El terrorismo nunca conseguirá sus objetivos, si es que los terroristas tienen algún objetivo racional alcanzable, pero si son capaces de hacer muchísimo daño y sufrimiento.
Todo tipo de terrorismo tiene un inicio, una primera vez, y después va a más hasta que se hace incontrolable. Una vez que se les va de las manos, comienzan las lamentaciones de los que propiciaron y alimentaron, por intereses a veces inconfesables, los que armaron y alimentaron inicialmente ese terrorismo. Al terrorismo no se le vence con bombas, se le vence cortando las fuentes de financiación y con eficaces servicios de información.
Bélgica es un país donde el terrorismo de ISIS se ha movido a sus anchas, fallando los servicios de información y prevención. Los atentados de París tuvieron su procedencia en Bélgica. Este último país sufrió la pasada semana atentados que dejaron 31 muertos y más de 300 heridos. Ahora Bélgica responde bombardeando la zona de procedencia de esos terroristas. Las muertes de civiles inocentes por esos bombardeos producirán más odio y más terrorismo futuro. Las represalias indiscriminadas alimentan al terrorismo, y después vendrán las lamentaciones. No es de extrañar que la visión de algunos en toda esta trágica historia la haya concretado el ministro del Interior español en funciones, Jorge Fernández Díaz, en declaraciones a los medios antes de la reunión de los ministros de Interior de la UE para analizar la crisis generada por los atentados, creando polémica con sus manifestaciones, al asegurar que "no hay mal que por bien no venga". Me pregunto a quién le viene bien ese terrorismo. A los muertos y a los heridos, desde luego que no.
España es un claro ejemplo, de cómo se inicia una escalada terrorista. Este país sufrió una la larga y terrible experiencia con el terrorismo de ETA, que dejó una secuela de 829 asesinatos, miles de heridos y cuantiosos daños materiales.
Esta escalada terrorista se inició el 7 de junio de 1968, cuando el Guardia Civil, de 25 años, José Pardines Arcay y su compañero Félix de Diego Martínez estaban de servicio en un control en la carretera N-I, Madrid-Irún, a la altura de Villabona (Guipúzcoa), encargados del control del tráfico en una zona en obras, situados uno en cada extremo del tramo de carretera.
La jornada de trabajo transcurría con normalidad hasta que a Pardines, situado en el punto kilométrico 446,700, le llamó la atención un Seat 850 Coupé, blanco, con matrícula Z-73956. Esta placa le trajo a la memoria la de un vehículo robado, por lo que decidió interceptarlo y pedir la documentación a los dos ocupantes, que no eran otros que los miembros de ETA, Javier Etxebarrieta Ortiz, “Txabi” e Iñaki Sarasketa.
Mientras Pardines rodeaba el vehículo y se agachaba para comprobar que los datos de la documentación se correspondían con los del automóvil, los del motor y los del bastidor, del coche salieron los dos ocupantes, sacando “Txabi” Etxebarrieta una pistola y disparándole un tiro en la cabeza a quemarropa. Sobre este incidente Iñaki Sarasketa manifestaría años después: “Supongo que el guardia civil se dio cuenta de que la matrícula era falsa. Al menos, sospechó. Nos pidió la documentación y dio la vuelta al coche para comprobar. Txabi me dijo «Si lo descubre, lo mato». Le contesté: «No hace falta, lo desarmamos y nos vamos». Salimos del coche. El guardia civil nos daba la espalda. Estaba de cuclillas mirando el motor en la parte de atrás. Susurró: «Esto no coincide...». Txabi sacó la pistola y le disparó. Cayó boca arriba. Volvió a dispararle tres o cuatro tiros más en el pecho. Fue un día aciago. Un error. Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval. No había ninguna necesidad de que aquel hombre muriera”.
Cuando se produjo el primer disparo, pasaba por el lugar un camionero que detuvo su camión al oír el ruido de la detonación, pensando que había pinchado una rueda. Al bajar del vehículo y ver lo acontecido, trató de reducir al autor de los disparos, pero Iñaki Sarasketa le encañonó. En ese momento “Txabi” Etxebarrieta disparó contra Pardines cuatro veces más en el pecho.
