

 

Mi sorpresa fue que el señor hablaba en latín, y que, gracias a que en el bachillerato que cursé en su día, una de las asignaturas era esa lengua, que parecía estar muerta, pero que, por lo que estaba viendo, no, y con la ayuda de un poco de mímica, pudimos entendernos.

 

“La gente corre huyendo del volcán, que desprende, además de gran cantidad de cenizas y rocas, gases, entre ellos azufre quemado, que es el olor que usted percibe”

 

¿El volcán? Pero yo conozco La Palma, y no reconozco esas montañas.

 

Pero, entonces ¿Dónde estamos? ¿Por qué está vestida la gente de esa manera...?

 

“¿De verdad, no sabe usted dónde estamos? Le noto sorprendido y despistado, le informo..., estamos en Nápoles y hoy es 24 de agosto del año 79 de nuestra era, y, hace solamente un par de horas ha erupcionado el Vesubio, un gran volcán cerca de Pompeya y Herculano”.

 

Disculpe mi curiosidad, ¿no será usted Plinio, al que, por su edad, llaman el viejo?

 

“Pues sí, ¿Cómo es posible que sepa usted mi nombre, y no sabe ni dónde se encuentra?”

 

Sé muchas más cosas, por ejemplo, que tiene un sobrino que se llama igual que usted, pero que es conocido como Plinio El Joven. Para la historia será conocido como la persona que fue testigo y describió correctamente esta erupción.

 

En cuanto a su destino, y puesto que no está en mi mano cambiar la historia, le recomendaría abandonar la idea de ir a investigar la erupción del Vesubio, no le sentaría nada bien, aunque ya sé que, como científico, su curiosidad va a impedirle hacer caso de mi recomendación.

 

Lo sucedido posteriormente, es historia conocida.

 

El médico, después de observarme, diagnosticó que sufrí un síntoma de ansiedad, conocido como despersonalización, nada que no pudiera curarse con un socorrido Paracetamol.

 

Mafersa es Manuel Fernández Sarmiento, ingeniero técnico industrial y ahora estudiante del Diploma de Estudios Africanos de la ULPGC..

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