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La rebelión de los idiotas

Cojeda2 Domingo, 10 de Julio de 2016 Tiempo de lectura:

Para casi todos los políticos de este país, el término ciudadanos designa dos cosas. Es, en primer lugar, una palabra a ser utilizada en panfletos, programas, mítines, discursos: el partido trabaja para los ciudadanos; el programa tiene en cuenta los intereses de los ciudadanos, etc. En segundo lugar, la palabra ciudadanos designa a una masa amorfa de idiotas de una edad mental que no supera a la infancia, a quienes los políticos han de tutelar una vez conseguida la representación que los ciudadanos les otorgan con su voto.

 

Pues bien, aceptemos esta segunda acepción. Puede parecernos insultante, humillante, degradante, pero si analizamos el asunto desapasionadamente veremos que algo tiene de cierto. Cuando les toca convencernos para que les votemos, los políticos salen a la calle y nos dan la mano y un besito y posan con el  idiota que se quiere hacer foto para presumir ante parientes y amigos; nos llevan a un mitin y nos dan banderitas para que salgamos muchos en televisión y nos prometen cuatro cosas que llevan aprendidas y  nos dicen frases muy fáciles de entender y otras que emocionan  para que les aplaudamos y nos emocionemos y cosas así. Después vamos a votar y después nos vamos a casa dispuestos a estar calladitos hasta que vuelvan a llamarnos porque a los mayores no se les puede molestar.

 

Para casi todos los periodistas, comentaristas, analistas y opinantes varios de este país, el término audiencia es el nombre que se da a una masa amorfa de idiotas con una edad mental que no supera la infancia, en cuyos cerebros se han de introducir unas determinadas ideas, proceso que se denomina creación de opinión pública, ahí es nada. Quiere decir que como somos idiotas, si nos repiten mucho una cosa, la acabaremos repitiendo como idiotas y como idiotas nos acabaremos creyendo que las opiniones que nos han metido en la cabeza se nos ocurrieron a nosotros mismos. Puede parecernos insultante, humillante, degradante que nos consideren idiotas, pero por los efectos que produce el proceso, no podemos negar que algo llevan de razón.

 

El 26 de junio de 2016 más de siete millones de ciudadanos volvieron a votar al Partido Popular. Lo más impactante del asunto es que, por los motivos que todos conocemos, casi todos nos preguntamos cómo es posible. Excepción hecha de neoliberales convencidos por diversas  circunstancias personales, pocos osan confesar que votaron por el PP, tal vez por vergüenza de evidenciar su idiotez o algo peor. La pésima reputación de Mariano Rajoy y su partido ruboriza a sus fieles y les obliga a ir por el mundo con cara de yo-no-fui. Entonces, ¿por qué les votaron? Corren por la red unos vídeos de unos cuantos valientes que pocos días antes de las elecciones se atrevieron a contestar sinceramente a las preguntas de los periodistas que en aquellos días pululaban por las calles alcachofa en mano. Una señora no muy mayor y en aparente pleno uso de sus facultades mentales dice que la corrupción en este país ha llegado a proporciones insoportables, razón por la cual ella va a votar al único partido libre de corrupción: el PP.

 

Otra señora que se proclama no racista y de izquierdas dice que los inmigrantes son sucios, vagos y que privan a los ciudadanos de trabajos y prestaciones, razón por la cual ella va a votar al único partido que va a quitar el trabajo a los inmigrantes para dárselo a los españoles: el PP. Otros, hombres y mujeres, dicen que van a votar al PP porque más vale malo conocido que bueno por conocer. Otros, porque el coletas es comunista o porque Bertín Osborne ha estado en Venezuela y dice que Podemos puede destruir España o porque en España solo hay dos partidos, PP y Podemos, y Podemos da miedo. Otros porque son de partidos de ultraderecha y el PP es de lo más parecido. Otros porque en su casa siempre han votado PP desde AP. ¿Hay alguna razón inteligente? Más razonados parecen los motivos de los que decían  que iban a votar al PP porque la economía iba a mejor. Entonces va el entrevistador y les dice que Rajoy ha falseado los datos y que van a sancionar a España por no cumplir con el déficit. A lo que el interpelado responde que de economía no entiende. Por último, el triunfo del PP puede explicarse por razones socio-psicológico-lingüísticas. Mariano Rajoy domina a la perfección la lengua de los idiotas, razón por la cual los idiotas le entienden mejor que a cualquier otro político.

 

Gracias a estos ciudadanos y otros con similar capacidad de discernimiento, el PP fue el partido más votado y obtuvo 137 escaños. Lo que pasó el 20D mejor no repasarlo porque ya lo repasan en todas las tertulias radiofónicas y televisivas del país todos los días, laborables y festivos también, de manera que oyentes y televidentes podrían recitar lo que dicen como los niños de antaño recitaban de carrerilla los romances  del Romancero Español sin tener ni pajolera idea de lo que estaban diciendo. Algo se queda, sin embargo. Cuando los opinantes repiten sopotocientas veces que de aquellos polvos estos lodos, por ejemplo, hasta el idiota con menos luces entiende que aquello fue malo y que lo de ahora es peor.

