Amigos, el pasado día 8, muchos fueron a Jinámar a visitar a la Virgen Inmaculada y a chupar algo la caña dulce una vez más diciéndole con fe a la Madre de millones de creyentes: “Dios te salve María”.
Tal vez algunos amigos sepan que fue el Papa Pío XI quien declaró el dogma de la Inmaculada a través de la bula Ineffabilis Deus el 8 de diciembre de 1854 afirmando solemnemente que “la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su Concepción …”
Sabemos que en España se celebra la fiesta de la Inmaculada como patrona desde el año 1644 y creo que este gran acontecimiento nos empuja a todos a rezarle a la Virgen para que nos dé siempre un corazón grande para vivir como personas donde todos sepamos hacer un puesto a los más pobres como nos pide Jesús que un día nos dirá: “Vengan benditos de mi padre, porque tuve hambre y me dieron de comer…fui peregrino y me hospedaron ..”.
Amigos lectores, estoy seguro que muchos también visitaron en estos días la iglesia del pueblo de Jinámar y que allí le dirían a la Inmaculada con mucha Fe: “Dios te salve, María, Purísima Concepción, escucha nuestras súplicas protege a tu Nación…Pilar de nuestra Fe, clave de nuestra Historia, prenda de nuestra gloria y bienestar, por ti esperamos siempre vivir en Paz”.
Recordemos que estamos ya en la segunda semana de Adviento y que el evangelio de San Marcos en su capítulo 1 nos recuerda la gran figura de Juan el Bautista, que fue un fuera de serie predicando un bautismo de conversión, cosa que nos anima a todos a preparar el camino del Señor. Ojo también que en este Domingo día 10 en las Iglesias ya se encienden dos velas de la Corona de Adviento anunciando así la cercanía de Navidad que mueve a millones de personas cristianas a participar en el misterio del Nacimiento de Jesús.
Animo a todos los amigos lectores a poner un detalle navideño en casa para recordar que la navidad está llegando de nuevo un año más pidiendo que ayudemos a los pobres, que recemos juntos en casa y que, si no es pedir mucho, que limpiemos nuestra vida haciendo una buena confesión que siempre nos ayuda a vivir con más Esperanza en el Salvador.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.

























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