Amigos lectores-as, sabemos bien que al médico le toca llevar la parte física de nuestro cuerpo y que, al sacerdote o agente de pastoral le toca la dimensión espiritual. Sí, las escuelas de Psicología humanista sostienen que la persona necesita SIEMPRE para madurar algo que dé unidad y motivación a su vida ya que, sin este ALGO, la vida se vuelve desmotivada.
El conocido Viktor Frankl, en su obra escrita después de su experiencia en los campos de concentración, sostuvo que quienes en aquel lugar de Crueldad y Desesperación sabían dar un sentido religioso a sus vidas tenían una dignidad, una entereza, una humanidad y una capacidad de no generar resentimientos mucho más finos que los que, faltos de actitudes religiosas, no encontraban en aquella situación más que absurdo.
Él mismo afirmaba que el sentido de Dios está reprimido hoy en nuestra sociedad occidental y que ello es la causa de buena parte de las neurosis de nuestro tiempo. Cuando el hombre, que es un ser religioso por naturaleza no puede formularse internamente ni expresarse externamente, sufre una distorsión que se revela en neurosis y en él surge la angustia, la obsesión, la intranquilidad crónica, los trastornos psicosomáticos, la depresión... De ahí que él proponga la Logoterapia como camino terapéutico de la vida.
Amigos-as, chupemos algunos Salmos como medicina maravillosa de sanación: “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque Tú vas conmigo” (Sal 22). “El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará los dolores de su enfermedad (…); a mí, en cambio, me conservas la salud” (Sal 41, 4.13). “En la desgracia yo estaré a tu lado” (Sal 91, 15). “Él sana los corazones destrozados y venda sus heridas” (Sal 103, 3).
Francisco Martel es sacerdote y párroco.


























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