JOSÉ MANUEL ESPIÑO
A finales de enero del presente año, en los días posteriores a su fallecimiento, miembros de la actual corporación municipal me solicitaron unas líneas que glosaran de algún modo la trayectoria cultural y medioambiental de nuestro bienquerido José Luis González Ruano, hombre de pro, comprometido con la cultura y el medioambiente, un hombre bueno. -“Con enorme placer” -les respondí.
Sabía de antemano que en unas líneas no podría reseñar ni siquiera el amor y la pasión que Pepe había tenido por este municipio, su firme entrega por la defensa de sus volcanes y barrancos, de sus campos y playas, de sus yacimientos arqueológicos, sus valores etnográficos y patrimoniales. Por eso me puse frente al ordenador y dejé fluir recuerdos de tres décadas muy largas, casi cuatro.
Así surgió este dossier al que le faltarán actividades, acciones reivindicativas, trabajos inéditos, talleres, charlas, encuentros reconocimientos pero, en un noble intento de glosar la rica trayectoria de José Luis González Ruano, he buscado en mi memoria cada momento vivido con él, he recordado, año tras año, nuestras vivencias conjuntas en contacto con el medio natural y las rutas patrimoniales, he buceado en la prensa escrita y en los registros radiofónicos y tengo la sensación de que este dossier hace honor a una vida muy satisfactoria. Por mi parte, con enorme tesón y mayor humildad, he plasmado todo lo que supe y sé de mi querido amigo.
Dossier relativo a la trayectoria vital ambientalista, cultural, antropológica y literaria de
José Luis González Ruano
Su vida ha estado unida a la playa de la Garita desde muy joven, primero como usuario y deportista cuando en la zona de la playa había pocas casas, era casi una playa familiar, y luego como residente de la misma y ciudadano teldense hasta su fallecimiento.
Y tras la infancia, su juventud. Fue uno de los históricos practicantes del fútbol en la playa y promotor de aquellos campeonatos en la arena que favorecían el deporte, unían barrios en sana competición, se forjaban jóvenes jugadores y nobles aficionados en una fraternidad encomiable.
Deportista nato, el submarinismo era otra de sus pasiones y con José Luis surgieron iniciativas para explorar, conocer, limpiar y proteger los fondos marinos de nuestro litoral municipal. De él supe de la baja de Gando y de sus inmersiones, y de los fondos de la Punta de las Salinas y de las bajas de Telde. Con él aprendí, no habíamos cumplido los treinta años, los nombres de los habitantes del mar: viejas, pejeverdes, salemas, sargos, bicudas, meros, abaes… realizando inmersiones juntos por todo el litoral teldense.
A principios de los años ochenta organiza la primera cadena humana que se hizo en nuestras costas (en el litoral de Telde, hasta la fecha, tal afluencia masiva respondiendo a una convocatoria ecologista no se ha vuelto a repetir) abarcando con todos los vecinos la extensión de la playa de la Garita, -fue tanto el apoyo popular que sobraron manos para alcanzar otra vuelta-, en protesta por los vertidos de aguas residuales que en la playa y zonas limítrofes llegaban sin control alguno hasta el mar. Esta campaña estuvo promovida por el MEGA (Movimiento Ecologista La Garita Azul), movimiento que surge en dicha playa de manos de José Luis y un grupo de amigas y amigos comprometidos con el litoral.
Es en esa protesta donde yo conozco al joven que con su pasión, entrega y conocimiento me cautivaría. Desde ese acto reivindicativo de un océano limpio, el grupo naturalista Turcón, -de cuyos componentes era profesor de todos ellos el que les habla, presidente y fundador del grupo señalado- participaba en el acto y, ansioso pero incapaz aún como grupo recién nacido en el centro educativo teldense Esteban Navarro Sánchez, en atender todo el municipio en la defensa del medioambiente, su patrimonio arqueológico, natural y de dar respuesta al abandono y contaminación que presentaban sus aguas litorales, encuentra en José Luis González Ruano y sus compañeros del MEGA, los mejores aliados. Iniciaba así una amistad eterna con uno de las personas más queridas y honestas que he conocido, inteligente y sagaz, un modelo a seguir en la defensa de la educación, la cultura y el medio ambiente. Ejemplos de todo ello no faltaron a lo largo de su vida.
