Amigos, en este primero de Mayo, fiesta de S. José Obrero a la vez que felicito a todos los trabajadores le dedico el minuto a un gran atleta del evangelio. Sí, el amigo se llama Pedro Casaldáliga y tiene ya más de 80 años viviendo todavía en Mato Grosso del Brasil, en aquella diócesis inmensa donde estuve 2 años cerca de ese gran testigo del evangelio y gran defensor de los pobres especialmente de los indios de la región. De verdad que no se me olvida lo que un día él mismo me decía: "Estimado Paco, sigo soñando con una Iglesia que esté más cercana al mundo de hoy".
Amigos, les recuerdo que el obispo Casaldáliga nació en Cataluña en el año 1928 y hoy tiene más de 88 años de vida entregada a los más pobres y en especial a los pueblos indígenas de la Amazonas. Con mis ojos yo pude ver que él era todo un valiente Juan Bautista que animaba a ser testigo con hechos más que con palabras. Recuerdo que estando cerca de él pude constatar que era un obispo creyente que no llevaba anillos, ni sotana, ni cruces. Sí, nuestro gran profeta tuvo más de una vez la suerte de escapar de las balas de algunos matones que, enviados por ricos, quisieron darle muerte como mensajero de lo divino.
Les confieso que en los dos años que estuve por Mato Grosso yo aprendí de D. Pedro a tener un corazón oyente de los que sufren. Sí, Casaldáliga es un obispo grande por su fe y por su humor diario que me dejó callado una vez que le dije: Pedro, hace más de 30 años que no vas a España... y él, sonriendo, me dijo: "Calla, Canarillo, ¿Acaso yo soy un turista para estar haciendo viajes?"
Amigos, les puedo asegurar que Pedro Casaldáliga es de los obispos que necesita hoy la Iglesia por todos lados. Sí, nuestro hombre es el Atleta de fe que prefiere que le llamen Pedro, sin Don y sin adjetivo de Monseñor.
Decirles que Casaldáliga es un creyente comprometido y, aunque ahora esté retirado y con su Parkinson a cuestas, él sigue siendo uno de los obispos más conocidos del mundo por su testimonio. Tal vez algunos lectores sepan que una vez desde el Vaticano le tiraron de las orejas porque llevaba unos 15 años sin hacer la visita ad limina al Papa, y él con humor respondió que los pobres no tenían dinero para hacer viajes largos.
Les cuento que cuando yo dormía algún día en su casa me llamaba la atención ver la sencillez de su cuarto con dos camas y ante mi pregunta del porqué dos camas él mismo me comentó sonriendo que una era la suya, y la otra era para algún campesino que no tuviese dónde dormir.
Amigo Pedro, desde Canarias, te deseamos que sigas dando vida y esperanza a los pobres y que tu Parkinson, que llevas a cuesta con humor, te deje caminar a diario libremente. Gracias por tu fe comprometida en el Nazareno y por empujarnos a caminar con el Maestro Jesús. Gracias también por tu lema desafiante: "No poseer nada, no llevar nada, no pedir nada, no callar nada. ¡Qué bien aquella vez que Pablo VI, saliendo en tu defensa, dijo con frase lapidaria: “Quien toca a Pedro toca a Pablo”.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.


























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