Si alguien le preguntase a una mujer separada, madura (entre los cuarenta y sesenta años), que ya ha vivido la mitad de su vida amorosa, sobre el modelo de hombre que desearía encontrar para el futuro, recibiría con mucha probabilidad una curiosa respuesta: la mayoría mostrarían sus preferencias por un hombre joven.
Y no por el mismo caso que los hombres prefieren a las más jovencitas. ¡Hasta en eso somos diferentes! Sino porque gran parte de los jóvenes han aceptado y reconocido a la mujer como lo que es: un ser igual con sus mismas necesidades y ambiciones.
Desgraciadamente, el hombre maduro -salvando siempre las gloriosas excepciones, que las hay- ha quedado anclado en un pasado al que la mujer actual no quiere volver ni por asomo. Así es normal encontrarse con mujeres separadas o divorciadas que muestran signos de liberación tras la separación. Todo lo contrario al sentimiento de orfandad mostrado por los hombres separados que se encuentran perdidos, y sin saber bien cómo desenvolverse en un mundo donde la mayoría de las mujeres no quiere desempeñar las funciones exclusivas de limpiadora, cuidadora y amante esposa.
El que el hombre y la mujer han evolucionado a velocidades diferentes es un hecho que ya nadie cuestiona. La mujer moderna lo ha comprendido así, y está dispuesta a hacer todo lo necesario para que el hombre del siglo pasado llegue a este con buen pie, pero sin dejar de hacer su propio camino libremente.
Algo de esto debió de pensar Brigitte cuando se enamoró de un hombre veinticinco años menor que ella y hoy presidente de la República Francesa. Seguramente el joven Macron soslayó todos los prejuicios relativos a la edad y se enamoró sólo de la mujer que tenía delante. Y Briggite debió ver en él a un joven especial que podría comprender mejor que nadie sus necesidades.
Brigitte Trogneux, casada desde hace diez años con el presidente y a quien la prensa francesa ve como el motor que mueve los hilos de la presidencia, sigue ganando adeptos y no sólo entre las mujeres francesas.
Paradójicamente, los hombres de su generación, como el presidente Donald Trump, anclados en el pasado, prefieren a una mujer más joven, que cumpla obediente las funciones a la que la sociedad patriarcal la relegó, que continúe reproduciendo el mismo modelo machista y que no de muestra de saber nada.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.


























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