Tengo por costumbre reunirme dos veces en semana con una amiga para conversar. En nuestras conversaciones soltamos todo lo que se nos pasa por el magín, privado, público y vox populi. Además de estos encuentros habituales, quiso el azar que la semana pasada mi vida social fuera insólitamente movida.
Un día me vi comiendo con una señora que me cubría de flores llamándome maravillosa, buena persona y hasta simpática. Lo de simpática me pareció un poco cuestionable. Dos días después, me tocó comer con otra que, con sonrisa diabólica, intentó convencerme durante un ratito de que soy psicópata.
Ni tanto ni tan calvo, me dije sonriendo yo también. A mi edad uno ya está vacunado contra las personas tóxicas. ¿Qué pasaría si se hubieran grabado las conversaciones con mi amiga y las de las dos comidas y se hubieran sacado de contexto algunos fragmentos y se hubieran publicado?
Se me ocurre un titular: María Mir-Rocafort es considerada en su pueblo una simpática psicópata cotilla. Para mondarse. Yo me considero el ángel de mi guarda, la dulce compañía que no me desampara ni de noche ni de día. Lo que me enseña que, hasta que no se encuentre la manera de grabar los pensamientos, cualquier persona inteligente debe cuestionar las grabaciones obtenidas sin el conocimiento ni consentimiento de los hablantes.
La semana pasada y lo que va de esta han sido movidas y asquerosas para todo el que se tome en serio la política de este país, es decir, lo que determina la calidad de su vida. Inmundo y apestoso panorama político el de España por la evidente determinación de ensuciarlo que los partidos de derechas y la mayoría de los medios comparten.
¿Quién puede querer que los políticos y las instituciones se muestren pringados de corrupción y aquejados de diversas lacras morales ante los ojos de los ciudadanos? Aquellos a quienes interesa que los políticos y las instituciones no pierdan tiempo y dinero tratando de solucionar los problemas de las personas, y dediquen todos sus recursos a cuanto pueda beneficiar al mercado y a las grandes empresas.
Con Pedro Sánchez y su gobierno en La Moncloa, el gran capital tiembla presa del pánico, porque en el meollo de un gobierno socialista laten dos principios: el reparto justo de la riqueza, y la solidaridad. Eso significa que tal gobierno sube los impuestos a quienes más tienen; lo cual a su vez significa que quienes más tienen van a defender su dinero a patadas, a cuchilladas traperas, como sea con tal de fulminar a los políticos dispuestos a atentar contra su derecho a enriquecerse sin control alguno, contra su derecho a enriquecerse gracias a la gran masa de trabajadores sin derechos.
La cena de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, con varios comensales, entre los que se encontraba el capo de las cloacas, Villarejo, le ha servido a políticos y prensa interesados para verter chapapote sobre toda la política y las instituciones de España. ¿A quién se le ocurre que una cena personal de hace diez años pueda causar una conmoción en el Congreso, que a su vez cause una conmoción en el gobierno, que a su vez cause una conmoción en la opinión pública? Evidentemente, a quienes no se han enterado de que los españoles ya no somos los ignorantes súbditos de un Caudillo que ordenaba a todos lo que tenían o no tenían que pensar.
políticos desesperados por hundir al gobierno y los medios interesados en ayudarles por proteger a sus propias economías, soportan el pánico que les corroe haciéndose creer que todavía pueden dirigir a su antojo a una masa de mindundis a quienes se supone una insuperable ignorancia decimonónica. Pues bien, conmigo y con millones como yo, se han equivocado.
Hay que ver el entusiasmo con que políticos de un partido corrupto y presentadores y tertulianos sueltan la noticia que según ellos ensucia a la ministra, seguida de su propias interpretaciones y hasta de sus sospechas. Un entusiasmo que sería comprensible si lo que están soltando fuera una exclusiva de escándalo sobre la vida de una famosa, pero que tratándose de algo tan serio que afecta al gobierno de este país, no se entiende. Hoy, además, alguien les ha proporcionado un escandalete adicional con lo del Ministro Pedro Duque.
Acabo de ver en la tele a una presentadora que, tras una media hora de excitación nerviosa lanzando preguntas y sugerencias cargadas de sospechas contra el ministro, anuncia la presencia de un experto en cuestiones de Hacienda y sociedades, y la anuncia con cara de ahora verán lo gordo que es esto. El señor experto responde a las preguntas de la presentadora explicando minuciosamente por qué en la sociedad de Pedro Duque y su mujer no hay nada ilegal ni irregular. Un manguerazo de agua helada que le calma los nervios al más desquiciado. Pero la presentadora no se rinde. En un último intento por dejar la sospecha bien grabada en la mente de los espectadores, pone por enésima vez el vídeo en el que Pedro Sánchez dijo, en 2015, que no estaría en su ejecutiva quien constituyese una sociedad para evadir impuestos.
¿Qué le parece?, pregunta la señora al experto con el ansia en los ojos. El hombre, con neutralidad profesional y calma de funcionario, le responde que no es el caso de Pedro Duque. Menos mal que terminó el programa porque la presentadora se quedó sin combustible con que seguir avivando el incendio.
La terrible noticia que hoy ha hundido a los políticos corruptos y a los medios colaboradores es que en el caso de Pedro Duque, no hay caso.
Y lo de la ministra, ¿no da para más? A lo mejor si machacan y machacan y machacan, Pedro Sánchez se achanta y ofrece a la prensa española el titular que esperan con ansia: “Dimite la ministra. Gobierno insostenible.” O a lo peor, no. A lo peor tendrán que esperar a que Villarejo se descuelgue con otra grabación por periódico interpuesto.
Esto no es serio, señores. Esto no hay quien se lo tome en serio a menos que quiera utilizarlo para exigir al presidente que se lo tome en serio, como le pasa a Pablo Iglesias. Tan poco serio es que se está volviendo contra los políticos del partido corrupto y del otro de su misma especie, contra los presentadores de tertulias, contra los tertulianos y hasta contra aquellos que se quieren aprovechar del escandalete para recoger los votos que pierda el Partido Socialista. Y se les vuelve en contra porque las personas con problemas serios están hartas del cinismo de los del partido corrupto y su gemelo; hartas de los medios de comunicación que pretenden engañarles convirtiendo los programas de política en “Sálvames” disfrazados de seriedad.
Se me ocurren montones de argumentos para descalificar a los unos y a los otros y hacer comprender el daño que los unos y los otros nos están haciendo a todos. Pero, como diría la Villalobos, no me da la gana de perder más tiempo. Que quien quiera enterarse del efecto que tienen sus mentiras y sus intentos de manipulación, se dé una vuelta por las redes para que vean lo que pensamos los mindundis. Puede que así empiecen a tomarse en serio las encuestas y dejen trabajar en paz a un gobierno que puede durar muchos años para terror de todos los que quieren entregarnos a la dictadura encubierta de las derechas.
María Mir-Rocafort es analista sociopolítico y columnista.
























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