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Martes, 24 de Marzo de 2026

Actualizada Martes, 24 de Marzo de 2026 a las 17:29:33 horas

Biblioteca de Turcón/TA. Biblioteca de Turcón/TA.

El cementerio de los libros olvidados

TA ofrece una reflexión de José Manuel Espiño Meilán, ecologista y profesor, sobre la curiosa biblioteca del Colectivo Turcón, del que fue fundador

direojed Domingo, 17 de Abril de 2022 Tiempo de lectura:

Dedicado a Víctor Macías Alemán, compañero del Colectivo, bibliotecario Jefe de automatización y repositorios digitales de la ULPG, desde la admiración y la amistad, por los momentos compartidos y sus meditadas y edificantes reflexiones sobre la literatura y los libros, el cine y la vida.

 

Nada más apropiado que este mes de abril para hablar de libros y bibliotecas. Por eso les hablaré de este curioso e interesante lugar.

El “cementerio de los libros olvidados” es un lugar mítico, un espacio imaginado, la creación de un genio literario llamado Carlos Ruiz Zafón. Su homenaje al mundo de los libros lo plasmó en una tetralogía que bautizó con el título de este artículo. No escondo que en su día fui cautivado por la extraordinaria capacidad narrativa del escritor español más leído en el mundo, con una legión de lectores que se cuenta por decenas de millones. Sorprenden los datos por la singularidad del hecho y levanta admiración un éxito tan indiscutible. Desde la humilde perspectiva del que les escribe, una cantidad de lectores tan extraordinaria y el incalculable volumen de libros presentes en tantas casas particulares, bibliotecas, centros de lectura, provoca una envidia tan sana como saludable, a aquellas personas que desde todos los ámbitos de la literatura estamos inmersos en el placer de comunicar, de transmitir y si es posible de provocar una emoción.

 

Es curioso porque, sin poseer la parafernalia de la increíble biblioteca que nos describe Zafón, conozco un particular cementerio de libros olvidados y éste es real, existe y se encuentra cerca de nosotros, en una recoleta calle del popular barrio de San Gregorio en Telde.

 

Cada vez que dispongo de un poco de tiempo, cuando me aborda el deseo de encontrar una pequeña joya literaria propia del mundo de la educación ambiental, del universo de los cuadernos de campo en la naturaleza, de las guías de vulcanología, de flora, de fauna y dentro de éstas, las de aves e invertebrados que me apasionan, de espacios naturales, de luchas ecologistas, sociales, de colectivos relacionadas con la defensa del medio, de nuestra tierra, de los espacios de nuestros ancestros, cuando siento el deseo de sorprenderme con una vivencia o un recuerdo, me acerco pausada y tranquilamente al mágico lugar, introduzco la llave en una sencilla cerradura que, como curiosidad, su mecanismo se activa en dirección opuesta al habitual en otras cerraduras convencionales y así, cuando creo que cierro la puerta, en realidad la estoy abriendo, sucediendo justo lo contrario cuando quiero cerrarla con la intención de abandonar el local. Una vez abierta, empujo suavemente la hoja metálica que la protege y, la magia comienza.

 

Es preciso señalar en este momento que el reconocimiento visual del lugar donde se encuentra ubicada -que no es otro que el local donde se reúne y desarrolla sus actividades el Colectivo ecologista Turcón-, no alberga dificultad alguna. Está muy claro, pues inconfundible es su mural de bienvenida. No hay posibilidad de equívoco. Las tres hojas de su puerta lucen un hermoso mural pintado a mano. Quien nos recibe a nuestra llegada es una ilustración a todo color, una obra ejecutada por entrañables dibujantes -históricos miembros el Colectivo-, que hace cuarenta años, siendo niños, concibieron esta creación artística y la plasmaron en otro lugar y soporte, la pared de su centro educativo. De rasgos más simples en aquel entonces, acordes y propios de su edad, con menos profundidad, volumen y detalle, pero con las mismas emociones a la hora de dibujarlo y similares ansias por conocer el medio natural de su entorno más próximo y los seres vivos que en él habitan, sus autores han mantenido la esencia del diseño original.

 

También aquel mural, el del colegio Esteban Navarro Sánchez, era a color, estaba dibujado sobre la pared de entrada al centro y representaba un alegato al valor y la necesidad de la educación ambiental como eje transversal que impregnara todo el Proyecto educativo del Centro.

