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La delgada línea roja

Cojeda1 Domingo, 10 de Enero de 2016 Tiempo de lectura:

Con tanto titular sobre el 20D, se nos hizo creer que tras el 2015 se iniciaba una nueva forma de hacer las cosas y otras maneras de hacer política se estrenarían en nuestra querida piel de toro. Se auguraban vientos nuevos de uno y otro lado del ideario nacional, que nos vendrían a airear el rancio aroma a polilla, que tras producir tanto buen fruto durante décadas, tufaba y tufaba y de qué manera...

 

En muchos casos las arrugas y canas de los líderes dejaron de ser un problema a resolver con el photoshop para los directores de campaña, que ahora sólo debían limitarse a sacar el mejor perfil y a tapar poro, para que los candidatos quedaran más guapos. Y lo pongo en masculino, porque la tal publicitada renovación no pareció ser capaz de movernos las sillas a los hombres para colocar a mujeres en primera plana... En eso la izquierda y la derecha, lo antiguo y lo nuevo, parecen estar bastante de acuerdo.

 

Se vaticinaban cambios. Se hablaba de arco iris parlamentario, dejando de una vez el bipartidismo, tan maldecido y denostado, que según parecía era el causante de todas las fechorías y corruptelas de nuestra reciente historia. Se nos gritaba en las plazas que eran tiempos nuevos, y se nos invitaba a participar. A votar. A expresar nuestra opinión en las urnas, porque el pueblo es soberano y nuestra voz debe de ser escuchada. Muchos incluso abogaban por más consultas, porque introducir la papeleta cada cuatro años no fuera el único camino...

 

 Pues bien, el pasado 20 de diciembre, a dos días de la Lotería de Navidad, España habló. El país dijo lo que quería, y de su decisión salió un espectro parlamentario colorido, multipartidista, más heterogéneo y plural. Y sin embargo, lo ansiado se ha tornado problema. Nuestros políticos, maduros y jóvenes, experimentados y noveles, calvos o con melena, conservadores y progres, tan profesionales ellos, parecen estar decididos a romper la baraja. Se han dedicado a seguir la vieja política de trazado de líneas rojas, por las que anuncian en prensa que no van a pasar, buscando reafirmarse, establecer mínimos absurdos y tensión. Anticipándose a las posibles negociaciones que harían subir al poder a unos con otros.

 

 Estos grandes líderes se muestran más interesados en acentuar lo que les separa que lo que les pueda unir, mostrándose más proclives al de aquí no paso que a buscar un programa común que permita manejar este barco que es España. No descartan repetir elecciones, pues como los niños, son de pataleta y del "ya no juego"... Por lo que se ve, el deseo de escuchar la voz del pueblo depende del resultado que se dé y sólo se respeta nuestra decisión cuando de las urnas sale lo que ellos quieren que salga. Este país votó. De su elección se lee que queremos que las fuerzas emergentes y las históricas se sienten y lleguen a puntos en común, pero no parece querer entenderlo. Nuestros políticos son muy buenos para debatir a dos, a tres, a nueve si hace falta, porque en realidad lo que quieren es hablar y hablar, tener la última palabra, pero no saben escuchar. Padecen de sordera intelectual.

 

Por lo que se ve y se lee, los ciudadanos sí debemos ser capaces de votar a una u otra opción, en función de la coyuntura, con intención de castigar malas gestiones, se nos exige ser críticos con nuestros dirigentes y sacrificar nuestras convicciones personales por quitar del poder a quién no lo haya hecho todo lo bien que debiera... Sin embargo, no podemos esperar que un líder recule y pase por encima de ciertas diferencias en pro de la gobernabilidad de una nación. Eso debe ser mucho pedir. ¿A caso no quieren todos buscar una salida a los millones de parados o mejorar las condiciones laborales de los empleados con contratos precarios? ¿No desean todos sanear la administración pública de saqueadores y desmontar las tramas de comisiones y sobres bajo la mesa? ¿No todos quieren mejorar la sanidad pública y que se reduzcan las listas de espera? ¿No todos soñamos con una Ley de Educación que se afiance para que nuestros hijos se eduquen con calidad y criterio, independientemente de quién gobierne y del dinero que cobren sus padres?

 

Por menos objetivos comunes se han firmado muchas alianzas en la historia. Que no nos cuenten milongas.

 

Han pasado las Navidades y cuando aún queda en nuestra garganta el regusto a roscón de reyes, y en nuestros salones algún trozo de papel de regalo flota todavía bajo el sofá, no sabemos en qué va a quedar todo esto. Sólo puedo tener un deseo que me gustaría fuera compartido por todos: de izquierdas, de derechas o de centro, nacionalistas, independentistas o centralistas... Hayas votado lo que hayas votado el 20D, si nuestros inteligentes dirigentes fueran incapaces de llegar a un consenso y les diera por la feliz idea de repetir el proceso, repitamos nosotros también nuestro voto una vez más. No cambiemos lo que elegimos. Que por una vez nos escuchen y se sienten a hacer los que el pueblo quiere, que nuestra voluntad pese más que sus titulares, y que actúen como debieran hacer unos verdaderos servidores del país. Es ahora cuando hay que demostrar que hay una nueva manera de hacer las cosas.

 

Mi voto, mi decisión. Ahí trazo yo mi línea roja.

 

Juan Marcos Pérez Ramírez es ingeniero de Telecomunicaciones.

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