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El feminismo y el lenguaje

direojed Domingo, 18 de Febrero de 2018 Tiempo de lectura:

Martin Luther King, el gran luchador por los derechos de los afroamericanos en su país y en el mundo decía que: “el peor racista es aquél que me da la razón cuando no la tengo, pues lo hace porque soy negro”.

 

Esta frase puede aplicarse actualmente a ese empeño absurdo, de dar visibilidad a la mujer haciendo propuestas que chocan con las más elementales normas lingüísticas. Propuestas que son alentadas por muchas personas no siempre con acierto pese a lo que crean. Cada vez con más frecuencia, una metedura de pata de esta índole sirve para poner en evidencia el ridículo que se hace, con lo que se consigue lo contrario de lo que se pretende.

 

Recientemente, una de esas salidas de tono ha sido la protagonizada por la portavoz de Unidos Podemos en el Parlamento español Irene Montero al referirse a sí misma como portavoza. No es la primera ni, desgraciadamente, será la última persona que, creyendo que luchan por la igualdad entre hombres y mujeres, están retorciendo el lenguaje. La desigualdad no va a dejar de existir porque se den patadas al diccionario. La desigualdad dejará de existir cuando, de verdad, se sienten las bases para que la sociedad tome conciencia de que hay que cerrar la brecha que actualmente existe entre los géneros, como la brecha salarial, que se cerraría simplemente con obligar a todas las empresas a pagar lo mismo a hombres y mujeres por un mismo trabajo.

 

La polémica que este tema ha generado ha saltado desde el primer momento a las redes sociales y todo el mundo ha comenzado a opinar sin reparar, muchos de los que lo hacen, que esto es una cuestión de lengua, no visceral y mucho menos de ideología. Por decir portavoza o conserja no se es más feminista. Pero parece que mucha gente lo cree así, principalmente determinadas personas a las que su obcecación o su deseo de ganar votos las lleva a creer que cualquier objeción a sus argumentos es una agresión. Incluso cuando la objeción, como en este caso, es de sentido común, pues se trata de poner de manifiesto una incorrección lingüística, no de otra cosa.

 

Miles de profesoras de lengua y literatura y miles de correctoras editoriales y miles de escritoras en todo el país quedarían desoladas pensando que han estado toda una vida trabajando el idioma y resulta que puede hablarse de cualquier manera. Van a clase a enseñar a los niños la lengua española, y, al final, una persona con poder está legitimada para decir barbaridades lingüísticas y además ordenar a la RAE que lo incluya en su diccionario. Da la impresión de que los poderosos hablan como quieren. Sólo hace falta ser político y tener detrás una causa noble que te avale. Lo hiriente del caso no es que portavoza sea una palabra que ataca directamente el sentido del idioma, sino que un político crea que regando de aes la lengua común va a mejorar la situación de la mujer en nuestra sociedad, tan siquiera un ápice.

 

La mujer, como persona, no es más ni menos que el hombre. Ambos tienen iguales derechos. Sin embargo, por múltiples razones sociales, culturales o religiosas han sido y siguen siendo ahora víctimas de diversas y odiosas discriminaciones. Pero no se contribuye a eliminar discriminaciones y hacer visible a la mujer con incorrecciones lingüísticas, se la hace visible reconociendo y divulgando las cualidades y las actividades que ellas tienen y ejercitan cada día en el entramado de una sociedad como la nuestra en la que no se es muy dado a divulgar lo positivo. Esto contribuye a que sigan existiendo momentos, circunstancias, en los que la mujer salta a los medios de comunicación a causa de la violencia doméstica o la tasa del desempleo, por ejemplo. En definitiva, casi siempre asociada con situaciones de marginación o desprotección.

 

Efectivamente existen muchas personas que viven esta situación y habrá que luchar para que salgan de la misma, pero no con chorradas políticas.

 

Segismundo Uriarte Domínguez es maestro y técnico en radiodifusión.

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