 

Observo ahora esta creación artística y me recreo en ella, con detenimiento. Frente a mí, naturalizada sobre las frías chapas de metal galvanizado, se representa una joya de la ornitología canaria. Ni más ni menos que una especie de columbiforme endémico, la paloma turqué, también conocida por turcón, pues con ambas denominaciones fue bautizada por la población insular de las islas donde se encontraba esta paloma de la laurisilva. Presente en el pasado, cuando nuestra isla contaba con extensas zonas de laurisilva y fayal brezal, y desaparecida luego de la Gran Canaria, actualmente, al igual que la paloma rabiche, forma parte de las especies en proceso de reintroducción, al tiempo que se van recuperando, muy lentamente, los bosques húmedos imprescindibles para el éxito de sus poblaciones.

 

Esta paloma que observo es todo un símbolo. Un símbolo con mucha fuerza social, con mucha historia en nuestro municipio teldense, pues es desde hace cuarenta años, el logotipo de un grupo ecologista -que nació como grupo naturalista en las aulas y jardines del centro educativo antes referenciado-, y que cumple este año dos mil veintidós, cuatro décadas de activismo continuado.

 

Al franquear la puerta aspiro intensamente el aroma inconfundible del local. Se perciben dos registros olfativos: uno real, a papel almacenado, a mesa de reuniones, a sillas variopintas y otro, para mí mucho más intenso y emocional, a personas comprometidas, a apasionadas luchas en defensa del medioambiente, a multitud de proyectos e ideas, a salón abierto a colectivos, asociaciones, grupos y personas que trabajan por la vida, por la cultura, por el respeto, la tolerancia y la ayuda a los demás desde la perspectiva del altruismo y la solidaridad. Ambos registros olfativos reconfortan el espíritu e insuflan al instante, a las personas que traspasan dicho umbral, enormes ganas de implicarse en cualquier labor que signifique el conocimiento, divulgación y defensa del medio ambiente a través del compromiso y la entrega.

 

Tras este momento inicial, lleno de recuerdos, vivencias y experiencias compartidas, giro la cabeza a mi izquierda. Sé que justo ahí, sobre ella, se encuentra disimulado el mecanismo que me permitirá acceder a la magia de los libros, a la emoción de viejos documentos, a los archivos donde se registra y conserva la historia de tan comprometido Colectivo. Libros y legajos al lado de pancartas reivindicativas de cartón y tela. Archivos históricos al lado de cadenas y candados necesarios para amarrarse a sus troncos y salvar árboles. Programas y material escrito de educación ambiental junto a cascos de obra y chalecos reflectantes para denunciar obras ilegales y bienes etnográficos a punto de derrumbarse.

 

Alargo el brazo para que mi mano pueda accionar el resorte que dará apertura a una trampilla. La trampilla no es otra que un disimulado panel de madera que, corrido el pasador que la retiene, muestra una escalera metálica plegable, necesaria para acceder al escondido altillo.

 

La despliego, dándole la inclinación precisa para garantizar una subida segura y la fijo al suelo. Es entonces cuando inicio la ascensión.

Son pocos los pasos. Subir cada peldaño es como subir al cielo. Para hablar del cielo utilizo como referencia popular ese lugar que nos dibujan las religiones, un espacio de alegría, belleza, paz y esplendor, de emociones intensas y extraordinarias visiones. ¿Acaso una biblioteca no atesora todas esas cualidades? Lector empedernido y escritor aficionado, sería capaz de explicitar en este preciso instante bondades y razones suficientes para ratificar, sin lugar a dudas, el carácter beatífico y celestial de cualquier biblioteca.

 

Una vez arriba nos recibe un reducido espacio de poco más de tres metros cuadrados. Un pequeño corredor con estanterías a ambos lados, repletas de libros y revistas. Es tentador quedarse aquí. Las escasas dimensiones del recinto -un metro sesenta centímetros de anchura- nos obliga a permanecer de pie, pero para consultar los estantes y buscar un libro, no necesitamos más que nuestra vista y nuestras manos y la incomodidad es mínima. Dispondremos luego de un lugar más confortable para disfrutar de nuestros hallazgos literarios.

