TELDEACTUALIDAD
Telde.- Después de haber sido rescatada, operada, alimentada, exhibida, fotografiada, liberada y seguida vía satélite, la tortuga boba Sardina recuperó hace 6 meses el anonimato del que disfrutaba hasta octubre de 2017; al GPS que lleva encima del caparazón se le acabaron las pilas. Se supone que el cachivache con su antena sigue ahí, bien pegado, pero ya no canta su posición.
Para bien y para mal los humanos han marcado su vida, que no ha sido fácil. Con 8 años de edad y 30 kilos de peso, fue rescatada por la Guardia Civil tras ser vista por unos pescadores en un acantilado de difícil acceso de Roque Prieto (Guía). Tenía varios anzuelos clavados en la boca y una potala en el esófago.
Trasladada al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Cabildo, allí le extrajeron los anzuelos y recibió cuidados intensivos. En su proceso de recuperación, y todavía sin nombre propio, pasó por el campus de Taliarte (Telde) y por el acuario Poema del Mar, en la capital, donde se fue aclimatando de nuevo a la vida en las aguas y al trato con otras tortugas boba.
Sara Mateos, directora de la Fundación, explica que Sardina fue seleccionada para dar fe de los movimientos de las tortugas boba, considera vulnerable tanto en la Lista Roja como en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.
Cada vez que salía a la superficie para coger aire, el aparato de seguimiento vía satélite delataba su posición. Los escolares canarios que visitaban DISAlab, un laboratorio itinerante que ha recorrido las siete islas para fomentar la ciencia entre los menores, seguían así sus andanzas. Los dos primeros meses en libertad Sardina bajó al Sur y pululó por aguas de San Bartolomé de Tirajana y Mogán donde la profundidad no supera los 200 metros. Visitó Maspalomas, Arguineguín y Puerto Rico sin alejarse más de 5 kilómetros de la orilla y acercándose a ella en algunas ocasiones.
Los expertos, que esperaban que emprendiera una larga migración y cruzara el Atlántico, concluyeron que era demasiado joven y prefería aprovechar estas zonas ricas en alimento para coger fuerzas antes de volver a su lugar de nacimiento para reproducirse. Sin embargo, los 2 años en que el GPS cantó su posición, Sardina no se movió del Sur, aunque alejándose cada vez más de la orilla.
Desde hace 6 meses su derrota es ignorada, como antes de ser rescatada. Como la de Morla, la otra tortuga boba dotada con GPS por la Fundación y liberada en febrero de 2019. El dispositivo se le cayó y alguien lo encontró de forma «casual».





























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