Ella es una voluntaria de Cruz Roja. Él uno de los muchos que huyen de la miseria y la dictadura que Norteamérica y la UE amamantan. Ella es el espejo de la verdadera gente de bien y no quienes tienen podrida su alma.
Ella es una esperanza para la humanidad y la vida, frente al virus de odio y nuevo fascismo que pretende matarnos por dentro, con su falta de empatía e intolerancia. Ella es la mano que cura la herida, la palabra que recupera el aliento, los brazos que mitigan el miedo y el corazón que no entiende de razas ni fronteras ni más invasión que la de las emociones sanas.
Que asco da esa otra España que se mira el ombligo, su panza, su pulsera y deja pudrir sus entrañas. Que impotencia da, que un reyezuelo medieval use a niños como armas y que los súbditos de otro pongan tanquetas en una playa que no es Europa, sino África.
Que demagogia más barata llamar amigo a un monarca que abre las puertas de su misera jaula, pero también ponerle dinero en las manos en vez de estrangularlo a sanciones internacionales, como suelen hacer con otros que no se prestan a las capitalistas mañas.
Mi querida voluntaria de esa, en verdad, santa casa de la humanidad que es solidaria, ellos te habrán obligado a cerrar tu twitter por sus amenazas, pero tu tienes ganado el abrazo de millones de seres humanos, que te queremos por representar la esperanza que es de hechos y no sólo huecas palabras.
Jose Carlos Martín Puig es sociólogo.


























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