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Los mudos gritan

Cojeda1 Domingo, 01 de Enero de 2017 Tiempo de lectura:

La facción neoliberal del PSOE  está cobrando su premio en todos los medios del país. No hay día en que no salga Susana Díaz en fotos y en vídeos sonriendo, abrazada a Bono, a Zapatero, prodigando agradecida simpatía a aquellos que le prometieron, y están cumpliendo, elevarla a la secretaría general del PSOE, brindarle la candidatura  a la presidencia del gobierno y conducirla a La Moncloa con la potencia de sus sacralizados nombres. Constatado el éxito de poner en portadas y pantallas la cara de Pablo Iglesias Turrión a todas las horas de todos los días, los medios se lanzan a por otro objetivo, catapultar al estrellato a Susana Díaz.

 

El asunto plantea una serie de preguntas. Empecemos por la primera y sigamos en orden.

 

En el argumentario de la Gestora para justificar el golpe del 1 de octubre, se recomienda encarecidamente a los seguidores que acusen a los militantes que no la siguen de insultar a los actuales dirigentes del PSOE,  demostrando su ira y su odio hacia quienes defenestraron a Pablo Sánchez. Eso se llama reducción; reducir una enormidad a simples emociones; reducir la indignación de los militantes díscolos a un berrinche de fans furiosos contra quienes han hecho daño a su ídolo.

 

Entre los insultos que más acusan los actuales dirigentes, está llamarles neoliberales. Parece justificado que un socialista tome a insulto que le adjudiquen una ideología contraria a la que pregona, ideología que le arranca de la izquierda y sugiere su connivencia con la derecha neofranquista. ¿Es, en efecto, un insulto, una injuria, una calumnia considerar neoliberales a los actuales dirigentes del PSOE?

 

Violando los estatutos con interpretaciones y justificaciones torticeras, estatutos que otorgan a una gestora únicamente el poder de convocar Congreso, de gestionar el partido hasta que el Congreso elija a los legítimos dirigentes, la Gestora surgida del 1 de octubre se arroga el derecho a decidir quién va a gobernar a España, y otorga la abstención de los diputados del PSOE para que pueda volver a gobernar un partido neoliberal defensor del capitalismo salvaje. ¿Es una calumnia considerar neoliberal a quien utiliza su poder para permitir que el neoliberalismo se consolide en España?

 

Si se considera como un premio que los medios afines a la derecha le concedan al PSOE de la Gestora la atención que le negaron al candidato socialista durante las dos campañas electorales, ¿qué están premiando?

 

Se puede decir porque es una evidencia, que casi todos los medios del país son afines a la derecha, abierta o subrepticiamente. Lo demuestran, sin lugar a dudas, los nombres de los principales accionistas de los principales medios.  El omnisapiente Google ofrece las listas de esos nombres a cualquiera que se tome la molestia de pedirlos. Pues bien, suponer que esos accionistas son perfectamente neutrales y no pretenden, en modo alguno, dirigir la opinión de de sus periodistas es tan infantilmente ingenuo que a ningún adulto le cabe en la cabeza. ¿Quiere esto decir que ejercen una censura abierta sobre sus asalariados? No hace ninguna falta. Basta que los vientos lleven el mensaje de sus preferencias para que los asalariados, todos ellos dotados de buen olfato, sepan hacia donde tienen que decantar su opinión si quieren conservar empleo y sueldo.

 

La descarada propaganda a favor de Pablo Iglesias Turrión y su Podemos obedeció claramente a la voluntad de crear un partido de izquierdas que restara votos al PSOE; un partido radical que no amenazara con ganar las elecciones porque sabido es que la mayoría, conservadora por naturaleza, no se aventura a votar radicalismos. La propaganda, que ya empieza a ser descarada, para aupar a Susana Díaz, parece el pago de un favor. ¿Qué favor? Entregar el gobierno al PP, ¿parece poco?

 

¿Pero no temen, los afines a la derecha, que aupando a Susana Díaz se permita la resurrección del PSOE, su restablecimiento como alternativa de gobierno? Creer que el PSOE puede recobrar la imagen del partido socialdemócrata que ofrecía a los españoles el estado de bienestar que defiende el socialismo; creer que después del golpe del 1 de octubre contra la voluntad de su militancia; creer que después de obligar a sus diputados a abstenerse para entregar el gobierno a un partido corrupto que había gobernado contra las libertades y derechos de los ciudadanos durante cuatro años; creer que después de todo eso el partido puede recuperar la confianza de los españoles solo publicitando la cara nueva y sonriente de una señora muy bien vestida apoyada por las viejas glorias del partido,  obedece al más ingenuo optimismo antropológico que se le atribuía al Zapatero de los brotes verdes. El PSOE, con cara masculina o femenina, ya no le da miedo a nadie. La derecha le puede pagar sus favores haciéndole propaganda porque ni con toda la propaganda que le hagan lo van a convertir en un rival temible.