Después los dos etarras huyeron del lugar, pasando junto al compañero de Pardines, el guardia Félix de Diego, que no se había percatado de nada. Tras ser informado de lo ocurrido por el camionero que presenció el tiroteo, de Diego dio el aviso y se puso en marcha un operativo de búsqueda de los pistoleros.
Etxebarrieta y Sarasketa se dieron a la fuga refugiándose en la casa de un cura de Tolosa. Tras permanecer unas horas refugiados decidieron abandonar la casa parroquial, siendo parados inmediatamente por agentes de la Guardia Civil que aún no conocían sus identidades, durante el cacheo no detectaron la pistola que portaba Sarasketa, sin embargo sí encontraron la de Etxebarrieta, en ese momento se inició un tiroteo en el que resultó herido de gravedad Txabi Etxebarrieta. El etarra fue trasladado al hospital de Tolosa, donde finalmente falleció.
Iñaki Sarasketa logró escapar del tiroteo apuntando con su arma al conductor de un coche, al que obligó a transportarle hasta la iglesia de Régil (en euskera Errezil), Guipúzcoa, donde se refugió para ser detenido unas horas más tarde, en la madrugada del 8 de junio, al ser descubierto por una pareja de la Guardia Civil, entregándose sin resistencia alguna.
Fue duramente torturado por parte de Melitón Manzanas González, después juzgado el día 15 de junio en San Sebastián por un consejo de guerra sumarísimo que le condenó a 58 años de prisión. Sin embargo, pocos días después, aduciendo un defecto de forma, la pena fue anulada, se repitió el proceso y el 27 de junio fue condenado a muerte. Esta condena provocó protestas internacionales y de las formaciones políticas opuestas al régimen, llegando a sumarse a la petición de clemencia instituciones del régimen como la Diputación provincial de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de San Sebastián, e incluso intercedió por él el padre Pedro Arrupe, prepósito General de la Compañía de Jesús, razón por la cual le fue conmutada la pena capital por cadena perpetua. Fue amnistiado en 1977.
La intervención del conocido torturador Melitón Manzanas González, quien fue un policía español durante la dictadura de Francisco Franco, colaborador de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial y jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa, y desde ese puesto torturó a numerosos opositores al régimen franquista, tuvo como consecuencia la escalada de la violencia.
Melitón Manzanas se convirtió en objetivo de ETA, cuya dirección decidió asesinarlo mediante la que denominó «Operación Sagarra» («manzana» en euskera), y fue el primer asesinato político premeditado y planeado por esta organización nacionalista vasca, años antes de transformarse en una organización terrorista.
El 2 de agosto de 1968, tres miembros de ETA lo esperaron frente a su domicilio en Irún, un chalet llamado Villa Arana. Cuando llegó, dispararon contra él y le alcanzaron hasta siete proyectiles, siendo testigos su mujer y su hija. Su funeral y entierro se realizó con gran solemnidad en Irún, acudiendo al acto numerosas autoridades y movilizando la Jefatura Provincial del Movimiento a militantes y simpatizantes
El asesinato no premeditado de Pardines fue el inicio de una escalada de violencia que se prolongaría durante décadas. La posterior muerte de “Txabi” Etxebarrieta durante su detención fue interpretada por ETA como una ejecución extrajudicial perpetrada a sangre fría por los guardias civiles y las torturas a Iñaki Sarasketa por parte de Melitón Manzanas sirvieron para justificar el posterior asesinato de éste. A partir de allí, la dinámica de acción-reacción-acción previamente adoptada por ETA dominaría la política vasca y española, incluso muchos años después de desaparecida la dictadura del general Franco, puesto que el último asesinato conocido de ETA se produjo el 16 de marzo de 2010, cuando el brigadier de la Police Nationale (Francia), Jean-Serge Nérin, fue tiroteado en la calle, en la localidad de Dammarie-les-Lys (Francia), cuando perseguía a etarras que habían perpetrado un robo de vehículos.
Sigo pensando que la acción-reacción-acción le conviene a los terroristas, los Estados no se ponen de acuerdo para combatir ese terrorismo de forma eficaz y los ciudadanos anónimos somos las potenciales e inocentes víctimas.
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.240