Era el momento de promover una campaña de denuncias referentes a todos los vertidos costeros de Telde. MEGA y TURCÓN, José Luis y un servidor, se aplican con todos los medios posibles a la labor. Prensa, radio, televisión e instituciones. Aunque hoy en día parezca increíble, los vertidos en la costa se extendían por todo Telde, de límite a límite municipal. Desde la desembocadura del barranco de Jinámar con la mayor concentración de aguas fecales incontroladas que se haya visto en la isla, -conocida la balsa que se formaba como lago “Pipicaca”- hasta la desembocadura del barranco de Ojos de Garza por donde bajaban las aguas fecales de Ojos de Garza y El Goro, en el camino denunciamos los vertidos de La Estrella, La Garita, Hoya del Pozo , playa del Hombre, vertidos de las casas en Taliarte, vertido de aguas con residuos industriales tanto de las industrias del polígono de Salinetas como del polígono de El Goro, vertidos de las chabolas y viviendas ilegales existentes sobre las arenas de las playas de Melenara, Aguadulce, Tufia y Ojos de Garza.
Detrás de cada logro en erradicar estos vertidos ha estado José Luis González Ruano con sus artículos y manifestaciones. Me consta porque nunca faltó Turcón a esa lucha y porque acudíamos juntos a las múltiples reuniones que nos convocaban las diferentes corporaciones municipales, insulares y otras administraciones implicadas; por la presencia continua en la prensa y revistas informativas e insistiendo a través de plataformas ecologistas como la Coordinadora Ecologista El Paño y ASCAN.
Trabajamos codo con codo y no cejamos en el empeño hasta convertir en realidad la presencia de las depuradoras que hoy tenemos en nuestro municipio y una red completa de estaciones de bombeo que permitieron, pasados los años, que de no existir playas aptas para el baño en los años ochenta en todo el municipio, en la actualidad dispongamos de todas con parámetros saludables y las más emblemáticas, con bandera azul reconocida. A su activismo social y ambiental, se unió siempre su compromiso humano, su disponibilidad para con el prójimo. Era conocida en La Garita su experiencia en aquella costa, su conocimiento sobre mareas, rebosos, mar de fondo. Y en esta labor, José Luis en su playa, salvó vidas. Conocía como nadie la zona del Bufadero y el Corral de las Yeguas, en el tenía censada una población importante de esponjas marinas, hacía el seguimiento de poblaciones de peces y controlaba la paulatina merma poblacional hasta la total desaparición de los ostriones y los abanicos de mar.
A su faceta de ecologista sumaría la de entusiasta ecólogo y etólogo, pues muchas fueron las referencias de trabajo de campo que contrastaba o aportaba luego al Centro Tecnológico Pesquero de Taliarte. El director de aquel Instituto Don Prudencio Guzmán era amigo de José Luis, y Don David Bramwell, director del Jardín Botánico “Viera y Clavijo” también, como lo era el botánico Günter Kunkel.
A José Luis lo llamaban cuando había alguien en el agua en situación de peligro y a él acudieron en una ocasión miembros del equipo de rescate de la Guardia Civil cuando se vieron incapacitados para dar con el cuerpo de una persona ahogada. Los vecinos les informaron de la experiencia y dominio de José Luis sobre la franja donde se creía podía encontrarse el desaparecido. José Luis no se lo pensó, aunque el mar no ayudaba. Conocía cada una de las cuevas y solapones sumergidos, la entradas para los bufaderos, y sabía de los lugares donde un cuerpo ahogado podía permanecer bastante tiempo sin salir a flote. Fue así como, tras su inmersión, José Luis encontró el cuerpo.
