Matarnos el alma de miedo, de asco, de aburrimiento ha sido la estrategia de Mariano Rajoy Brey durante sus siete años de poder absoluto; siendo Mariano Rajoy Brey el estratega político más genial que ha dado este país. En uno de mis artículos, comparé su perspicacia con la de Napoleón, y el nuestro salía ganando.
Gracias a la torpeza con la que José Luis Rodríguez Zapatero gestionó la crisis y al seguidismo de Alfredo Pérez Rubalcaba, Mariano Rajoy tomó España el 20 de diciembre de 2011 con un formidable ejército de votos, y una vez instalado en la Moncloa, concibió una estrategia invencible para asegurarse de que ni dios le podría desalojar del poder.
Sabido es, desde tiempos inmemoriales, que el obstáculo más escabroso que encuentra un político en el desempeño de sus funciones de gobierno es la opinión pública, que dicen los periodistas; la vox populi, que dicen los antiguos; la voz de la plebe, para entendernos. Las críticas y exigencias de la masa ignorante, semi ignorante e ignorante con ínfulas de saber, compuesta esta última por leídos y titulados, son un coñazo. Cuando el político llega a un elevado nivel de mando, ya sabe lo que tiene que hacer, pero durante el tiempo que el mando le dura, se ve obligado a soportar el incordio de los que, sin entender un ápice de las interioridades de la política práctica, se creen con derecho a importunarle porque le han votado. Es por esta razón que no hay político con mando en plaza que no envidie, aún en lo más recóndito de su alma, gobernar con la tranquilidad inalterable de los dictadores.
Hay que ponerse en la piel de un político para comprender el engorro que supone saber su trabajo observado, controlado y criticado por los mindundis. Sólo así, con auténtica empatía, podremos comprender la nostalgia que sienten Mariano Rajoy y los suyos por el pasado franquista. Ay, qué tiempos aquellos en que, si alguien se movía, le sacaban de la foto a patadas o de un balazo, por lo que no había guapo que se moviera. Ay, qué tiempos aquellos en que la España nuestra era un remanso de paz. Por eso, con la elevada intención de devolver la paz a los españoles, Mariano Rajoy se propuso, desde el primer momento en que la mayoría le sentó en el trono, recuperar la España una, grande y tranquila; librar a los españoles de la pesadilla de cuarenta años de democracia.
La tarea no resultó tan difícil como cabría pensar; no a un príncipe de los ingenios políticos como Rajoy. Se fijó dos objetivos: demoler las instituciones democráticas y neutralizar al principal partido de la oposición. El PSOE no suponía en aquellos momentos ningún peligro que no pudiera vencer la mayoría absoluta del PP, pero había que prepararse por si en algún momento dejaba de ser absoluta.
Rajoy y los suyos se aplicaron enseguida a la demolición de las instituciones con el esmero y la diligencia de hormigas. Para evitar una enumeración de los actos que se llevaron a cabo con tal fin, actos que ya han pasado a la historia, dejo aquí el enlace al artículo en que los enumeré allá por el mes de junio de 2016. “Objetivo demolición”, se llamaba.
Pero la demolición, lenta y sin ruido, no se terminó hace un año. Llevamos unos días asistiendo al espectáculo del derrumbe de la Fiscalía. Resulta que el Fiscal Anticorrupción fue nombrado por su aprecio al PP, y resulta que el mismo propuso a los fiscales suspender uno de los registros practicados este miércoles en busca de pruebas para los casos de corrupción en el Canal de Isabel II, y resulta que impuso no acusar de organización criminal al principal imputado por el caso. Si, mosqueados por la actuación de ciertos jueces, a los ciudadanos sólo les quedaba la confianza en el Ministerio Público, después de comprobar el contubernio entre el gobierno y los fiscales, ya no habrá cándido capaz de creer en la justicia, suponen.
En cuanto a la neutralización del PSOE, diríase que Mariano Rajoy y los suyos fueron favorecidos por un milagro de Dios. En la campaña electoral de 2015, ocurrió un fenómeno inaudito; inaudito en España y en cualquier parte del mundo. La élite del PSOE demostró públicamente su animadversión a su propio candidato. Cuando, a pesar de todo, el candidato saca, por dos veces, los votos suficientes para mantenerse como jefe de la oposición, la élite le obliga a dimitir. ¿Por qué? Porque Pedro Sánchez se negaba a imponer a los diputados del PSOE que se abstuvieran para permitir el gobierno del PP. Le sucede una Gestora que impone a los diputados la abstención para que Mariano Rajoy vuelva a ser presidente. El PSOE se divide y se desangra. Tan maltrecho le ha dejado la batalla interna que haría falta otro milagro para devolverle el prestigio y la posibilidad de que los ciudadanos vuelvan a considerarle una alternativa a la derecha. Hoy por hoy, la élite del PSOE ha conseguido evitar que el primer partido de la oposición amenace el poder de Mariano Rajoy y los suyos. ¿Milagro? Quien no crea en milagros puede entretenerse investigando antecedentes y consecuentes de los personajes involucrados, para elaborar su teoría de la conspiración.
Y bien, al día de hoy de 2017, las encuestas dicen que la mayoría de los ciudadanos ya está lo suficientemente ablandada a palos, abrumada por las noticias de corrupción, paralizada y enmudecida por el pánico a que le pueda caer algo peor. Las encuestas dicen que al gobierno del PP le esperan largos años de victoria. ¿Conseguirán en ese tiempo aprobar las leyes que faltan para que el país vuelva a ser el baluarte de la defensa de los valores que adornaban a la España de Franco? Visto lo visto, ¿por qué no?
Se oye la voz lejana de Pedro Sánchez ensalzando la libertad, la igualdad, la solidaridad; los valores del socialismo. ¿Cuántos oídos quedan abiertos a esa voz? Dicen que son miles los que la escuchan, aunque los medios de comunicación apenas se hacen eco y con sordina. Dicen que son millones los que repiten que, a pesar de todos los esfuerzos por matarnos el alma de miedo, de asco, de aburrimiento, nuestras almas aún no están muertas. Dicen que mientras hay vida, hay esperanza.
María Mir-Rocafort es analista sociopolítico.


























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