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Telde.- La Concejalía de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Telde trabaja con el Cabildo en su Catálogo de Árboles Singulares. Fue una de las propuestas, explica el edil Álvaro Monzón (Más por Telde), que él mismo realizó a la consejera Inés Jiménez en su reciente visita al municipio.
Además, afirma que para ello cuenta con la experiencia del único catálogo de árboles que existe en Gran Canaria, el de Santa Brígida, propiciado también por él.
El pasado mes, los técnicos dieron a conocer el catálogo insular y en esos documentos preliminares (aún sin llevar al pleno del cabildo) aparecen algunos ejemplares de Telde, añade.
Un catálogo insular con más de 85 árboles
Hay de todas las especies, de todos los tamaños, antigüedad, formas y colores. Y en lo relativo a Telde destacan varios: el drago de Los Arenales, una sabina gigante en el barranco de Los Cernícalos; la palmera más alta de San Juan, 32 metros de Phoneix canariensis; y un drago de La Matanza, lugar histórico aborigen.
“Incluso el Cabildo quiere resaltar al fallecido drago Casa de los Arocha (420 años). Igual que ocurre con el ejemplar de las Grutas de Artiles (tenía unos 450 años) que cayó hace poco. Es el recuerdo de los ejemplares muertos”, sostiene el concejal.
Según los datos técnicos, el ayuntamiento que aporta más árboles monumentales al catálogo es Las Palmas de Gran Canaria; seguido de la Villa de Santa Brígida con 10; Teror con 9; Agaete, San Bartolomé de Tirajana y Mogán con 6; Valleseco con 5; Telde y Moya con 4; San Mateo, Valsequillo y Santa Lucía con 3; Tejeda y Gáldar con 2; y el resto con uno.
Monumentales e históricos árboles de Telde
Para Álvaro Monzón, “hay árboles y árboles” y también “historias e historias”. Algunas son dignas de contar y recontar, enfatiza. Como los naranjeros del Casco Histórico de San Juan de Telde, con una significación especial: símbolos de libertad y tolerancia.
La intrahistoria de los naranjeros agrios de San Juan se remonta al siglo pasado. Julián Torón Navarro (1875- 1947), último gran poeta romántico de esta ciudad, se fijó en ellos, expone Monzón.
Según las crónicas, “al llegar la modernidad en los albores del siglo el XX, alguien pensó que su mantenimiento acarreaba un costo excesivo y fueron eliminados. Pero el edil Luis González Pérez presentó una moción, que fue aprobada por unanimidad en el Pleno Municipal cuyo título comenzaba con reponer los naranjos de don Montiano, como popularmente se le llamaron desde el año 1931. La acción era doblemente reivindicativa; por una parte, homenajear a dos grandes amigos don Juan Mayor Martín y don Montiano Placeres Torón, tan injustamente tratados y, por otra, el devolver a las vías principales del distrito de San Juan su aspecto señero y cautivador”.
Después –prosigue– vinieron otros tiempos y otros gobernantes municipales y de nuevo se cebaron con los naranjeros de don Montiano.
Pero según adelanta el concejal, Alvaro Monzón, existe otro punto de interés: los jardines románticos de la Casa Condal, donde por un lado está la palmera canaria más alta del municipio y por otro dos frutales “dignos del mejor catálogo”.
“Hay que ponerse en la coyuntura histórica de finales del siglo XIX y principios del XX cuando esa majestuosa casona y ese jardín romántico eran residencia de verano y de descanso de la casa condal. Parece ser que los sucesivos condes de la época fueron recopilando especies vegetales peculiares y de remotos lugares para la época como aún quedan muestras de dos majestuosos mangos que son muy antiguos que parece que los trajeron de sus viajes a Cuba como así contaban los vecinos más longevos de la calle del conde. Había un mamey cubano y una gran variedad de especieros”, recuerda Álvaro Monzón.
Además, Parques y Jardines también quiere reconocer la parte social-vecinal de los Dragos de Salinetas, los ficus de San Juan, el acebuche más grande de Cernícalos o el cardón gigante de Rosiana, que podrían incluirse en este catálogo.
En definitiva, “el catálogo y su ordenanza debe recoger por un lado la rica biodiversidad, pero también aquellos árboles cuya historia está anclada en el devenir diario de una población que los mimó y cuidó, para que hoy sean leyendas vivas del municipio”, concluye Monzón.

































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