 

Este brevísimo pasillo es la antesala de la habitación del altillo. Su superficie alcanza con dificultad los treinta metros cuadrados en un polígono irregular de cuatro lados. Es aquí donde se guarda la historia escrita, rotulada, ilustrada y fotográfica del Colectivo.

 

Estanterías con libros, revistas, folletos, dípticos, archivos de prensa, dosieres de campañas, libros de balances, de gestiones varias, paneles, murales, carteles, materiales diversos de campañas y movilizaciones, fotos, diapositivas … Una cantidad increíble de material, concentrado en tan reducido espacio y ubicado en un puñado de estantes que albergan materiales diversos.

 

Se reservó el centro de la habitación para ubicar en dicho espacio un par de sillas de colegio con sus correspondientes mesas de lectura. ¿Alguien necesita más?

 

Si deseáramos consultar o trabajar con varios materiales a un tiempo, basta con acercarlos al borde de la escalera, descender con ellos y utilizar entonces la amplia mesa de reunión que, con capacidad para una veintena de personas, nos espera abajo, permitiéndonos el trabajo, la consulta múltiple o una cómoda lectura.

 

Pero volvamos a nuestro bucólico encuentro con el paraíso escondido. Es esta biblioteca un lugar privilegiado donde todo es posible, desde el encuentro con los espacios más increíbles de cualquier archipiélago macaronésico, reflejados en guías de viajes que llegaron algún día a estas estanterías -la mayor parte de los fondos de este mágico lugar son fruto de las aportaciones altruistas de miembros del colectivo, simpatizantes y donaciones particulares-, hasta la lectura y consulta de cuadernos de campo, cuadernillos didácticos, fichas sobre cualquier isla canaria, en fin, una amplia variedad de valiosos materiales que sirvieron y sirven para llevar a cabo tareas de divulgación o formativas, siempre en el ámbito de la educación ambiental.

 

Esta biblioteca sólo se parece a un cementerio cuando nadie la visita, cuando sus tableros de conglomerado -improvisada tarima flotante-, no sienten el calor provocado por los pasos de un curioso lector, de alguna persona ávida de saber que busca entre sus estanterías, sorpresa y emoción.

 

No debemos olvidar que para llegar a ella hay que hacerlo de un modo consciente y premeditado y eso es una virtud. Saber que deseamos verla, manosear sus publicaciones, explorarla tras la búsqueda de libros descatalogados o de muy reducida edición, perderse entre tanto batiburrillo de papel y libros.

 

Tengo que reconocer que paso horas en este altillo. A veces, muchas horas, otras, apenas unos minutos. Es como un hábito, una rutina que no deseo ni quiero abandonar. Busco en cada estantería la sorpresa que me puede proporcionar un libro fuera de su lugar, una aportación anónima. Siempre la encuentro. Una vez es un folleto, otra un libro, en alguna ocasión fue un periódico o una revista y en otras una pegatina, una fotografía, un tríptico, un curioso recorte de prensa o unos entrañables apuntes sobre un huerto escolar, una repoblación en la cumbre o cómo fabricar un sencillo calentador solar.

 

Empieza a creer que más allá de los alimentos que cuidan mi cuerpo físico, los materiales impresos que se encuentran en esta particular biblioteca alimentan mi alma -entiéndase por alma aquellas cualidades inmateriales capaces de fortalecer mi espíritu de lucha, mi compromiso y mi vida.

 

Me atraen en especial todo tipo de publicaciones que traten la historia y la cultura de este municipio. Historia y cultura en su más amplio sentido, a saber, aquel que abarca cualquier rama del conocimiento y de la expresión de las gentes que lo habitan o que lo han llevado o llevan en su corazón.

 

Estas publicaciones son, tal vez, una de las fortalezas de tan peculiar biblioteca. Pero no solo es Telde el atractivo de ella. En otras estanterías encontramos la historia del Colectivo, sus luchas y reivindicaciones, sus publicaciones, sus memorias anuales. Nada hay más indicado para curiosear o investigar en la historia de Turcón desde sus inicios que una visita sosegada a esta biblioteca.

 

A las publicaciones sobre este y otros archipiélagos macaronésicos, se suman las guías y estudios de otros archipiélagos más lejanos, de otras tierras y sus espacios naturales, de viajes y rutas en bicicleta, de guías y senderos por mil y un lugar de éste, cada vez más transitado planeta.