Defendía la importancia de la conservación de los roques y Puntas teldenses. Tras una visita al Roque de Gando, la presencia de una estructura habitacional con toda probabilidad de factura aborigen, le llevó a sugerir la importancia de tal descubrimiento -pues no estaba catalogada en la Carta Arqueológica de la isla- y su conservación. La primicia la publicó en Telde Informativo y con posterioridad, tras estudios específicos realizados por arqueólogos, fue reconocida como poblamiento aborigen.
También pertenece a su esfuerzo, investigación y conocimiento la defensa tenaz y el compromiso en la puesta en valor de las estructuras aborígenes de la playa de La Garita y aunque en un comienzo los Servicios de Patrimonio del Cabildo no reconocían su importancia y se mostraban reacios a su confirmación como yacimiento prehispánico, actualmente tras excavaciones que así lo constataron, es un yacimiento vallado, protegido e incorporado a los yacimientos en costa del municipio de Telde. Se sabe que formaba parte de un poblado prehispánico costero a pie de playa, mucho más extenso y actualmente desaparecido en su mayor parte. La parte recuperada podemos disfrutarla desde el Paseo costero de Telde.
Llevó a cabo una férrea defensa de uno de los complejos salineros más importantes de Gran Canaria, el de la Mareta o Punta de la Garita. De su mano conocí lo que quedaba del complejo salinero, -algunos tajos, cocederos y restos de un molino para impulsar el agua- pero el poder del dinero y la urbanización voraz de la franja litoral convirtieron el patrimonio etnográfico salinero en un amargo recuerdo.
También aquí me reveló la existencia de posibles vestigios de estructuras aborígenes y concheros que, sin el menor escrúpulo, desaparecieron sin la más mínima valoración, pues no siempre que avisaba a los servicios arqueológicos institucionales, estos se mostraban diligentes y rápidos a la hora de valorar e intervenir. Para nada iba a la par su actuación con la de las personas interesadas en destruir pruebas y restos arqueológicos y así, urgentes y nocturnas intervenciones de palas y excavadoras arruinaban cualquier vestigio capaz de paralizar las obras que se iniciaban ya. Era muy habitual este tipo de acciones en los años ochenta y noventa, pues siempre quedaban impunes. Hubo suerte en otro poblado, pues la denuncia urgente que hicimos a la Policía Local de Telde en aquel entonces salvó las estructuras habitacionales, lugares de reunión, restos de muralla, concheros del yacimiento arqueológico de La Restinga. Hay fotos que demuestran como aprovechando el atardecer y la nocturnidad, un pala excavadora estuvo a punto de convertir ese poblado en un montón de piedras y arena. Fotos y artículos que así lo glosaban, -Carmelo, el director de este informativo escribió buenos artículos sobre el atentado ecológico que se estaba perpetrando. Hoy en día, vallado el yacimiento, con paneles informativos y una limpieza y reconstrucción del mismo, a nadie se le ocurre pensar que hace pocas décadas nada le faltó para convertirse en una simple montaña para extraer arena. Y allí, frente a las palas, estábamos los dos.
Como miembro activo en la recuperación de la masa verde forestal de la isla, mejora de los espacios naturales y recuperación de las plantas autóctonas en nuestro municipio, promovió y participó en decenas de actividades de forestación tanto en plantaciones litorales: con tarajales y palmeras, plantaciones de bosque termófilo: acebuches, lentiscos, almácigos, repoblaciones de laurisilva en Medianías húmedas, apoyando actividades de repoblación de grupos ecologistas de la zona y grupos de montaña como en plantaciones de cumbres con pinar fundamentalmente.
Tal vez sus libros sean uno de los mejores referentes sobre su labor en pro del medioambiente, el patrimonio cultural de Canarias y la universalidad de las islas como territorios singulares con altísimo valor biológico, patrimonial y humano.
