Statistiche web
El tiempo - Tutiempo.net
695 692 764

Jueves, 14 de Mayo de 2026

Actualizada Jueves, 14 de Mayo de 2026 a las 13:03:02 horas

Vehemencia: Juan Pablo II y Francisco

cojeda Jueves, 18 de Febrero de 2016 Tiempo de lectura:

Corrían los primeros años de la década de los ochenta; Juan Pablo II llegó a Centroamérica con unas pretensiones muy distintas de las que llevó estos días a Francisco a Latinoamérica. Distintos hombres con discursos cercanos en el magisterio social pero no en la pastoral ni en la eclesiología. No tardó nada Juan Pablo en coger al bueno de Ernesto Cardenal y espetarle a la cara lo que estaba haciendo mal según la doctrina de la iglesia: apoyar a los revolucionarios cristianos que habían tomado el pode en Nicaragua.

 

En conversación con Ernesto Cardenal, este me dijo que fue muy vehemente, pero que ya sabía lo que iba a pasar, más siendo ministro del gobierno marxista del FSLN, y cuando la iglesia de Roma estaba en plena lucha contra la Teología de la liberación que se desarrollaba intensamente por todo el continente.  De todas formas, el poeta nicaragüense sabía lo que estaba haciendo como cristiano y al final, quizás, el proceso de la situación en America le ha dado la razón: en las últimas declaraciones leídas, Cardenal dice que lo que está haciendo Francisco es una revolución.

 

Y palabras de reconocimiento y compromiso con las comunidades indígenas, como siguiendo la estela del Samuel Ruiz, obispo de san Cristóbal de Chiapas que como monseñor Romero en El Salvador empezó del lado equivocado para situarse más tarde en el correcto: en el de los pobres. Allí en la selva y los montes crece a duras penas una federación indígena gobernada comunitariamente y viviendo según sus hábitos culturales.

 

Francisco llega a México  con un dossier amplio, bien documentado y  dispuesto a señalar directamente, a verbalizar en alto, lo que el cree que es el mayor pecado de la iglesia mexicana: mirar para otro lado. En mirar para otro lado se le ha ido de las manos la violencia, el femicidio, la relación con el narcotráfico y la herida que aún sangra con las barbaridades del querido grupo de Juan Pablo II los Legionarios de Cristo. Francisco, contrariamente a sus antecesores, no ve con buenos ojos todos esos movimientos dentro de la iglesia que escapan al control  del Vaticano y no precisamente en cuestiones dogmáticas, sino en aborrecibles maneras de llevar un hábito que en todo momento debe hacer llegar la justicia y la verdad allá donde esté presente.

 

La pomposa vida de muchos sacerdotes mexicanos, totalmente alejados de la calle, de la gente que sufre, de la violencia que no ceja en su empeño de alzarse encima de la dignidad del ser humano, ha hecho que este Papa en su tono habitual –el que usa cuando tiene que decir algo grave y que recuerda a su barrio argentino y sus bravuconadas- le espetará a los clérigos allí reunidos que tienen que ser hombres y enfrentar cara a cara la injusticia; que ya está bien de lujos, apartamentos, coches y comilonas y que es hora de pisar la marginación, la calle. Aquí es donde se ha recibido antes que en ningún otro sitio el profetismo de este hombre enfermo, pero con la mente lúcida y una forma de vida y praxis que le pasa por la izquierda, por la derecha y el centro a todo sistema político existente.

 

Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.

 

 

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.122

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Quizás también te interese...

Publicidad

X
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.