La violencia de género, una lacra de nuestro tiempo, no es más que el fruto de una sociedad que ha perdido el horizonte de lo que debe ser un escenario de convivencia: amor, respeto y buena armonía entre la pareja. Fruto, de un mundo cada vez más insolidario, donde prima más lo personal y lo trivial que el verdadero entendimiento.
Quizás, por el egoísmo y una mentalidad retrograda. O quizás, fruto de unos tiempos pasados donde a la mujer en la pareja no se le permitía tener opinión, y era además, sometida a los caprichos e intereses del cónyuge. Pero quizás, por ese pasado tan nefasto es la propia mujer la que no sabe administrar ahora su espacio. Porque en todo cambio hay que intentar no incurrir en los errores del otro si se quiere llegar a un punto de convivencia razonable y razonado.
Hoy se dice, que el motivo de esa violencia es debido a que la mujer ahora puede decidir y hacer las cosas sin el consentimiento de su pareja, y que ello supone la frustración del hombre. Si eso es así y yo al menos también lo comparto, lo que se está viviendo no es una violencia por la supremacía del hombre hacia la mujer. Es una violencia por la incapacidad de esos hombres ante una situación para ellos frustrante, y que como hombres no se sienten capaces de pedir ayuda o intentar conciliarse con su pareja para llegar a un entendimiento donde ambos puedan tener su espacio propio, sin que el uno se encuentre subyugado al otro. Y es ahí donde la mujer tiene que jugar un papel muy importante. No vale aquello de, ahora me toca a mí. No, ese no es el camino. Ni porque ahora todos somos iguales yo también puedo hacer lo que quiera, como lo hacías tú.
Ahora, es donde la mujer debe enseñar a su pareja que su libertad, y la suya, pasa por el entendimiento mutuo. Que no vale caminos separados, que lo más importante son ideas compartidas para encontrar la propia libertad entre ambos. Y que no hay mayor libertad que la confianza mutua y el respeto del uno por el otro.
Por eso creo que en la “Política por la Igualdad” Políticos, Feministas y todos aquellos grupos interesados por erradicar esta lacra, deben aportar otras soluciones que no sean solo la condena y el alejamiento, cuando estas medidas en muchos casos agravan la situación de la mujer y la someten a un riesgo mayor, además de no aportar una solución definitiva. Y cuando la represión y el castigo nunca es una medida justa, aunque sea necesaria, si lo que se desea es humanizar y crear un entendimiento entre las personas, en este caso, entre las parejas. Más bien tendrían abogar por “Grupos de Apoyo” que propicien el acercamiento.
Porque, no solo están muriendo mujeres, están también muriendo muchos de sus agresores, y niños víctimas de estas propias escenas. Que dicho sea de paso, ni unos, ni otros aparecen como fallecidos en muchas de las estadísticas de la violencia de género. Una prueba más del error del cómo se analiza y se encausa este grave problema.
Juan Cáceres es ciudadano de Telde.


























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