En 1988 sale a la luz su primera obra publicada: “Ulises y la Garita Azul” Con ilustraciones de nuestro común amigo y vecino de La Garita, don Francisco Peña, en un lenguaje sobrio y sencillo, cargado de musicalidad y sentimiento, nos acerca su isla y su mar “ -mar Garita Azul” –como le gustaba llamarle, para recorrer con la sensación de una suave caricia, -no en vano sus palabras van dirigidas a su hijo Ulises- cada espacio de la playa de la Garita, a la que reivindicaría desde entonces y para siempre, como Puerto de la Madera
José Luis González Ruano fue uno de los más ilustres promotores y defensores de los valores de Telde como recurso turístico. Como coordinador del Proyecto y de la edición correspondiente y con la ayuda de inestimables colaboradores de la talla de Don Antonio María González Padrón y el fotógrafo Don José Luis Alday, idea una guía turística y unos materiales complementarios que se convierten en exitoso reclamo en las Ferias de Turismo donde se presentaron. A las Ferias de Madrid asistieron varias ediciones González Ruano y González Padrón junto a la Concejalía de Turismo y Alcaldía del M.I. Ayuntamiento. Ellos eran la piedra angular, las personas capaces de promocionar los valores naturales, paisajísticos, etnográficos y la riqueza artística y patrimonial del municipio.
El Proyecto presentado, bajo el titulo: “Telde, el paisaje de la historia” nos acerca con soberbias imágenes y acertados textos literarios desde el valor de sus barrios fundacionales: San Juan, San Francisco, Los LLanos -San Gregorio- hasta los valores geológicos, botánicos, faunísticos y etnográficos de su costa, medianías y cumbre.
Como divulgador, prensa, radio y televisión no fueron ajenos a él. Si en televisión fueron encuentros ocasionales pero de gran relevancia por los temas tratados, siempre actualidad medioambiental y cultural, en la ondas de radio estuvo casi un quinquenio acercándonos su forma de entender ese medio no solo como informador sino como formador y educador.
Dos proyectos radiofónicos nos han dejado su voz y su forma de hacer radio. El primero con Antena 3 radio, titulado “El bosque de Tara”. A principios de los años noventa este programa daría nombre a lo que luego sería su publicación: “El bosque de Tara. Andando por los espacios naturales de Telde.”
Dos años más o menos duraría este periplo en las ondas de Antena 3, luego en los años 1993 y 1994 en Canal Telde Municipal dirigiría otro programa: “Habitat”. En el mismo, además de ofertarnos puntualmente la actualidad del medioambiente tanto a nivel municipal como insular y autonómico, diseñó una sección: “La ventana del Arco Iris”, que le permitió acercar a su audiencia la voz del pueblo, la memoria de la gente llana, las reflexiones de los expertos, y las denuncias y campañas de los ecologistas.
El 1995 edita “El bosque de Tara”. Andando por los espacios naturales de Telde. Impresa en color, es hasta la fecha, la guía más completa sobre rutas teldenses para conocer los valores de sus espacios naturales y corroborar la importancia impagable de sus moradores: campesinos, pescadores, ganaderos… que nos dejaron una herencia física en forma de bancales, sorribas, bebederos para el ganado, cantoneras, canales de riego… y una herencia cultural y humana. Prologada por el prestigioso botánico Günter Kunkel y un servidor, cada espacio narrado se convierte en un descubrimiento esencial y único para comprender y conocer el municipio en su integridad. Belleza, valor, armonía, poesía, sentimiento convierten esta pequeña obra en una joya literaria.
