Al menos tres generaciones distintas de mi familia: mis padres, yo mismo y mis hijos, creímos y apostamos por un Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde al menos 1980. Mis padres y yo, y también millones de españoles, creímos en octubre de 1982 en un PSOE, liderado por Felipe González, que significaba un cambio importante en este país porque dejábamos atrás casi cuarenta años de la dictadura de Franco y a muchos franquistas que se perpetuaban en el poder, bien a través de Unión de Centro Democrático (UCD), bien a través de Alianza Popular (AP), el antecesor del Partido Popular (PP). No hago mención a otros partidos minoritarios que se formaron con los restos del régimen franquista.
Felipe González significó en aquellos años un líder carismático e indiscutible y por él que millones de españoles dábamos la cara en cualquier rincón de España. Hasta tal punto me convenció que en 1990 me afilié al PSOE y le representé, primero como alcalde y después como concejal, en el municipio de Mogán (Gran Canaria), en las legislaturas 1991 – 1995 y 1999 – 2003.
En todos los procesos electorales, fuese para el Parlamento Europeo, para las Cortes Generales, para la Comunidad Autónoma de Canarias, para el Cabildo Insular de Gran Canaria o para el Ayuntamiento, mi foto era fiel para el PSOE.
¿Qué pasó para pasar de la ilusión al desencanto con Felipe González y con el PSOE?. Descubrir que Felipe González fue un bluff en toda regla y que en el PSOE la corrupción era tan habitual como en la derecha. Sólo recordar también la financiación ilegal del PSOE, como ha hecho también el PP, a través de las empresas Filesa, Malesa y Time Export.
A los gobiernos de Felipe González hay que achacarle la politización del sistema judicial, con el nombramiento de jueces para el Consejo General del Poder Judicial ya que son las Cortes Generales (Congreso y Senado) los que eligen a los veinte miembros, llamados vocales. Si ya la justicia estaba politizada con el nombramiento político de la mayoría de los miembros del Tribunal Constitucional, ya que sus doce miembros son nombrados de la siguiente manera: cuatro a propuesta del Congreso de los Diputados por mayoría de tres quintos de sus miembros; cuatro a propuesta del Senado, con idéntica mayoría; dos a propuesta del Gobierno y dos a propuesta del Consejo General del Poder Judicial, colocar jueces políticamente afines al PSOE y PP en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que es el gobierno de los jueces, fue culpa del PSOE, que tenía una amplia mayoría absoluta cuando se aprobó la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial. Antes de esa ley, los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) eran elegidos por los propios jueces.
No voy a extenderme en el caso GAL. Solo recordar la declaración prestada el día 6 de abril de 2011, en la Audiencia Nacional, por el ex subinspector de Policía José Amedo –condenado a 108 años de cárcel por atentados de los GAL– que aseguró que Felipe González «estaba detrás de todo, fue una decisión exclusivamente política». Eso fue definido como que Felipe González fue el hombre X del caso GAL. Felipe González nunca se querelló contra José Amedo por esta declaración.
Tampoco quiero extenderme en el caso Banca Catalana. Solo recordar que los fiscales José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo elaboraron la querella que se presentó en mayo de 1984, contra el consejo de Administración de Banca Catalana, incluido su vicepresidente ejecutivo, Jordi Pujol, entonces presidente de la Generalitat.
En una entrevista publicada por eldiario.es el 2 de agosto de 2014, el exfiscal Carlos Jiménez Villarejo manifestó que “los gobiernos de Felipe González -también los del PP, pero menos- protegieron a Pujol y a los gobiernos de CiU de todas las actuaciones penales que les pudieran perjudicar”. “Entre otras razones porque en alguno de estos periodos, Jordi Pujol apoyó al Gobierno de Felipe González, cuando perdió la mayoría absoluta”. Acabó rematando la faena cuando afirmó que “Los fiscales generales del Estado, en esa etapa nombrados por el PSOE (Luis Antonio Burón Barba y Javier Moscoso del Prado y Muñoz, que son los que coincidieron en esas fechas) me prohibieron que iniciara ninguna investigación y paralizaron siempre cualquier investigación que pudiera perjudicar a Convergencia Democrática y, particularmente a Jordi Pujol a través de sus consejeros”.
Solo mencionar algunas de las amistades peligrosas de Felipe González, como la capo de la cocaína y del narcotráfico colombiano, Pablo Escobar, que asistió, entre otros, como invitado a la fiesta que se celebró en un hotel de Madrid para celebrar la victoria del PSOE en octubre de 1982.
Y hablar de las indecentes “puertas giratorias”, a través de las cuales Felipe González se sienta como consejero independiente de Gas Natural. Tiene un salario de 126.500 euros que, divididos entre las once reuniones anuales del Consejo de Administración, sale a 11.500 euros por cada una de ellas.
Y si todo eso ya sería suficiente para detestar a Felipe González, ahora ha demostrado realmente quién es, traicionando a la ejecutiva del PSOE y, de paso, a todos los afiliados, militantes y simpatizantes, al encabezar el golpe de estado contra el Secretario General y el órgano ejecutivo del partido.
El periódico digital Voz Populi publicó el pasado jueves que El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, conocía de primera mano el golpe que iban a dar varios barones del PSOE para derrocar a Pedro Sánchez como Secretario General del partido.
El periódico Voz Populi publicó el pasado jueves, día 6 de octubre, que uno de los encargados de informar personalmente a Mariano Rajoy de los movimientos contra Sánchez fue el ex presidente del Gobierno Felipe González. Desde septiembre, Mariano Rajoy era conocedor de los "movimientos que pensaba promover en la sombra la presidenta andaluza, Susana Díaz, para poner fin al liderazgo de Sánchez de manera gradual". La traición acabó consumiéndose no se puede caer más bajo en política, como ha hecho, de forma rastrera, este Rasputín de la política española, que ha liderado todas las maniobras para cargarse al PSOE y ponerlo de rodillas, de forma humillante, ante un Mariano Rajoy y un PP, que solo tuvieron que esperar tranquilamente a estos indeseables le ofrecieran la cabeza de Pedro Sánchez.
En esta historia, Salomé (Mariano Rajoy) pidió la cabeza de Juan el Bautista (Pedro Sánchez) en una bandeja de plata. Como había dado su palabra, Herodes Antipas (Felipe González) lo mandó decapitar, y un guardia se encargó de entregarle la cabeza a Salomé (Mariano Rajoy) como la había pedido.
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.


























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