Ha pasado un año y medio desde que llegó por primera vez el virus SARS- CoV 2 a Canarias, un perfecto desconocido que iba sembrando de miedo y muerte allá por donde entraba, afectando hoy en día a casi noventa mil personas, habiendo fallecido más de 800.
Durante los primeros meses, esperábamos deseosos ese fármaco que lo neutralizara y que aún seguimos esperando, ya que veíamos muy lejano la aprobación de una vacuna efectiva. Sin embargo, todos los investigadores del mundo se pusieron en marcha y no consiguieron una, sino que aparecieron cinco vacunas con datos de seguridad y eficacia bastante aceptables.
Cuando se diseñaron estas vacunas del COVID, que se están comercializando actualmente, circulaba la variante original y la británica, donde una persona infectada podría contagiar sólo a 2-3 contactos estrechos. Entonces se hablaba de que para contener la enfermedad era suficiente vacunar al 70% de la población. Sin embargo, en el momento actual, cuando el virus ha vuelto a mutar, ahora con la variante delta, mucho más contagiosa, donde un enfermo puede llegar a infectar hasta 10 personas, la inmunidad social necesaria se estima que debe ser superior al 90%, según algunos expertos. Esta cifra de personas vacunadas e inmunizadas es inalcanzable ya que aún hay países que no han empezado a vacunar e, incluso, en los países desarrollados hay un porcentaje de personas que se niegan a hacerlo, por tanto, este porcentaje es, cuando menos, una utopía.
Pero esto no significa, ni de lejos, abandonar los esfuerzos para inmunizar a la mayor parte de la población, ya que se ha demostrado que, aunque estar vacunado no impide el contagio, sí que con esta variante se reduce a la mitad las posibilidades de infectarse.
Asimismo investigadores españoles se han sumado a esta carrera contra reloj y, en estos días, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha autorizado el primer ensayo clínico con personas de la vacuna contra la COVID 19 llamada PHH-1V, de la compañía española Hipra radicada en Girona. Lo que aún no sabemos qué ocurrirá cuando tengamos aquí a la variante Lambda, denominada ya por la OMS como "variante de interés" por las mutaciones que posee y que, a priori, parece que tiene cierto poder para sortear la inmunidad previa, bien sea por haber padecido la enfermedad o tras haber sido vacunado.
La población, en general, cuando recibe noticias desalentadoras como esta, necesita saber que muchas de las cosas que dábamos por sentado hace unos meses han podido cambiar y que eso no significa, en absoluto, que detrás exista un intento de manipulación, aunque pueda ser utilizado por ciertos sectores como una debilidad del sistema para volverlo en su contra. Lo que sí puedo decir es que los sanitarios, desde el que trabaja en el laboratorio hasta el que, como yo, se encarga de la atención de estos pacientes en el peor de sus escenarios, la UCI, llevamos una lucha sin tregua contra nuestro único enemigo que es el virus.
En manos está de nuestros dirigentes el que la información que llegue al ciudadano en esta situación de crisis sea la adecuada, avalada por entidades acreditadas u organismos competentes. Porque todos queremos recibir buenas noticias y ver ya la luz al final del túnel, pero cuando no son tan buenas si son explicadas por profesionales de prestigio en foros determinados pueden transmitir mayor tranquilidad que las que pueden llegar de fuentes interesadas, muchas veces sesgadas.
Por tanto, y ya que cada vez está más claro que alcanzar niveles del 70% de vacunación no va a resolver esta crisis sanitaria a corto plazo, salvo que el virus se mitigue por sí solo, no debemos olvidar que las demás enfermedades continúan afectando a muchísimas personas en el mundo, por lo tanto, necesitamos disponer de los recursos sanitarios y de investigación para poder seguir atendiendo no sólo a las personas afectadas por el COVID, sino también a todas aquellas que por culpa de la pandemia han visto retrasado el diagnóstico y, lo que es más importante, el tratamiento de enfermedades que antes de la pandemia hubieran sido completamente sanadas.
Es necesaria y urgente una planificación de medidas a medio plazo de los recursos sanitarios, materiales y humanos, adaptadas a la situación que estamos viviendo. Nuestra sociedad no se puede permitir estos vaivenes en la atención sanitaria de los pacientes con muchísimas patologías, no todas COVID. Y esta situación no nos coge por sorpresa, aunque no tan magnificada, ya que la vivíamos todos los inviernos con la llegada de la gripe.
Por ello, necesitamos más profesionales, no dejarlos escapar a otras comunidades buscando contratos dignos, e infraestructuras que hay que habilitar o crear para afrontar esta y las siguientes oleadas que llegarán en el futuro, ahora con el COVID pero cuando afloje, para atender a toda la lista de espera que se está creando. Los profesionales canarios lo demuestran día a día pero necesitamos también que nuestros administradores implementen medidas efectivas de flexibilización del sistema para que luego no tengamos que arrepentirnos.
Luciano Santana Cabrera es jefe de Sección de Medicina Intensiva en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria.



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.147