Hace cuatro años, tal día como hoy, me encontraba en Nueva York. También como hoy, era un día de especial trascendencia y se prometía como una madrugada intensa ante las elecciones presidenciales que barren un país con tantos husos horarios. Con tanta heterogeneidad ideológica. Un país que en realidad son muchos, pero que elige como uno. Un país cuyo rumbo marca aún hoy el devenir de tantos otros de este planeta, y que como pocos, sirve de modelo: a imitar a veces, del que alejarse otras tantas.
Aquella noche, yo turista y latino, salía del Marquis Theatre, justo en pleno Broadway como no, tras disfrutar de un espectáculo con sabor a inmigración: Evita. Ricky Martin, un ejemplo más de lo que significa dejar tu tierra en búsqueda del éxito, acababa el show pidiendo en aquella ocasión colaboración para los damnificados del Huracán Sandy, que pocos días antes había asolado la costa este de los Estados Unidos.
Y es que los Huracanes no entienden de fronteras, aunque la devastación sí que distingue entre ricos y pobres... Al salir de la sala, me volvieron a picar los ojos, pues pasé de la oscuridad de aquel teatro a la luminosidad habitual de la Plaza del Tiempo -nunca me había dado por traducir la mítica Times Square-, esa noche acrecentada por una ingente cantidad de unidades móviles y sets de televisión en la calle, para retransmitir la fiesta que se nos venía encima. Me dejé llevar y pronto me vi entre neoyorquinos, café en mano, invitación de la CNN, aplaudiendo cada cierre de Estado. En aquella ocasión mis gritos diferenciaban las que eran victorias de Obama por supuesto. Como potencial y eterno inmigrante, que es como nos sentimos los españoles en cualquier país rico, no podía ser de otra manera. Como defensor de la igualdad, porque de alguna manera mis padres me enseñaron que debemos siempre empatizar con las minorías reprimididas, antes que con las mayorías acomodadas, menos que dudar...
Si hoy estuviera en Manhattan, tampoco tendría mucho que pensar. Quizás me afecta un discurso rancio que me lleva al tópico de ese norteamericano medio, rifle en mano, ignorante del resto del Mundo, obsceno, con un cierto aire infantil de superioridad y que no quiere entender porque los demás les sobramos; quizás me resulta atractiva la idea de que USA sea una nación liderada por una mujer, aunque esta haya podido mamar de las mismas argucias masculinas por contacto marital... En cualquier caso y aunque sin los gritos, ni el envidiable entusiasmo de Iceta, me sumo al "Go Hillary, go".
En este final de 2016, cuando los españoles hemos tenido que aprender a vivir las incertidumbres que al final no son tales, y nos devuelven a 2015 sin más... Tras pasar de un posible cambio a políticas más sociales y hacer borrón a una etapa de recortes y corruptelas... Tras regresar de pronto a una casilla de salida, que aún es más favorable para el Partido en el Gobierno, pues la Izquierda se resquebraja...
¡Me resulta casi hasta alentador que un Señor como Trump pueda estar aún en la carrera presidencial! Y es que sólo ver cómo está el patio en este Planeta nuestro, me permite no desfallecer ante el hecho de que un año después, la posibilidad de un referéndum en Cataluña o no sé qué probabilidad de importar una sombra de la situación venezolana a esta "Grande y Una" que es España, haya podido ser más creíble que las realidades palpables de los casos de desfalcos de arcas públicas, las amnistías fiscales para los más pudientes, la debilitación de la situación de los trabajadores ante los abusos empresariales, o la pérdida de parte de nuestro sistema de bienestar social. El miedo a lo que se decía que podía llegar, ganó a la frustración y al asco de lo que vemos en titulares. Al final, nuestros representantes optaron por evitar los augurios de un virus que a lo mejor ni lo llegaba a ser, antes que atajar la realidad de una gangrena que lleva amputadas muchas de nuestras extremidades.
Lejos de la Gran Manzana, me dejaré deslizar por internet para averiguar cómo van Iowa o Illinois, aún cuando realmente no sepa ni colocarlos bien en un mapa, porque por un día, todos somos un poco vaqueros... Y es que, lo queramos o no, mañana el Mundo mirará con curiosidad a los Estados Unidos de América y si tal y como hablan los entendidos, si allí se votó contra uno o contra la otra...
Parece que al final españoles y norteamericanos nos parecemos mucho más que lo Berlanga reflejara en su mítica "Bienvenido Mr. Marshall" y en 2016, a ambos pueblos nos guía más el miedo que la ilusión.
(1) Estribillo de la célebre canción que Lolita Sevilla cantaba junto a José Isbert y Manolo Morán en "Bienvenidos Mr. Marshall" (película de 1953)
Juan Marcos Pérez Ramírez es ingeniero de Telecomunicaciones y ciudadano de Telde.


























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