Amigos, estoy seguro que algunos lectores conocen de oídas al obispo Pedro Casaldáliga gran defensor de los pobres que, con 91 años y con Parkinson, aún sigue con vida en Amazonas del Brasil.
Cuentan que un día le preguntaron: “D. Pedro ¿cómo se lleva Ud. con Roma?” y él sonriendo contestó: “Estamos en paz y me dejan en paz. ¿Qué aprendió Ud. de los pobres?-Yo aprendí a ser agradecido por el don diario de la vida y sus pequeñas sorpresas, a confiar más en Dios, a tomarme más en serio las Bienaventuranzas y a vivir en una cierta pobreza.
-D. Pedro, ¿le asusta la muerte? –“En absoluto. La sentí muy cerca en varias ocasiones. Ha sido la compañera de toda mi vida. Desde mi infancia vi cómo los comunistas asesinaban a mi tío Luis Plá, un sacerdote de 33 años. Y en Latinoamérica estamos ya acostumbrados al martirio. He vivido tensiones fuertes, pero nunca odié, aunque sí sentí una rabia fuerte y profunda ante muchas injusticias”.
-D. Pedro, cuando Ud. muera ¿Dónde quiere descansar para siempre? –“Quiero descansar en el Cementerio de los indios Karajás, donde enterramos a los peones sin nombre, a los asesinados”.
Amigos, sabemos que D. Pedro tampoco cumplió con la visita “Ad Limina” que cada cinco años deben realizar los obispos a Roma para tener un encuentro con el Papa. A esto él se disculpaba diciendo: "Yo soy un pobre, y los pobres no viajan".
Aún recuerdo con mucho gusto los dos años que estuve en aquella Región de la Amazonas donde el hombre catalán me decía: “Canarillo, cada dos meses mi casa te espera dos días”. Sí, con gusto hacía muchos kilómetros y me quedaba en su casita comprobando que nuestro hombre estaba muy vinculado a la teología de la Liberación y que en varias ocasiones sufrió amenazas de muerte y persecución del régimen militar brasileño y de los terratenientes de la región, sucediendo que llegaron a matar a su vicario João Bosco confundiéndolo con él.
Amigos-as, les pido una oración por este gran Profeta de los Pobres que continúa con vida acompañado de su querido Parkinson, esperando que el Señor no tarde en llamarle a la nueva Vida donde se encontrará con su gran amigo el Papa Pablo VI, aquel que en Roma se vio obligado un día a alzar la voz por él en Roma afirmando que D. Pedro Casaldáliga era uno de los suyos dejándonos la famosa frase: "Quien toca a Pedro toca a Pablo".
Francisco Martel es sacerdote y párroco.

























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