En 1998, José Luis nos sorprende con su primera obra mixta, parte poesía, parte leyenda narrativa. Bajo el título de “Chelonia en Orchilla y el cuaderno de Tindaya” José Luis, bajo el sello de editorial Azulia, nos acerca su personalidad más íntima, nos desnuda su alma y reivindica con sus palabras el valor de la montaña sagrada de Tindaya, ratificando así su lucha decidida en contra de su intervención. Con personas como él, sumando voluntades y esfuerzos, Tindaya sigue siendo la montaña sagrada de los aborígenes majoreros. Admirador de la obra del escultor Chillida, movió cielo y tierra para que el artista desistiera de llevar a cabo el vaciado de la montaña y dejar para la eternidad tremendo disparate. A su manera, aportó un enorme grano de arena. La montaña sagrada sigue ahí intacta.
A finales del mismo año, un Accésit del Premio de poesía “Pedro García Cabrera” le reconoce con su obra “Últimos pájaros del océano” su singularidad y valía como poeta. Será publicado al año siguiente. Su poema: “Biografía inacabada de un hombre azul”, dibuja con mayor destreza que biógrafo alguno, el ser humano, la entidad física y espiritual que respondía por el nombre de José Luis González Ruano.
Es “Isla de Lobos”, su primera novela publicada en 2005. De cuidada edición, tapa dura y bajo la tutela de Editorial Azulia, inicia con ella su Proyecto Mundo-Isla. Es Lobos su isla mítica. La isla de los lobos marinos. En ella realiza un análisis antropológico del ser humano en su relación con el medio que lo acoge. Hay mucho de pasión humana y de admiración por cada una de las criaturas que viven y mueren en ese paraíso. Hay mucho de encuentros con uno mismo y con el amor infinito.
Es aquí donde tenemos que hablar de dos Proyectos de José Luis González Ruano, a los que sumó pasiones y personas diversas en pos de mejorar vidas isleñas de otros confines del mundo y preservar tradiciones. Lástima la falta de tiempo, pues los cimientos estaban consolidados.
Uno es la Editorial Azulia que surge como un proyecto que pretendía la edición de libros de viaje inéditos, de autores con difícil proyección o de difícil reedición. Siempre singulares, no importaba su escasa o nula rentabilidad sino su valiosa aportación a la literatura de viajes. Significaba un paso más en aquel proyecto quijotesco que ya estaba consolidado de darle vida a una librería de viajes. Su tesón y tenacidad había convertido ya la Librería en un referente esencial en el archipiélago. “Azulia de libros, de viajes” rezaba un panel sobre el local. Era el local de referencia donde buscar libros inusuales o compartir con José Luis aventuras y recomendaciones literarias. Siempre fue José Luis un hombre sagaz, muy ilustrado, excelente contertulio y ameno conversador.
De manos de José Luis, como acabamos de reseñar, abre sus puertas en la calle Venegas de la capital, la librería Azulia que casi desde sus comienzos se convirtíó también en factoría cultural. Se me escapan todos los autores y autoras que presentaron allí sus libros, que realizaron talleres de cuentos o talleres infantiles. Asistí a los que pude, pero soy alma viajera, espíritu montaraz y mi amigo José Luis siempre supo disculpar mi ausencia. A cuantos pude fui, a modo de ejemplo, en su local presentó Antonio Lozano su libro: “Un largo sueño en Tánger” y en su sala-librería compartí con el aventurero tinerfeño Ramón Morales su obra “Caminos de agua” donde relata su periplo por ríos de Sudamérica uniendo en kayak Buenos Aires con el delta venezolano del Orinoco.
Magia era lo que se respiraba en aquella librería y pasión por la lectura. A punto estaba de iniciar una reforma. La razón era crear un amplio espacio dedicado a la literatura infantil, a los más jóvenes. Talleres y juegos, multitud de ideas.
El otro gran proyecto vital era: su Proyecto-Mundo Isla. Era un proyecto en ciernes, aunque en su cabeza estaba totalmente estructurado. Muy recientemente, José Luis había dado cuerpo a la Fundación Mundo-Isla, en la cual participaba yo como vocal y algunas personas más, muy escogidas, amigos de siempre. Los miembros fundadores y los estatutos ya estaban, el acta fundacional también, pendiente quedaba que él como Presidente registrara la Fundación en los organismos competentes.
