Sí señor, David Pérez García, alcalde de Alcorcón, diputado del PP, militante del más rancio pensamiento franquista, las feministas estamos rabiosas y lo estamos por muchas razones. En primer lugar, porque mientras usted sigue ahí en su poltrona despotricando del movimiento que defiende la igualdad de las personas, algunos hombres, como usted, pueden decir lo que les venga en gana y no pasa nada.
Porque, si algún político se hubiese atrevido a cuestionar la democracia, por poner un ejemplo similar, ya hubiese estado expulsado de las filas de su partido. Sin embargo, se atreve a atentar contra el movimiento social que ha conseguido los mayores avances para la mujer y aún sigue ahí en su puesto. Nuestra rabia, señor Pérez, tiene una razón justa: que aún en pleno siglo XXI el machismo sigue matando a mujeres en el mundo por comentarios de ese tipo, y por políticos que, como usted, no son la excepción sino la regla en un país donde una de cuatro mujeres reconoce haber sido víctima de violencia machista.
Necesitamos la rabia, Señor Pérez, porque la rabia nos da fuerza ante machos alfa como usted o el alcalde de Valladolid, Javier de León, cuando dijo a los medios, a cuenta de las violaciones ocurridas a principios de agosto en los parques de Valladolid, que "hay veces que a las 6 de la mañana una mujer sola tiene que cuidar un poco por donde va. O cuando su compañero, alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, comentó que "En España hay más de mil violaciones al año" y "no se puede poner un policía detrás de cada ciudadano".
No nos faltan razones para estar rabiosas y enfadadas contra personajillos como usted que tan poco favor hacen a la sociedad. Porque no podemos pedir a la ciudadanía lo que no damos, y luego echarnos las manos a la cabeza al ver el incremento de los parámetros machistas entre los más jóvenes y preguntarnos alarmados cómo es posible esto. En declaraciones retrógradas como esta, está la respuesta.
El machismo, germen de la desigualdad, sigue vigente en nuestra sociedad más que nunca. Por eso, las feministas, rabiosamente indignadas, seguimos en pie de guerra.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.


























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