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Ni perdón ni olvido

direojed Sábado, 03 de Noviembre de 2018 Tiempo de lectura:

María: cincuenta y dos años. Le sucedió hace cuarenta, pero lo recuerda cada día. Le dijeron que el origen de su adicción, de sus desórdenes alimenticios y de sus muchas miedos, estaba ahí, que probablemente nunca se curaría, pero que debía aprender a vivir con ello.

 

Dámaso: sesenta y cinco años. Sucedió hace cincuenta y siete, cuando él tenía sólo ocho años. El cura de su pueblo lo violó durante años. Después de dos intentos de suicido, ha conseguido ahogar los recuerdos a base de alcohol. Tiene cáncer hepático, le queda poco de vida, pero le da igual. Se odia a sí mismo y al resto del mundo.

 

Silvia: veintidós años. Salió en las noticias de la mañana. Había tomado aquella habitación de hotel para hacer lo que hizo. Se lanzó al vació desde el último piso. Su padre, un empresario local, abusaba de ella desde la infancia. No dejó ninguna nota, sólo una amiga que me lo contó un día.

 

Nerea: cuarenta y siete años. El marido de su hermana abusaba de ella desde los nueve años. Nunca se lo dijo a nadie. Comenzó desde la adolescencia a abusar de las drogas. Nunca ha podido tener una relación sentimental normal. Rechaza el sexo y todo lo que tenga que ver con él. Lleva cinco años de terapia para superar el trauma. Estos son algunos ejemplos de las víctimas de abusos sexuales que no pudieron denunciar porque el silencio es una mordaza, porque la mayoría de ellos son cometidos en el seno de la propia familia, o porque el delito prescribe entre los cinco y quince años dependiendo de la gravedad del mismo.

 

En cambio, son nuevos tiempos: la Navidad llega y la iglesia pide perdón ante los abusos y desmanes que han cometido los curas pederastas durante años. La ministra Carmen Calvo se ha desplazado hasta la Santa Sede para comunicarle que el gobierno va a sacar una proposición de ley para que, en los casos de abusos sexuales a los menores, el delito no prescriba. Todo huele ya a Navidad, a paz, amor y armonía en este matrimonio bien llevado que es la iglesia y el gobierno.

 

Si todo va bien y la ley sale adelante, las víctimas de abusos sexuales podrán denunciar sin temor a que prescriba.

 

Sin embargo, por la naturaleza del tema, la gran mayoría de estos delitos son cometidos en el seno familiar, así que quedarán impunes y acallados para siempre. ¿Acaso alguien va a traicionar a su propia familia?

 

Esta nueva proposición de ley que piensa en las víctimas, en el bloqueo que sufren durante años, en el silencio que guardan con los abusadores con los que mantienen vínculos económicos o sentimentales hasta que se atreven a denunciar, llega demasiado tarde.

 

¿Quién curará a los miles de niñas y niños heridos?

 

Para las víctimas no hay perdón ni olvido.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

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