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Martes, 05 de Mayo de 2026

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Los regalos de las cajas verdes

PePiTA Lunes, 04 de Enero de 2016 Tiempo de lectura:

Sabes,  la historia que te voy a contar  no ha ocurrido todavía, por eso es solo un cuento. Pero ojalá que  cuando  seas mayor y tú se lo cuentes  a otros niños este cuento  ya se haya convertido en realidad.


Apenas había oscurecido cuando  todos los niños de la Tierra, después de dejarle las cartas a los Reyes Magos junto a la puerta de entrada de sus casas,  ya  se habían acostado. Era la noche del cinco de enero,  la noche mágica en la que  los deseos de los niños se  hacen realidad. Por eso,  ilusionados, aquella noche  se quedaron dormidos muy temprano.


Cuando en la mañana del Día de Reyes  los niños de los pueblos del mundo se despertaron vieron  como los  Magos de Oriente les habían traído todos los regalos que les  pidieron.  A Perico le regalaron un balón de fútbol, a Laurita unos patines, a Ibrahîm un camión de bomberos,  a Yasmin una muñeca, Marjani una bicicleta, a Tajammul  una cometa, y así todos los niños de la Tierra  recibieron sus regalos. 


Pero al lado de cada regalo había otro que los niños no habían pedido. Aquellos regalos iban dentro de unas cajitas verdes tan pequeñitas, tan pequeñitas,  que en ellas apenas cabía la cabeza de un alfiler.


Sin saber cómo,  lo más maravilloso  sucedió  cuando los niños comenzaron a abrir aquellas cajitas verdes, porque de su interior salían volando unos duendecillos muy simpáticos que, con letras de colores,   llevaban escrito en sus alas palabras como paz, solidaridad, amor, felicidad, generosidad, alegría, justicia, perdón, altruismo...


Así, cuando  los niños del mundo terminaron de abrir sus cajitas verdes,  todos los pueblos de la Tierra se llenaron de duende voladores  que llevaban en  sus alitas escritas con muchos colores   las palabras  paz, solidaridad, amor, felicidad, generosidad, alegría, justicia, perdón, altruismo...


Y, sabes una cosa, después de que aquellos duendecillos se fueron navegando sobre las nubes, en la Tierra ya no hubieron más guerras y los hombres fueron felices, porque la justicia y la generosidad y todas aquellas palabras que llevaban los duendes dibujadas en sus alas les habían ganado a la avaricia, a la tristeza, al odio, y a todas aquellas palabras que no nos dejan ser felices porque manchan de tristeza nuestros corazones. 
 

 

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