 

Veremos y oiremos pues cómo el PSOE pone contra las cuerdas al PP derogando sus leyes más antisociales. Rajoy verá y oirá la falacia sin que se altere un ápice su cachaza habitual. Sabe que nadie le puede derogar ley alguna sin proponer otra. Sabe que si proponen otras cualquiera de los partidos de la oposición, tiene en sus manos la convocatoria de nuevas elecciones.  ¿Qué no hará el PSOE de la Gestora para evitarlas sabiendo que su partido puede verse relegado al penúltimo, si no al último lugar?

 

Susana Díaz, mientras tanto, podrá disfrutar viéndose como famosa preferida de los medios. Si el ansia de poder y de notoriedad  le han descompensado del todo el entendimiento, puede que hasta se  imagine presidenta de España. Pero los que la apoyan y la aúpan tienen el entendimiento muy sano. Saben que ni Díaz ni nadie que se presente bajo las siglas del PSOE conseguirá triunfar. Solo una ingenua del copón o a una populista sin escrúpulos se le ocurre que se puede desgarrar a un partido político y volver a recomponerlo con unas cuantas costuras.

 

Entonces, si las viejas glorias saben que Susana Díaz no tiene la más mínima posibilidad de restaurar el prestigio, la credibilidad del PSOE, ¿por qué la apoyan, por qué se comprometen poniendo sus caras junto a la de ella para las fotos, por qué la alaban atribuyéndole dotes excepcionales como si fuera un Messi de la política?

 

No caigamos en la ingenuidad de pensar que se equivocan. Saben muy bien lo que hacen. Todas las viejas glorias disfrutan de pingües beneficios como presidentes de consejos, de fundaciones, o de ingresos astronómicos como conferenciantes. Se han colocado  sin dificultad alguna en puestos privilegiados de mundo neoliberal. En ese mundo, la socialdemocracia estorba.

 

Con el pragmatismo aprendido en sus largas lides políticas, las viejas glorias han comprendido que la socialdemocracia debe desaparecer de los gobiernos  para que los países disfruten de un nuevo concepto del progreso; el progreso que garantizan los grandes empresarios y financieros. ¿Y los ciudadanos? El neoliberalismo lleva años prometiendo que los ciudadanos también se beneficiarán del progreso de los ricos; años sufriendo la disminución de salarios y derechos. Que esperen un poco más, dicen los privilegiados. Y mientras esperan, que sigan votando a quienes les prometen prosperidad en un futuro sin fecha.

 

El objetivo de las viejas glorias del único partido socialdemócrata que tenía España, fue eliminar al Secretario General elegido por la militancia, que creyó su deber cumplir con las promesas que pregonó en su campaña electoral; promesas que, en resumen, significaban devolver el partido a la izquierda, posición de la que le había apartado José Luis Rodríguez Zapatero con las medidas neoliberales de su segunda legislatura. Pedro Sánchez se negó a convertirse al neoliberalismo triunfante y soñó con una España socialista. Las viejas glorias planearon concienzudamente el modo de eliminarle y con él, toda esperanza de que la socialdemocracia volviera a regenerar la política en este país poniendo en peligro la situación económica de los dueños del dinero.

 

¿Insultos, calumnias? Realidades tan duras que nadie las puede ignorar; realidades que se niega a ignorar una militancia socialista dispuesta a luchar lo que haga falta para recuperar un partido que prometa y cumpla devolver a la sociedad los valores de justicia, igualdad y solidaridad que sigue pregonando la socialdemocracia aunque todos los poderes de la tierra hagan lo imposible por apagar su voz.

 

El enemigo de las viejas glorias del PSOE es hoy la militancia. Por eso es la militancia la diana contra la que hoy apuntan la Gestora y sus seguidores. Sorprendidos por la reacción de ciudadanos anónimos a quienes ni se les suponía una ferviente entrega a los valores socialistas; ciudadanos cuyos actos en favor del partido se atribuían a objetivos pueriles como la pertenencia a un grupo, la fidelidad a unos compañeros por el hecho de serlo; quienes se han demostrado dispuestos a eliminar del PSOE los valores socialistas contemplan con estupor la rebelión de sus bases. De pronto se enfrentan, atónitos, al hecho de que los milagros existen; de que la voluntad de supervivencia puede hacer que los mudos hablen.

 

María Mir-Rocafort es articulista y analista sociopolítico.

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