 

Pero, diverso como es su contenido, no faltan las obras literarias. Depósito de libros como es el Colectivo, a sabiendas del valor que hay tras cualquier publicación, llegan al local obras literarias de la narrativa y de la poesía canaria y universal, ejemplares que no forman parte del corpus incuestionable de la biblioteca, pues el limitado espacio no lo permite, y por consiguiente, se acogen con la saludable intención de que se muevan, transiten entre personas, acompañen al curioso lector que desee saborear y hacer suyos a grandes y pequeños escritores de toda época y lugar.

 

Se trata pues de libros viajeros que no pretenden otra cosa que rotar indefinidamente o, al menos, hasta que su cuerpo y estado lo permita. Fruto de una gratuidad, pretenden perpetuarla con la acción de cada nuevo lector que, tras llevárselos de la biblioteca, disfruten de su lectura y vuelvan a dejarlo en algún lugar o a otra persona que pueda seguir, con su lectura, dándole vida.

 

Estos libros no hay que buscarlos arriba, los encontraremos en la planta baja. Están apilados sobre un par de mesas situadas justo frente a la entrada del local y que podemos observar desde la misma puerta. Colocados unos sobre otros, se exponen con el título y su autor a la vista, coronados por un cartel que reza: “Listos para llevar. Libros viajeros del Colectivo”.

 

No hay mayor satisfacción para las personas que amamos los libros, que el hecho de ver que otras personas se acercan a ellos, los hojean y salen con uno o dos bajo el brazo. Es un placer pues a la emoción de saber que inicia un viaje literario se une el hecho de recuperar el espacio necesario para la reposición de nuevos libros viajeros, libros que esperan su momento arriba en la biblioteca, posiblemente almacenados en cajas, para ser expuestos e iniciar de tal modo el periplo que todo libro desea realizar a lo largo de su vida.

 

¿Y cómo llegar a esta biblioteca? -se preguntarán ustedes- ¿Cómo acceder a tanto libro olvidado?

 

No hay un horario concreto pues no dispone el Colectivo de personal para ello. No olvidemos que se trata de una asociación cultural sin ánimo de lucro que funciona gracias al tiempo y entrega personal y voluntaria de sus miembros. Siendo así, entenderemos que todos ellos tengan obligaciones laborales, familiares y personales que no favorecen una apertura continua, con un horario bien definido.

 

Pero el Colectivo dispone de página web, de redes sociales, de reuniones mensuales, de salidas a la naturaleza, de conocidos miembros y no es difícil contactar con alguno de sus asociados, si ese es el deseo de cualquiera persona que esté leyendo este artículo.

 

El Colectivo se pondrá en contacto con la persona interesada, luego tal vez conmigo pues dispongo de más tiempo para tan loable labor y, acordada una fecha y hora, podrán visitar el cementerio de los libros olvidados que no será tal, si así lo deseamos todos, sino que pasará a convertirse en el santuario de los libros rescatados.

 

Y para muestra, dos joyas escritas que están a su disposición gratuitamente, difíciles de encontrar. Podrán llevárselas cuando las soliciten:

1.- “Barranco del Draguillo. Itinerario Autoguiado” Autores: Paulino Santana Reyes y Antonio Ramos Ramírez. Edita: Ilustre Ayuntamiento Villa de ingenio. 1998

 

Con el tamaño idóneo para llevarla en un bolsillo de la mochila, tapa dura y fotografías a color, es la guía perfecta para conocer este barranco de la mano de dos extraordinarios docentes comprometidos con su tierra y sus valores.

 

2.- “Aves y plantas de Fuerteventura en peligro de extinción” Textos y dibujos para la avifauna: Manuel Álamo Tavío. Textos y dibujos para las plantas en peligro: Günther Kunkel y Mary Anne Kunkel. Las Palmas de Gran Canaria. Imprenta Pérez Galdós. 1975

 

A.S.C.A.N, con el patrocinio del Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza, editó este pequeño cuadernillo de la mano de Manuel Álamo Tavío, Günter Kunkel y Mary Anne Kunkel. Tres figuras excepcionales como divulgadores de la fauna ornitológica y la flora canaria donde, a su virtud narrativa y descriptiva a la hora de identificar cada una de las especies tratadas, se une la calidad y claridad de sus ilustraciones.

 

De ambas publicaciones disponemos de dos ejemplares como libros viajeros.

 

Feliz lectura y feliz día.

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