Los guardianes de la moral se han puesto en acción. Ansiosos de tomar el primer plano y subir al escenario, visto que su popularidad hacía aguas por todos lados, y no por la concepción divina, han salido a la calle a soltar su bilis consagrada contra quienes no piensan como ellos.
Una vez más la iglesia y sus acólitos ( “Hazte oír” es uno de ellos) viendo que las costumbres se han relajado y la gente quiere vivir en paz y ser lo que les dé la gana ser, “si eres hombre puedes tener vulva y si eres mujer pene”, se han propuesto llevar a cabo su cruzada contra el desorden moral de las costumbres arrogándose en portavoz de todos.
Y como el diablo nunca descansa y si se aburre mata moscas con el rabo, este lunes de Carnaval el Obispo de Canarias, no teniendo nada mejor que hacer, se ha puesto a ver la Gala Drag y ha considerado irreverente e irrespetuoso que un estudiante y aspirante a profesor de religión les haya enmendado la plana dándole un poco de humor a tanto amor; y pese a que su mejor alumno ganó el primer premio, no fue del gusto del señor obispo que se sintió ultrajado en un auto de fe iconoclasta e irreverente. ¿Qué es el Carnaval sino esto?
Y es que las carnestolendas siempre han sido un canto a la carne, al desfogue necesario ante tanta miseria y la fiesta canaria por excelencia. Peo el señor obispo no parecen gustarle y por eso con sus declaraciones no ha hecho otra cosa que incendiar la polémica (con lo que nos gusta los debates fatuos) y promocionar más aún la Gala Drag Queen.
No se arrecie, señor obispo, y recuerde siempre que no ofende quien quiere sino quien puede; aunque ofendidos sí que están y con razón los familiares de las víctimas del accidente aéreo a quien usted menciona con tan poco tacto. A buen seguro que a algunos católicos, y a los no tanto, les hubiese gustado que usted se pronunciara con el mismo fervor ante las muchas mujeres asesinadas por la violencia machista que llevamos en este año o que se hubiese puesto del lado de las víctimas que delataron a párrocos pedófilos y que aún siguen aún en sus cargos apartados por la curia en su retiro espiritual.
Triste país tenemos capaz de dar píe a tanto por tan poco. Todavía recordamos cuando hace unos meses un grupo de radicales religiosos, igualmente ofendidos, por una caricatura publicada en el semanario satírico Charlie Hebdo sobre Mahoma la acometieron a tiros contra el periódico asesinando a doce de sus dibujantes.
Los fundamentalismos de cualquier índole es lo que tienen: no aceptan, no toleran, no debaten, cuando no entienden algo, simplemente lo eliminan, no hay término medio ni humor que valga.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

























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