 

¿Qué está pasando ahora? Pasa que los creadores de la opinión pública están creando una realidad imaginaria donde no sirven las brújulas.  El panorama político español se ha reducido de pronto a dos partidos; el PP y el PSOE. El PP ganó las elecciones y tiene que gobernar y el PSOE las perdió y tiene que permitir que el PP gobierne. ¿Porque lo dice quién? Los entrevistadores de políticos se desesperan intentando sacarle a algún personaje importante del PSOE  la declaración explícita de que el PSOE se tiene que abstener. Cuando sale uno y dice que se tiene que abstener solo un poquito y sale otro y dice que se tiene que abstener si no queda otro remedio, entrevistadores y opinantes ondean con entusiasmo la declaración como si hubieran ganado una batalla. ¿Por qué tanto entusiasmo como si en ello les fuera empleo y sueldo? Porque a lo mejor les va.

 

Pero resulta que también está pasando una cosa insólita. Resulta que de la masa de idiotas que hasta ahora parecía que renunciaban al esfuerzo de pensar, están saliendo cada vez más voces que replican a los opinantes recordando al inolvidable Ozores: -No, hijos, no.

 

Dejando de lado a los muy pequeños, aquí sigue habiendo cuatro partidos. Si el PSOE vota No, el PP todavía podría gobernar en minoría con la abstención de todos los demás. –Pero eso no puede ser-, dicen los opinantes mirándose  de soslayo con  algo parecido al temor.

 

–¿Y por qué no? –quieren saber esos ciudadanos que de pronto hacen oír su voz fuera de tiempo.

 

A ver, dentro de muy poco la Unión Europea exigirá a España nuevos recortes y reformas estructurales, lo que seguramente significará rebaja de sueldos, mayor flexibilidad en condiciones de trabajo y despido. Puede que el año que viene se haya agotado la hucha de las pensiones. Dentro de muy poco seguirán estallando escándalos de corrupción. Dentro de nada, alguien se atreverá a recordar a todos que la ilegal guerra de Irak, en la que Aznar quiso participar para complacer a su amigo Bush, se montó cuando Mariano Rajoy era vicepresidente del gobierno. En estas circunstancias, es evidente que el partido que apoye un nuevo gobierno del PP tendrá que cargar con la culpa de haber permitido el desastre. No se puede pedir a un partido tan puramente puro de izquierdas como Unidos Podemos que permita gobernar el PP absteniéndose.

 

¿De izquierdas? ¿No votó Unidos Podemos en Estrasburgo con el Frente Nacional de Marine Le Pen la disolución de los pilares de la Unión Europea? Si en Europa se unen a la ultraderecha ¿por qué no dan aquí sus votos a  Rajoy para evitar otras elecciones?

 

Porque Unidos Podemos es un partido en alza, con futuro, con probabilidades de convertirse en alternativa a la derecha. No se le puede pedir que se suicide apoyando al PP.

 

¿Y al PSOE, sí? ¿Por qué? ¿Porque todos los medios de este país y miles de voluntarios en Twitter y Facebook llevan dos años dejándose la piel, como dice el sobadísimo dicho, para eliminar al PSOE como rival del PP relegándole a los últimos lugares del pelotón? ¿Porque el PSOE es la auténtica y única alternativa a la derecha y terror, por lo tanto, de los neoliberales que ven cómo se les escapa una pieza del montaje que aspira a convertir a Europa en otro bastión del Dinero?

 

El PSOE no tiene vocación de suicidio. El PSOE ha tenido siempre vocación de gobernar para que España no se desvíe del progreso al que el PSOE la encaminó. El PSOE no está dispuesto a entregar el gobierno de España a un partido corrupto que está hundiendo a los españoles en una resignación cómplice.

 

No; no es no, dicen Pedro Sánchez y su equipo, y como Pedro Sánchez y su equipo demostraron hace dos años que para ellos los ciudadanos no son una masa de idiotas, y lo demostraron consultando a los militantes de base asuntos cruciales como el mismo cargo de Secretario General y un pacto de gobierno; a sus voces se unen sin miedo ni complejos miles de voces de ciudadanos, algunos militantes y otros no, que en las redes se enfrentan a todos los creadores de opinión repitiendo, con tenacidad, convicción, entusiasmo que no todos somos idiotas;  que no todos nos dejamos incorporar a la masa de idiotas que tragan todo lo que les echen sin elaborar; que la resignación no se ha apoderado de todos y que son muchos los que cada día realizan el esfuerzo de razonar para procurarse y procurar a sus familias una vida digna.

 

¿Qué el PP necesita apoyos para acceder al gobierno? Pues que se abstengan otros, todos los demás. El PSOE, en la oposición si no queda otro remedio, intentará frenar los desmanes del PP para evitar que acabe de hundir a España y a los españoles. ¿Y si los demás no quieren abstenerse? El PSOE y Pedro Sánchez no tienen miedo a nuevas elecciones porque siguen confiando en los ciudadanos y los ciudadanos son, para el PSOE y para Pedro Sánchez muchos más que los que por desidia se han dejado convertir en una masa de idiotas.

 

María Mir-Rocafort es escritora y columnista. Artículo publicado en su blog.

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