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Saharauis: Vacaciones en Paz 2016

Cojeda2 Domingo, 26 de Junio de 2016 Tiempo de lectura:

El 9 de julio de 2003, en el periódico La Provincia/DLP de la capital grancanaria, me publicaron un artículo cuyo título era: “Niños saharauis en España” que paso a reproducir por el interés despertado en aquél entonces y que ahora vuelve a estar de plena actualidad:

 

“Desde hace más de una década se viene desarrollando, en Canarias, una labor humanitaria digna de loa. El pueblo canario, los canarios, llevan acogiendo en sus hogares a un reducido número de niños saharauis. Podrían ser más ya que son muchos los ‘guayetes’ que están sufriendo la penuria del más cruel de los destierros. El carácter solidario de los canarios impera cuando se trata de apoyar a sus vecinos los saharauis. Las familias que realizan este menester lo hacen por propia voluntad y de corazón.

 

Alteran la paz de sus vacaciones para entregar a esos niños saharauis todo su cariño, su amistad y generosidad. Procuran, aunque sea tan solo por unos días, hacerles olvidar el infierno en el que viven de la manera más sencilla: tratándoles como uno más de la familia. Ahora que España preside el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es el momento para impulsar, de manera definitiva, la resolución sobre el olvidado Referéndum sobre el Sáhara. Siempre son los más débiles, los niños, los que pagan las consecuencias de los errores que cometemos los adultos. Estos niños se marcharán y regresarán; merecen hacerlo llevándose la esperanza de que pronto regresarán: al año siguiente; a su verdadero hogar: el Sáhara. Estos niños, hijos de los ‘guayetes’ con los que yo jugué, nos dejarán el mejor de los regalos: su sonrisa.”

 

Después de haber leído este artículo, en el que hablo del tiempo que llevan los ‘niños saharauis’ acudiendo, año tras año, a su cita con las islas, desde hace más de una ‘década’, es decir nos remontaríamos a 1990, para disfrutar de esas ‘Vacaciones en Paz’, no solo eran las Islas Canarias el lugar de ‘acogida’ de todas estas criaturas, sino que en muchas provincias de la Península lo hacían y, en la actualidad, siguen haciéndolo con la mayor tranquilidad y sin ningún problema ‘burocrático’, aunque este año, al parecer, ha habido algún ‘retraso’ que no ha tenido mayor transcendencia.

 

Son ya casi tres décadas, las que llevamos acogiendo a los niños saharauis ‘afincados’ sobre todo en Tinduf, y que se ‘distribuyen’ por todo el territorio nacional. Dos meses al completo en los que estos niños se dedican a disfrutar de unas “vacaciones en paz” de las que luego, al regresar de nuevo al territorio donde pasan el resto del año, tienen muchas experiencias que contar a sus padres y familiares de todo cuanto han aprendido y de lo que se han divertido con las familias que, en muchas ocasiones, ‘repiten’, ya que las familias españolas también ‘estrechan’ esos lazos en ese tiempo estival con estos saharauis que les proporcionan un gran cariño y de manera recíproca dichas familias los tratan casi mejor que a sus propios hijos.

 

Paso el testigo a una mujer saharaui, Benda Basiri que tuvo la ‘sensibilidad’ de hacer un escrito sobre los niños saharauis en el que explica con mucha ‘delicadeza’ el trato que deberíamos concederles a estos ‘guayetes’ que se merecen toda nuestra amistad.

 

"Las Vacaciones en Paz", ese proyecto que tiene por objetivo el que miles de niños saharauis disfruten de unas vacaciones diferentes, conlleva también la bonita experiencia de los primeros días de un niño que viene a España por primera vez.

 

Es curioso pero los niños llegan con un único tesoro su mochila, un ‘melhfa’ para la mamá acogedora, un par de pulseras y, en ocasiones, una carta que ponga en conocimiento de la familia la situación del menor.

