El miércoles en la presentación de mi libro “Historias Prestadas” en el Club La Provincia escuchando a las amigas que hablaron de mi trayectoria, en este caso la periodista Cira Morote y la prologista del texto, Coca de Armas, un alud de recuerdos me asaltaron por sorpresa.
Escuchaba a Cira y escuchaba a Javier Durán, una de las plumas mejor dotada para la reflexión, el análisis, director del Club La Provincia que subió al escenario casi por sorpresa. Viendo sus caras, las miradas, el cariño con el que ambos hablaban de nuestras vidas vividas en la redacción de La Provincia pensé “qué suerte he tenido”; porque suerte es trabajar en una redacción en la que reír, bromear, escribir y compartir los éxitos de los compañeros es la marca de la casa. Y por todo eso, encima nos pagaban.
Contaba Javier en un texto escrito hace años que todos nos conocíamos tanto que él mismo cuando me veía llegar a la redacción, me seguía con la mirada esperando que me sentara a su lado y le contara una noticia de primera página. Bueno, no era así, pero se acerca a la realidad. Cira recordó tantas cosas de La Provincia de hace 16 años, cuando ella llegó al periódico, que la memoria me la devolvió sentada en la mesa de la entrada, observando y mirando con unos ojos que cuando se iba la luz, nos alumbrada.
Para el lector que no lo sepa les diré que Historias Prestadas habla de las pequeñas cosas, de los retales de grandes reportajes, que no tienen entidad para una información amplia peso sí son relatos con alma, pequeñas pero grandiosas historias que he ido recopilando a lo largo de los años.
Los tres, Cira Javi y yo, hemos tenido la suerte de formar parte de la mejor redacción que ha habido en Canarias. Una gran redacción en la que más que compañeros éramos familia. Coca dijo algo con lo que estoy de acuerdo “en el libro hay relatos que son retazos de muestras vidas”. Y así es. Historias en las que vivimos todos, historias que nos pertenecen, gestadas en una redacción y más tarde entregadas con mimo a los lectores. Por un momento el miércoles recordé a quienes fueron nuestros maestros, los míos al menos, a los que tenían la habilidad de darle la vuelta a una noticia ajena y descubrir en ella otra cara hasta hacerla nuestra. En fin.
Reconozco que me violenta escribir de mí. Ya lo hicieron Javier, Cira y Coca.
Marisol Ayala es periodista.

























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