Pero dos de los principios vertebradores del Proyecto Mundo-isla: el altruismo y el apoyo incondicional a Proyectos en islas del mundo con escasos recursos estaban en marcha ya. En un viaje de reconocimiento y estudio de la isla de Fogo, archipiélago de Cabo Verde, acompañado de un vulcanólogo, un biólogo y un senderista, habituales amigos y colaboradores, observó una pequeña escuela muy deteriorada, casi derruida, donde se daba clase. Fue ésta su primera llamada al trabajo colaborativo. Inició los trámites necesarios para restaurar la escuela, en las gestiones entró en contacto con representantes y autoridades caboverdianas y se puso a la labor. Con enorme satisfacción, una ONG luxemburguesa se interesó por el Proyecto, ONG con alta capacidad de gestión y financiación, llevándose a cabo la rehabilitación integral de la escuela. Un viaje posterior permitió a José Luis González Ruano y sus colaboradores compartir con alumnos y educadores la nueva escuela y llevarles material específico de ropa y material escolar. En su cabeza se gestaban los inicios de la Fundación Mundo-isla que quedó truncada con su muerte.
La publicación “El camino de Santiago en Gran Canaria: un viaje a la isla interior” fue su apuesta por dar a conocer la relevancia de esta senda jacobea en nuestra isla. Reivindicaba el valor de nuestra ruta más allá de los caminos europeos a la tumba del apóstol. Puso en valor la importancia de las ancestrales sendas aborígenes, reutilizadas posteriormente en el discurrir de este sendero milenario. Publicación agotada hace tiempo, su muerte truncó la reedición que ya tenía programada. Nos alegra confirmar que en este momento está a punto de salir impresa una cuidada y mejorada reedición auspiciada por la consejería de Turismo del Gobierno de Canarias en reconocimiento a su valía y como homenaje a su encomiable labor no sólo como senderista, divulgador e investigador de la travesía que el describe con detalle en su publicación, sino como habitual peregrino jacobeo.
Su segunda novela fue “Surf republic”, segunda entrega de su trilogía Mundo- Isla. Un tratado de antropología, observado desde el mundo de las olas y el surf. – “Sólo somos un clan de las olas, que se prolongará en una tribu del oleaje, una nación de las orillas, hasta que finalmente se inunde toda la humanidad de este planeta océano”.
Su formación antropológica impregna de un modo especial esta trilogía que culminará en 2015 con la publicación: “Donde anidan los albatros” . El texto plasmado en la contraportada es fiel guía de su contenido: -¿Qué libro es éste? Ahí están los relatos de un mundo primitivo sobre los que gravita, como un ave marina elevada en los océanos, la poesía de los encuentros. González-Ruano recorre esta vez el planeta para dejarnos la lectura infinita de los horizontes perdidos, la literatura indudable de la existencia, la estela de un camino natural.
José Luis, como coautor del Proyecto: Parque Marítimo de Jinámar, mantuvo una férrea defensa del espacio existente entre la desembocadura del barranco Real de Telde y el barranco de Jinámar. Si bien el tiempo y la presión urbanística dieron luz verde a un proyecto a todas luces ilegal y que no es otro que el esperpéntico centro comercial que ocupa gran parte de dicho espacio, no es menos cierto que se han llevado a cabo proyectos de restauración basados en las lineas generales del Proyecto presentado. Es el caso del cauce del barranco de Jinámar, restaurado con flora endémica del lugar, protegido su uso y recuperada su playa.
También del proyecto de protección de la peña Medio Mundo -cartográficamente conocida como Piedra Caballera- donde se asienta la escasa población de la especie endémica lotus kunkelii. Obedeciendo a similar criterio, se ha vallado en parte, señalizado y restaurado los yacimientos arqueológicos de la Restinga y el Llano de las Brujas, al tiempo que se erradicaban las chabolas asentadas junto al yacimiento y en la vertiente de las Palmas, próximas estas últimas a la población de lotus kunkelii. y se vienen realizando periódicas campañas de limpieza de residuos en toda la franja de litoral indicada.