 

Se acercan los días y los nervios aumentan cada vez más, los niños aterrizan desorientados, con miedo y felices a la par, es entendible porque es la primera vez que salen de su “nido” y aterrizan en un mundo totalmente distinto al suyo.

 

También es normal que les sorprenda y muchísimo un grifo abierto, que lo abran una y mil veces, ahora un chorrito, ahora otro chorrito, hasta llenar la bañera y oír su carcajada a cientos de kilómetros.

 

También es normal muy normal y entendible el que pregunte por el nombre de la gente, o por supuesto, el que muestre su lado tímido aunque en casa no deje de imitar todo lo que oye, que no quiera dormir en la cama, que se siente en el suelo, que ande descalzo, que no sepa usar los cubiertos, que quiera rezar en su cuarto, que los primeros días coma poco, bastante poco, e incluso, a veces nada, que pregunte sobre lo que está comiendo, eso, todo eso entra dentro de lo normal.

 

O que llore, los niños lloran porque sí y no hay que agobiarse por ello. Echan de menos a su familia y con el paso de los días se van haciendo con la situación.

 

A todo ello hay que añadir su fascinación por los ascensores, los edificios, el sentarse en la piscina y empezar a arrancar la hierba como si no hubiera mañana, su cara los primeros días es un verdadero poema.

 

Y para poema, el llevarles a la playa por primera vez y siempre es la misma reacción: “Ay la arena del Sahara ¿y este agua nunca acaba?” Hay que verlo y, por supuesto, vivirlo.

 

El programa, que funciona como tal desde mediados de los años 90, es gestionado por las Asociaciones de Amigos del Pueblo Saharaui en colaboración con la Delegación Nacional Saharaui y las delegaciones saharauis que existen en las distintas comunidades autónomas.

 

Acoger a un niño saharaui, es una lección, una lección para el niño y también para la familia acogedora. Se ponen a prueba muchos factores pero entre los más importantes quizás sea nuestra capacidad de dar sin esperar, el de dejarnos llevar, el de apreciar lo que tenemos, porque está claro que acoger es un acto de amor que no entiende de fronteras.

 

Hasta aquí el escrito de Benda Basiri, que hace una serie de ‘recomendaciones’ que allá por los años 90, los ‘guayetes’ tenían las mismas complicaciones que las que expone Benda, pero que las familias de acogida de estos niños siempre han tenido muy presente ese ‘cariño’ sin medida que hay que profesarles a todos estos niños y más si son ‘primerizos’ pues extrañan muchas cosas que en el lugar donde ellos viven, el ‘desierto’, pues aunque hayan conseguido en todos estos años ‘fabricar’ casi una ciudad de ‘barro’ (otros elementos como planchas que usan como techo) que ya cuenta con una serie de edificaciones como pueden ser escuelas, centros de salud, especie de ‘chabolas’ que cuando, como este año, llueve de manera torrencial, se ‘deshacen’ como si fuera un ‘castillo de cartas’…

 

Pero aún así han salido adelante y todavía siguen en su lucha por ‘regresar’ algún día a sus ciudades que fueron construidas entre los españoles y los saharauis en aquéllos lejanos años 60/70. Pues bien, esos niños se ‘extrañarán’ mucho, pero los que llegan por segunda, tercera o décima vez ya están ‘curtidos’ en esas lides y no se sienten ‘desplazados’, todo lo contrario… les cuentan a los ‘novatos’ cómo se deben comportar para divertirse a lo grande con la familia de acogida que les haya tocado en suerte…

 

Los chiquillos saharauis han llegado en esta segunda quincena de junio a sus lugares de origen y a partir de ahora, todas esas familias de acogida que solicitaron por los cauces ya establecidos desde hace tantos años, podrán disfrutar de su ‘compañía’ y, lo que es más importante, de su cariño y sensibilidad. La inocencia de estas criaturas, son un ‘espejo’ en el que debemos mirarnos la sociedad desarrollada, ya que ellos tienen ‘carencias’ verdaderamente insospechadas para nuestros hijos, pues allí, en los Campamentos de Tinduf a pesar de que han progresado ‘sobremanera’, no es el lugar más ‘idóneo’ para que estos ‘guayetes/as’ (que a lo mejor los más ‘suspicaces’ ponen alguna traba contra nuestro lenguaje) vivan. Pero ‘todo se andará’ y un buen día los saharauis conseguirán esa ‘libertad’ por la que tanto han luchado y su país será independiente y gobernado por sus propios habitantes, los nativos de una tierra como es el Sáhara Occidental.

