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Orlando, no tan lejos

PePiTA Martes, 14 de Junio de 2016 Tiempo de lectura:

Si en una charla coloquial preguntase a mis alumnos acerca de su condición sexual muy pocos serían capaces de manifestarse abiertamente como homosexuales en caso de que lo fueran. No es de extrañar esta actitud, los adolescentes se encuentran en una etapa donde lo principal es ser aceptado por su grupo de iguales. Ser gay, lesbiana, transexual o bisexual es considerado a los ojos de los demás no sólo como una opción o condición sexual sino como una característica negativa que se debe ocultar o silenciar ante los otros.

 

A pesar de que el avance en el reconocimiento de los derechos de los homosexuales ha sido importante en España en los últimos tiempos, queda aún mucho por hacer para la igualdad real de este colectivo.

 

Si bien es cierto que en las escuelas se trabaja desde hace años el respeto a la diversidad y la tolerancia, existe una corriente subterránea atávica de odio hacia el diferente que se manifiesta en forma de bromas o chistes poco inocentes, en un vocabulario menospreciativo, en insultos, en alusiones soterradas y descalificatorias, todo política y socialmente aceptado, que alimentan minuciosa y paulatinamente estos delitos de odio.

 

De los miedos, de la invisibilidad de muchos, del silencio cómplice de todos los implicados se beneficia igualmente la corriente larvada de homofobia. No sólo los adolescentes ocultan a los demás su orientación sexual para ser aceptados, muchos compañeros, profesores, se manifiestan incapaces de revelar su condición sexual en el aula por miedo a ser a tratados de forma diferente, no sólo por lo alumnos sino por los mismos padres.

 

Queda, por lo tanto, mucho que hacer en la escuela y fuera de ella para acabar con la intolerancia y homofobia que padecemos. Los adolescentes, como los adultos no quieren ser diferentes, sino iguales, iguales en derechos, iguales en consideración social, iguales en reconocimiento ante sus amigos. Ser gay, lesbiana, transexual o bisexual es ser distinto y eso está bien para aquellos artistas o gente del espectáculo que se lo pueden permitir, pero un chico de barrio, una muchacha que sólo quiere hacer amigos no está dispuesto a asumir semejante carga social por lo que, previsiblemente optará por el silencio. De su silencio, de nuestra cobardía, de la intolerancia social, se alimenta los delitos de odio, los fanáticos como Omar capaces de provocar la matanza de Orlando.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

 

 

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