Saber que uno tiene razón no ayuda en nada cuando vivimos en un país de locos, todo lo contrario, más bien produce cierto descorazonamiento. Sucede que una acaba instalándose en una apatía descreída al ver cómo se repite de nuevo el día de la marmota. No hace falta que las encuestas ( 370 mil euros gastados en encuestas que dentro de unos minutos no servirán de nada.) digan lo evidente: todo seguirá igual que ayer e igual que hace seis meses.
Podrían haberse ahorrado el esfuerzo porque basta conocer a este pueblo para saber que el español medio tiende al inmovilismo. Pocas veces, por no decir ninguna, cambia de opinión. Su decisión es un dictamen, cuando un español toma una decisión no hay dios que lo mueva de ella. Su idea basada en creencias es siempre irrefutable, ni cambia de parecer ni dimite, esta y no otra es la marca España.
Un español que se precie es un hombre o una mujer que un día tomó una decisión y no la suelta, como si cambiar de opinión fuera tan feo como engañar a su esposa o pegar a su hijo. Ambas cosas las hacen, cuando nadie los ve, salvo cambiar de decisión, eso nunca.
La opinión de un español es su propia honra, y si por cualquier aciago atrevimiento te atreves a preguntar las razones de su parecer, todo serán evasivas y efusivos golpes de pecho, porque no hay razón de peso sólo un sentimiento apasionado y apegado a algo confuso pero que es ya su sello propio.
Las ideas en un español es un sentimiento inmutable e inconmovible, nada influirán en ellas, ni las corruptelas de los ministros cogidos con las manos en la masa, ni los sobornos a los jueces, ni la corona salvada por manos limpias, ni los sueldos de miseria, todo es permisible y comprensible, todos menos el cambiar de opinión. Porque si un español cambia de opinión es como si dimitiera, pero como si dimitiera de sí mismo, de su condición de hombre o mujer apegado a una idea que es su propia esencia.
Por eso hoy es otra vez el mismo día, el día de la noche donde todos ganarán, nadie pierde, salvando las excusas previas. Sólo se resiente una vez más la cordura, porque somos españoles, votamos con el corazón y no con la cabeza, Tocará dialogar, pero con interlocutores sordos y aferrados a la idea fija e inamovible no se prevé consenso posible. Nos queda circo para rato.































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.248