 

Este sábado, 25 de junio, tuve la satisfacción de disfrutar de un día de playa, en la costa ‘teldense’, en Melenara, después del día de San Juan que también pude gozar con mis hijas de un mar apacible y que tuvo, la noche anterior, las famosas ‘hogueras de San Juan’ en la que la población tuvo un comportamiento ejemplar, ya que el mismo 24 de junio, las arenas de la playa de Melenara, estaban completamente limpias sin rastro de la ‘fiesta’ de la noche anterior.

 

Y se preguntarán a qué viene este comentario y la respuesta es bien sencilla: ya se nota la llegada de los ‘saharauis’ a nuestra ciudad, de las familias de acogida que comienzan a llevar a los ‘guayetes’ a que conozcan el mar, a que se bañen en sus playas y que disfruten con sus ‘tutores’ en estos dos meses de todo cuanto las maravillosas Islas Canarias les pueden ofrecer, totalmente ‘distinto’ a lo que están acostumbrados estos niños/as, que ‘carecen’ de muchas cosas que nosotros consideramos de uso diario y que ellos/as es la primera vez que se dan una ducha en un baño con su ‘mampara’ que les protege para que el agua de la ‘alcachofa’ que les moja su cuerpo y que ‘extrañarán’ al ver un artilugio tan desconocido para estos saharauis que no sabrán para qué sirve en primera instancia.

 

Aquellos que ya han ido viniendo los años anteriores, ya no tienen esos problemas. Son los que vienen por primera vez, tanto a las islas como al resto de provincias peninsulares los que se ven ‘sorprendidos’ por los adelantos que nosotros, los canarios y los madrileños, aragoneses, zamoranos, catalanes, gallegos, etc. llevamos años haciendo uso de esos enseres que los saharauis ‘desconocen’ ya que tienen otras costumbres más antiguas: comen con las manos, según qué cocinen sus madres, se sientan en el suelo (como comentaba Benda), pero sin darse cuenta, en tan solo unos pocos días, ya se han ‘adaptado’ a nuestro modo de vida y ‘comparten’ con los que hacen las veces de ‘hermanos’, los hijos biológicos de las distintas familias de acogida, todas nuestras propias formas de llevar a cabo esa comida o el dormir en una cama ‘mullida’ y sin que los mosquitos te ‘acribillen’, pues en el desierto es muy frecuente estos insectos que en España, en su conjunto, solo aparecen en verano pero no con intensidad que los padecen en el Sáhara Occidental, donde las temperaturas llegan a alcanzar, rondan muy a menudo los 50º… ¡Un calor ‘insoportable’…!

 

Para terminar tan solo añadir mi ‘gratitud’ a todas esas familias que han decidido tener en ‘acogida’ durante un período de dos meses a unos niños/as, a unos ‘saharauis’ que, a pesar de las tres décadas que llevan haciéndolo, no se cansan y cada año son más los que visitan España en su conjunto, pues son muchas familias las que se ‘apuntan’ a una experiencia que realmente vale la pena esa ‘convivencia’ con unas criaturas que se merecen eso y mucho más, tan solo por el ‘sufrimiento’ que llevan padeciendo más de 40 años, en el ‘exilio’, en un desierto que es muy ‘complicado’ llevar una vida ‘digna’…

 

¡Por unas ‘Vacaciones en Paz’ y, cómo no, por un “Sáhara Libre”…!

 

Francisco Javier Burón Monís es ciudadano de Telde.

 

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