Han pasado 159 años, desde aquel 8 de marzo de 1857, donde un grupo de obreras textiles tomó la decisión de salir a las calles de Nueva York (EE.UU.) a protestar por las calamitosas condiciones laborales en la que se encontraban. Primera reivindicación histórica, de una sucesión de reivindicaciones, que a lo largo de los años y hasta nuestra época no han cesado para alcanzar la igualdad y la participación al mismo nivel que el hombre, en la sociedad, y en su desarrollo íntegro como persona.
Originariamente se encuentran en el movimiento internacional de mujeres socialistas de finales del siglo XIX, cuya finalidad era la de promover la lucha por el derecho al voto femenino. Así, en mayo de 1908, en la ciudad estadounidense de Chicago, un grupo de mujeres socialistas norteamericanas celebró en un teatro de dicha ciudad, un acto denominado Women’s Day (Día de la Mujer), cuya finalidad era la reivindicación de este derecho.
En 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague (Dinamarca), entre los días 26 y 27 de agosto, más de 100 mujeres aprobaron declarar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Celebrándose por primera vez el 19 de marzo de 1911, en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de personas. En 1914, se celebra el 8 de marzo por primera vez de manos de las feministas alemanas, tanto en Alemania como en Suecia y en Rusia.
Sin embargo, habría que esperar hasta 1975 para que la Asamblea General de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) declarara el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Y no sería hasta 1977 que se proclamase esta misma fecha como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.
Es especialmente relevante destacar un hecho que supone un punto de inflexión en este asunto que abordamos, el incendio del 25 de marzo de 1911 de la fábrica de camisas "Triangle Shirtwaist", que fue el mayor desastre industrial de la historia de Nueva York. Este suceso fue especialmente trágico, ya que los dueños, con objeto de evitar robos y desórdenes cerraron las entradas de dicha fabrica, causando directamente la muerte de 146 mujeres, algunas quemadas y otras muertas al arrojarse al vacio ante el temor de las llamas, casi todas entre los 14 y los 23 años (en su mayoría eran inmigrantes judías e italianas), las cuales tenían como reivindicación el conseguir mejoras laborales.
Hoy en día miles de mujeres en todo el mundo democrático, salen a la calle para demandar los principios de igualdad entre sexos y oportunidades, así como promover y exigir que las leyes defiendan dichos principios.
Es mucho el camino recorrido para alcanzar los derechos consolidados en países que por principios democráticos y/o cultura y/o tradición, recogen principios de igualdad, pero no son pocos aquellos que relevan a las mujeres a un papel de subordinación al hombre, y que la subyugan en su desarrollo íntegro como persona, impidiéndoles derechos básicos como acceder a la educación, el trabajo, la política o la cultura, etcétera.
En países como el nuestro, principalmente en el ámbito privado, aún existen dificultades de acceso y permanencia de las mujeres en determinados ámbitos de trabajo, y que constituyen una piedra más en el camino de la plena igualdad entre sexos en esta área, y otras (económicas y políticas).
Decía Rosa Luxemburgo (1871-1919) (Filósofa, política, y teórica marxista polaca, llamada "La Rosa Roja"): “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. A día de hoy es de justicia y de sentido común la celebración del día de la mujer. Pero no dejo de apostar, que llegue el día en que no sea necesario la jornada de reivindicación que representa el 8 de marzo, porque se haya alcanzado la plena igualdad, porque es simplemente de justicia.
Carlos Gustavo Rivero Quintana es ciudadano de Telde.


























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