Su trabajo como colaborador en prensa ha sido enorme y constante durante estas cuatro décadas, tanto en prensa local, Canarias 7 fundamentalmente -¡Qué interesante sería recoger en un Dossier todos sus artículos publicados bajo el titulo: “Concierto para la Tierra”! Diario de Las Palmas en su día y La Provincia luego, como en todas las revistas que tuvieran una página o sección medioambiental: Telde Informativo, Tara… Revistas que nacieron y murieron con secciones periodísticas donde participaba como “La Quinta Verde”, página que compartíamos mensualmente en los años 88/89 y se convirtió en el portavoz escrito de la ciudadanía sobre las necesidades medioambientales de los barrios y sus poblaciones, haciéndose eco de las denuncias, críticas y atentados al entorno y presentando detalladamente cada uno de los proyectos que se llevaban a cabo en el municipio -Parque Marítimo, Jardines escolares canarios, Huertos, Bibliotecas verdes...
Desarrolló labores de contertulio habitual en programas de radio y televisión canaria y municipales.
No podemos olvidar una faceta que no por desconocida ha dejado de ser esencial en su biografía pues nos habla de su compromiso con la cultura y los saberes de la tierra. Más allá de su labor de divulgación, defensa y enseñanza sobre la cultura canaria en asociaciones de vecinos, en bibliotecas, centros educativos o aulas de cultura de los diferentes ayuntamientos de la isla, participó como promotor cultural en la obra tan aclamada de “Querido Nestor”, pues fue Jose Luis González Ruano piedra angular del Proyecto en las islas, pues era para Olga Zerpa, actriz y cantante protagonista del musical, mucho más que un extraordinario amigo, un hermano. Ese modo de querer tan profundamente a José Luis, lo he compartido siempre con Olga.
Como promotor de la cultura canaria estaba embarcado en la edición de obras de autores canarios. “La casa de Shakespeare. Un viaje a Londres” de Benito Pérez Galdós, ”La condición humana del insular” de Domingo Pérez Minik y “El río que desafía al desierto y otras crónicas africanas” de José Naranjo Noble, publicación más reciente.
Recuperando su labor como escritor, hace poco tiempo que había presentado su última novela: “El archipiélago nómada. Un viaje libre y salvaje por las islas canarias”. En una de sus presentaciones, alguien verbalizó estas palabras: “Usted, eterno viajero, ha dado la vuelta al mundo tratando de comprender la cultura de las orillas, allí donde el mar encuentra su expresión más humana hasta convertir la isla en un símbolo vital y en un espacio narrativo propio”. Tras su presentación por el archipiélago, Madrid y Barcelona -la librería Altair en esta ciudad, referente en librería de viajes para José Luis, había fijado fecha para su presentación - eran las ciudades donde celebraría de sus próximas presentaciones.
En los últimos años había aumentado su labor como ponente tanto en Jornadas y Seminarios como Encuentros literarios y de viajes, no solo en nuestra isla sino en otras del archipiélago. Era un referente esencial en literatura de viajes. Sus obras estaban presentes en Ferias del Libro tanto de índole insular como regional y en nuestro municipio participaba activamente en talleres literarios y de fomento a la lectura en desinteresada colaboración con el Departamento de Bibliotecas de la concejalía de Cultura del Muy Ilustre Ayuntamiento de Telde, hechos por los que ha recibido un sentido homenaje, nominándose un Aula de Lectura en la Biblioteca de con su nombre.
