Amigos lectores-as, la fiesta en Valsequillo durante estos días en honor de S. Miguel me hace recordar mi niñez en la que pasaba un tiempo con mis abuelos, junto al Cuartel que estaba en el Colmenar junto al Barranco.
Sí, de verdad que no me olvido de los amigos Tito Peñate y Pepe Atta con quienes me daba unos buenos chapuzones en charcas que hacíamos, riéndome de aquella vez en la que el Molinero, al ver que le habíamos cortado el agua, vino y nos amenazó con palo en mano, teniendo nosotros que huir del lugar “desnuditos” como Dios nos trajo al mundo.
Pido que abran la Biblia en el Antiguo Testamento para ver al Arcángel que lucha contra Lucifer traspasándole con su lanza y encadenándolo en el infierno para siempre sin dejar de lado el apocalipsis en los capítulos, del 7 al 11, que nos ayudan a entrar en otro mundo.
Mi devoción a S. Miguel la recibí de mis padres que me llevaban a misa de madrugada todos los domingos donde sucedió una vez que, al dormirme durante un sermón, sentí un pellizcón de mi madre a la que, viendo el cura D. José Negrín lo que ella había hecho, le dijo en alta voz: “Señora Pino, deje al niño dormir… que más peca Ud. pellizcándolo que él durmiendo durante la misa”.
Pidamos con fe a San Miguel que nos dé fuerzas para luchar contra la incoherencia, contra la explotación de personas, contra la violencia de género y contra pensiones que hacen vivir a mucha gente en pobreza severa. Ah, pidámosle a él que haga un buen chequeo a los políticos para que no hagan discursos “atrapa-votos”, y para que no hagan Másteres copiados para así obtener títulos académicos...
S. Miguel bendito, danos muchas fuerzas para saber luchar y huir hoy del “Perro maldito” que está disfrazado hoy de Individualismo, de Poder y de Dinero” y haz que nos convirtamos en constructores de Solidaridad para vivir una buena fraternidad.
Al amigo Jorge Hernández, palmero de nacimiento y párroco de Valsequillo, le decimos que le rezamos a S. Miguel para siga echando una buena mano a la querida Parroquia y al proyecto Yrichen que puso en marcha hace años para liberar a gente metida hoy en el diabólico mundo de la droga.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.
























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