Sé a ciencia cierta que hay un mundo personal y familiar, el suyo, al que debo un máximo respeto, pero que sin lugar a dudas enriquece enormemente este breve y apurado dossier, pero también sé que pocas personas conocidas a lo largo de mi vida son acreedoras de tan merecido homenaje. La sociedad teldense así lo ve, sus compañeros y amigos, sus familiares, sus vecinos y simpatizantes de la playa, sus lectores… Son, no obstante, los representantes públicos, quienes con sus decisiones, acciones y hechos, deben visibilizar y dar respuesta a la demanda callada de la ciudadanía teldense. La dimensión humana de cada uno, más allá de su papel como político, dará, no tengo duda en ello, la respuesta adecuada y pondrá en valor el reconocimiento y gratitud que José Luis González Ruano, un ejemplar ciudadano teldense, se merece. Cada uno de nosotros como ciudadanos debemos apoyar, cada uno en su medida, tan justa reclamación.
Cierro esta breve semblanza con los tres últimos versos de su poema: Transeúnte, del libro: Últimos pájaros del océano.
Yo soy el que pasa cotidiano
vestido como un náufrago del tiempo
por ardientes estratos elevado.
Nota sobre una onomástica en su ausencia:
Pasado mañana, día 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, fiesta grande en Jinámar. Toda una tradición de ritos populares, música y personajes unidos a una fiesta que posiblemente tenga su origen al tiempo que el momento fundacional de la ermita en la Casa de la Virgen o Casa del Ermitaño, terminada la Conquista, a principios del siglo XVI (año 1525). Es cierto que es más reciente la incorporación de la caña dulce a la fiesta -pero ya goza de siglo y medio de historia- pero el fervor a la Inmaculada de Jinámar, comparable al despertado por la patrona de la isla, La Virgen del Pino, hunde sus raíces en aquella ermita primigenia.
Para José Luis González-Ruano era ésta una fiesta muy especial, pues tal día celebraba su cumpleaños. Acudía, año tras año, a la iglesia de la Concepción de Jinámar, fiel a una promesa hecha a su madre. Jamás un viaje o motivo de cualquier índole fue capaz de desviarle del cumplimiento de su compromiso. En vida nunca le acompañé, siempre pensé que podría hacerlo al año siguiente. Será este año de pandemia y catarsis colectiva, de sentida ausencia, un veinte veinte que nos llevó al amigo, al escritor, a la entrañable persona que todos queríamos, cuando dirija mis pasos hacia la ermita, sabiéndole allí.
Luego saldré al exterior con espíritu de fiesta y gratitud y, aunque no se celebre acto alguno pues la pandemia nada garantiza, tomaré una cerveza de la tierra como lo haría con él y, si hay caña dulce, llevaré un trozo a la boca recordando años dulces de docencia donde mis alumnos degustaban trozos de caña dulce cultivada por ellos en el huerto del I.E.S. El Calero. Luego, tal vez encamine mis pasos en dirección a la Sima de Jinámar para recordar, al borde del abismo ahora enrejado, viejos momentos compartidos en su compañía, plenos los dos de sueños y pasiones, deseos y esperanzas, junto a bejeques y cardones, tabaibas y balillos, verodes y vinagreras.
Celebren conmigo desde sus casas, desde sus coches, paseando o nadando, con o sin amigos que la vida es una y hay que saborearla, que el tiempo pasa y que para recuerdos, los vividos, pues nada es más cierto que todos estamos de paso y sólo quedará aquello que hemos sabido transmitir a nuestros semejantes con cariño y entrega, pasión y desapego. Espero hayan disfrutado durante la decena de domingos que les he acompañado de las sentidas palabras de un amigo de José Luis, éste que les habla. A todos ustedes les deseo salud y les envío un fuerte abrazo.
¡Buen camino!
Maniféstándoles mi respeto y gratitud, José Manuel Espiño Meilán, un buen amigo de José Luis González-Ruano, partícipe entusiasta de su labor en la defensa del medio ambiente y de la vida.






























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